17 abril, 2024
Vuelta de tuerca de una artista que se reinventa para ser ella misma

Fotografías por Elena Gato

Al tener delante a Virginia, nuevamente Maestro, me pregunto si estaré presenciando el mundo de una artista atormentada. Todos los artistas han de serlo en mayor o menor medida para poder ser artistas.

Cuando llegamos a la Sala X ya estaba todo listo, los músicos relajándose antes de subir y pululando por la sala, un público muy diverso, y es que el de Virginia no tiene edad: amigos, familiares, incondicionales y algún que otro solitario que vino a disfrutarla desde la calma. Allí estaban de seguro, miembros de aquella “marea azul” que se dejo los cuartos en mensajes para empujar a la niña a través de aquella fabrica artificial de artistas que fue “OT-Mejide”.

¿Cuánto queda de aquellas diez canciones que conformaron un disco tan interesante como lo fue Labuat y del que nunca más se supo? Pero es que Virginia, al subirse al escenario, te dice que ha estado enfadada, que la vida en ocasiones se la ha liado parda, pero que de todo ello ha sabido sacar partido y una clara muestra resulta ser «Loneliness (Found)», una carta de presentación en la que dice estar y sentirse cansada y maniatada como artista (aunque por aquí me cuentan que quien la lleva ahora es muy bueno y que de seguro le va a ir bien) después de esas cadenas que la hacían sentirse presa.

El caso es que cuando la escuchas te suena a eso, a dejar caer la voz al final de la palabra, quizás como signo de abatimiento o como de empezar a recorrer caminos de vuelta. Da igual, porque estando de su lado, con Virginia, aprendes que lo interesante de sus discos está en la comparación con el anterior para poder ver como se va deshaciendo de sus miedos, de sus incertidumbres y cómo se va descubriendo en forma de revelaciones, porque hablamos de una artista, no de contratos con discográficas.

Conocer mundo le da argumentos para meterse de lleno en esos sonidos de paja y heno y blues y soul, a golpe de una guitarra y un bajo excelentes y muy expresivos, y ese vibrato en la voz con la que te acaricia y te envuelve mientras escuchas «The best» o «Make it alright» pero todos somos el conjunto de nuestras experiencias y así lo demuestra cuando, quedándose a solas en el escenario, se afana a su guitarra y nos presenta «Licor», demostrando que para cantar, menos es más: tan solo su voz y unos acordes de guitarra.

Al tiempo que nos enseña su nuevo trabajo, deja caer temas de anteriores, de Day and Night sobre todo, como un increíble y movido «Main Streep», sin olvidarnos de «Out of the blue», entre otros, y de aquel impulsivo y vehemente «Dulce Hogar». Su segundo disco, nos trajo «Circus», con toda su intensidad y por supuesto esa reinventada versión, acelerada y loca de «The time is now» que, junto con «Candy Conditions», fueron el broche final de una estupenda noche que nos encantaría repetir.

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