18 junio, 2024
Entrevistamos a Quique González en vísperas de su concierto en la Sala Custom, dentro la gira de 25º aniversario. Las entradas están agotadas. Daiquiri Blues será el disco protagonista.

Nace un miércoles de febrero. Sevilla ha despertado con un día atípico, norteñamente embebida en una niebla casi londinense que ha borrado de forma repentina la ciudad, oculta bajo su manto de vapor. Las gabardinas doblan las esquinas de los callejones, los criminales se dan a la fuga. Como un guiño ante la llegada de Quique González, el paisaje se torna misterioso y detectivesco. Telón de cine negro para las vísperas del concierto del sábado en la Sala Custom con el que el madrileño celebrará su vigesimoquinto aniversario sobre los escenarios.

8Pistas: Felicidades por estos 25 años que estás celebrando de canciones y carreteras. Además, este número redondo ha coincidido con otro: cumpliste 50 años en octubre. Momento propicio para mirar atrás, tanto personal como profesionalmente.

Quique González: Muchas gracias. Estamos recibiendo mucho cariño y emoción en los conciertos, la verdad es que estoy muy agradecido.

Pues sí, es cierto que la edad que tengo es también una cifra redonda, y que coincidan los 25 años de carrera cuando tengo 50 años ayuda a hacer una retrospectiva, a echar un poco la vista atrás y recoger lo sembrado. Y también contemplar un poco la obra y el camino que has hecho.

¿Estás satisfecho con tu obra y ese camino recorrido?

Pues estoy razonablemente satisfecho. Tengo la sensación de que el paso del tiempo ha sentado bien a las canciones. Me siento conforme o, por lo menos, no peleado con mis canciones y mis discos. En este momento estamos haciendo en directo unos cuatro discos enteros, aparte de otras canciones sueltas. Tenemos preparadas noventa canciones para tocar en cualquier concierto. Así que no estoy peleado con ellas. Y estoy muy agradecido a los músicos de mi banda por la generosidad para prepararse tantas canciones, tantos discos, y hacerlo con el talento que tienen. Y su profesionalidad y generosidad.

En estos tiempos en los que un músico profesional tiene que subirse, prácticamente, todos los días al escenario para salir adelante y compatibilizando distintos proyectos y repertorios, la hazaña de preparar noventa canciones es aún más gigante. Tienen que ser músicos con un sentimiento colectivo muy grande de pertenencia con la banda.

No conozco a muchas bandas que pudieran aceptar ese reto. Por lo que tú dices, tienen que compartir y repartirse sus días para poder hacer otras cosas también. De hecho, algunos tocan con otros artistas. Tienen que prepararse un montón de repertorio. Así que soy consciente de la entrega y la generosidad que están teniendo conmigo. Lo aprecio muchísimo. Salimos sin papeles, sin partituras y cambiando cada día de repertorio. El fin de semana pasado, que tocamos en Santiago de Compostela dos días, tocamos cuarenta y cinco o cuarenta y seis canciones entre los dos días. Un repertorio el viernes y otro nuevo el sábado, salvo cinco o seis canciones. Las demás eran distintas.

Encima, lo bueno es que no hemos tenido ninguna derrapada hasta ahora. Es mucha información y puedes quedarte en blanco o no tener un buen día, directamente. Y sin embargo, está saliendo todo de maravilla.

¿Recuerdas como llegó a tus manos tu primera guitarra?

Sí, porque fue una broma que me gastó mi padre, que tenía una juguetería. Yo estaba emperrado con que quería una guitarra. Y mi padre, por mi cumpleaños, me trajo una guitarra de juguete que había cogido en la tienda. Recuerdo que me enfadé muchísimo porque quería una guitarra, una guitarra de verdad. Claro, para aprender de verdad a tocar. Y no pude conseguir una de verdad hasta bastante tiempo después, una que pude pagar trabajando, precisamente, en la juguetería de mi padre. Era una guitarra eléctrica Fernández verde y blanca que sigo conservando.

Antes, el hermano de un amigo, que también era vecino del edificio donde vivía, me dejó una vez una guitarra acústica. Esa es la primera que tuve, digamos, un par de semanas, cuando se fue de viaje y me la dejó. Pero la primera guitarra que tuve mía, mía de verdad, fue la Fernández.

¿Cuál fue el punto de inflexión en que fuiste consciente de que la música podía ser una profesión?

Un tiempo que creo que fue clave para mí fue cuando conocí a Carlos Raya. Mi maestro y mi hermano mayor. Tenemos una relación muy fraternal. Empezar a trabajar y dar clases con él; ahí es cuando me di cuenta de que podía llegar a algo. Ni me imaginaba estar veinticinco años dedicándome a la música, claro. Pero en ese momento, trabajando con Raya, vi que la cosa se ponía seria y que había una oportunidad real.

Cualquier cosa que dure 25 años se convierte en una carrera de fondo. Imagino que habrá habido momentos de flaqueza a lo largo de todos estos años.

Sin duda. Bueno, como en todas las vidas y en la mayoría de profesiones. Pero sí, en este oficio hay mucha inestabilidad, inseguridad y también, por supuesto, muchos periodos de casi precariedad. Ir a tocar a Valencia y volver con menos dinero en el bolsillo de con el que te habías ido al salir de casa. He ido creciendo muy poco a poco y hay momentos de mayor y de menor confianza en lo que estás haciendo. Pero, a veces, cuando resistes a esos momentos bajos, te estás haciendo más fuerte. Pero yo, en general, me siento un privilegiado por cómo han sucedido las cosas. Siempre lo digo porque conozco a muchos compañeros que tienen un talento inmenso y que no han tenido la suerte que he tenido yo. Y reconozco que esto tiene mucho que ver también con la suerte, aparte de la constancia y del talento y de la dedicación. La suerte tiene mucha importancia en las cosas que suceden.

La resistencia también va creando oficio, va haciendo callo. Al fin y al cabo, escribir canciones también tiene mucho de sufrimiento, de sentarte cada día a trabajarlo. ¿Crees que ha cambiado tu forma de escribir y de enfocar el proceso creativo a lo largo de todos estos años?

Sí. Supongo que he aprendido a madurar más las canciones y a no darlas por terminadas antes de lo que es necesario. También la música que escuchas y las letras de las canciones de otros compañeros que escuchas, de la gente a la que admiras, hace que vayas adquiriendo herramientas. Las letras, las películas que te gustan, los libros que lees, etcétera. Y creo que nos vamos armando con este tipo de alicientes y de estimulantes.

Se trata de mantener el hambre, como dice Kiko Veneno. Tras tus primeros veinticinco años de carrera, ¿cómo miras a los próximos veinticinco? Son varios los músicos que admiramos los que, precisamente, a partir de su etapa de madurez siguen sacando obras sublimes, incluso las mejores. Bob Dylan, Leonard Cohen, Warren Zeavon…

Bueno, yo sigo teniendo mucho amor por este oficio. Soy un privilegiado por ganarme la vida y por pasar por la vida escribiendo canciones. Sigo teniendo interés por otras canciones y por las canciones de otros. Me pongo como reto, muchas veces, el tratar de llegar a sitios a través de las canciones a los que no he conseguido llegar todavía. No se deja de aprender con esto. También los músicos con los que toco me dan inspiración para seguir queriendo hacer nuevas canciones y entregar material nuevo, para hacer discos valiosos. Me gustaría pensar que mi mejor disco está fraguándose o va a ser el siguiente.

O sea que te ves en la batalla como Bob hasta los ochenta. ¿Lo viste en su última gira?

Sí, lo vi en Madrid. Lo que más me entusiasmó, además de ver a un icono y un gran héroe para mí, fue verle con ochenta años haciendo nueve canciones de su último disco. Y además en un show con muchísimo riesgo, mucha improvisación y mucha interacción con sus músicos. Me resultó inspirador.

Dylan no ha parado de entregar grandes obras. De hecho, a mí los discos de los últimos veinte años me gustan muchísimo. La manera de interpretar y reinterpretar las canciones. Piensa que podría estar tocando sus grandes éxitos y llenando estadios. Y sin embargo, está tocando sus canciones nuevas y reinterpretando alguno de sus viejos clásicos, irreconocibles, en formatos reducidos. Eso da una idea de lo que le importa a nivel artístico su carrera y su vida en la carretera.

Hay mucho de ese Dylan de los últimos discos en Copas de Yate. Salvo en la canción de Carlos Cano, que quizá está más orientada a Tom Waits o Civilians de Joe Henry.

Sí, siempre los tenemos como referencia, tanto Toni Brunet, productor de mis últimos discos y guitarrista de mi banda, como yo. Tenemos a Joe Henry en un pedestal y nos gustan muchísimo las producciones de Tom Waits con Marc Ribot como guitarrista, y los discos de Dylan producidos por Daniel Lanois. Los tenemos como referencia también en el estudio de grabación. Una profundidad, un espacio y un minimalismo en la instrumentación que nos gusta mucho.

Ayer, con la excusa de que es el disco elegido como protagonista este sábado, repasaba el pequeño documental sobre la grabación de Daiquiri Blues. Podía escuchar al Dylan de Time Out Of Mind en esa grabación.

Time Out Of Mind y Oh Mercy son mis dos discos favoritos de Dylan, probablemente. Consciente o inconscientemente, nos miramos en nuestros ídolos y la gente que admiramos. Jugamos a llegar a la profundidad que tienen esos discos. A llegar donde han llegado nuestros ídolos, un objetivo que quizá nunca consigas, pero la intención está ahí.

¿Qué supuso Daiquiri para ti? Fuiste a grabar a Nashville con Brad Jones como productor.

Es una de las mejores decisiones, de las más importantes experiencias que he vivido. Ir a grabar con aquellos músicos fabulosos. De hecho, ahora mismo, si tocamos dos días en un fin de semana, uno de los dos días tocamos Daiquiri. Es uno de mis discos favoritos. También es cierto que durante la gira de presentación, cuando salió el disco, no quedé muy contento con cómo lo estábamos llevando al directo. Ahora sí que creo que estamos consiguiendo llevarlo con una forma muy digna, muy artística y orgánica. Estoy disfrutando mucho tocarlo en el show.

Volviendo a tu último disco, excepto a Carlos Cano (¿Qué es lo que será?), ¿conoces en persona a todos los artistas versionados en este primer volumen de Copas de Yate?

Creo que, salvo Charly García y Carlos Cano, he conocido a todos. Aunque sea viéndonos en un concierto o en un bar en un momento. Aunque sea brevemente. Igual al que más conozco es a Fabián. He coincidido mucho con Kiko Veneno y con Santiago Auserón.

Nunca me había acercado mucho a la copla ni al cancionero de Carlos Cano, excepto a sus grandes éxitos como María la Portuguesa. Es un género que está un poco denostado, o por lo menos no está tan valorado como debería estar. La copla podría ser nuestro blues, hay unas letras espectaculares que cuentan la historia de España en las últimas décadas.

El hecho de apellidarlo con Volumen I insinúa una futura segunda entrega. Has mencionado tu interés en que fuera, por ejemplo, una colección de canciones de autores anglosajones traducidas al castellano. Has traducido anteriormente a Dylan, a Bukowski, a Jackson Browne, ¿sueles traducir canciones como ejercicio creativo?

Sí. La idea es que entre un disco de canciones mías y el siguiente encontremos unos días para grabar otra serie de canciones con un concepto distinto, como podría ser adaptaciones al castellano de canciones de artistas anglosajones que me gustan mucho. Traduciendo o adaptando canciones de otros artistas se adquieren herramientas para tus propias canciones. Es un buen ejercicio y una responsabilidad. Hay que pensarlo muy bien, dedicarle mucho tiempo.

A ¿Es tu amor en vano? recuerdo dedicarle casi cuatro meses intentando adaptar la letra sin hacer otra cosa más. Iba cambiando una palabra por día. Me costó bastante. Había días que sólo cambiaba una palabra, estaba enfrascado en ello. Es un trabajo en el que hay que rascar mucho. Casi es más sencillo escribir una canción nueva tuya que adaptar la canción de otro a tu idioma, porque la métrica está ya cerrada. Estoy orgulloso de ese trabajo, de hecho estamos tocándola en la gira con una versión un poco más acelerada. Es de mis canciones favoritas dentro del show.

Como amante de la música, ¿te cuesta llevar la separación de obra y artista? ¿Se genera un desapego o cierta reticencia hacia la obra de aquellos artistas que nos decepcionan con sus posturas u opiniones?

Es una pregunta difícil. A veces escuchamos cosas de la vida personal de artistas que admiramos que nos hace separarnos un poco de su obra. A mí me pasa con algunos. También pasa con lo nuestro. Igual si la gente conociera muchas cosas de nuestra vida también se sentiría decepcionada. Idealizamos a alguien por escribir canciones que nos han marcado, pero supongo que la vida y las opiniones van por otro lado. Pero sí, es decepcionante.

En tus canciones mencionas en varias ocasiones pueblos andaluces como el Puerto de Santa María (La luna debajo del brazo) o Conil de la Frontera (Salitre). ¿Cuál es tu relación con Andalucía?

He ido mucho a Andalucía a escribir canciones. Ya menos, porque me pilla muy lejos, ya que vivo en Cantabria. Pero he ido mucho, sobre todo a la provincia de Cádiz. A escribir canciones, a estar de vacaciones con mis amigos, a viajar con mi pareja. Me gusta que los lugares que me marcan acaben siendo referenciales en mis canciones. Me condiciona mucho el entorno donde vivo y siempre se cuelan los lugares que me emocionan y me enamoran. Me gusta que sea así.

Sigo yendo a Andalucía, ¿eh? De hecho, ahora que vamos a tocar entre Córdoba y Sevilla, y Extremadura en quince días, voy a estar casi esos quince días en Andalucía, viajando por allí y visitando amigos. Ojalá me venga otra canción.

¿Tienes ya en el horizonte un próximo disco?

Tengo nueve canciones. Creo que todavía me saldrán algunas cuantas más, pero ya está enfilado. Me falta completarlo, tengo nueve que me gustan mucho y creo que tiene muy buena pinta, creo que podemos hacer un disco emocionante. Estoy empezando a trabajar con Toni Brunet y mis compañeros para, igual, meternos a grabar en verano o a final del verano.

¿Lo estás componiendo con guitarra o piano?

Más con guitarra. Las últimas las estoy escribiendo con guitarra y con un Dobro que tengo, al que me estoy aficionando.

El instrumento con el que se compone acaba transpirando un carácter específico a la canción. Intuyo que en Avería y Redención o Pájaros Mojados componías más al piano.

Sí, bien visto. Ahí escribía bastantes canciones con el piano. Sigo tocándolo, pero el piano condiciona mucho el aire de una canción, sobre todo si, como yo, no eres un virtuoso ni un gran pianista. Soy un pianista limitado. Es fácil que las canciones me acaben sonando parecidas. Para huir de eso, volví un poco a la guitarra.

¿Qué estás leyendo últimamente? ¿Has descubierto algún artista interesante recientemente?

Estoy leyendo a un tipo que se llama Benjamín Labaut. Su último libro se llama Maniac, aún no lo he terminado. El anterior sí, un libro de relatos, medio científico e histórico, muy ameno: Un verdor terrible.

Estoy escuchando el último disco de Gorka Urbizu, de Berri Txarrak, un grupo de Euskadi que me gusta mucho. Cantan en euskera, pero me he preocupado por ver las letras y me encantan. Me emocionaba ya sin entender las letras, porque son canciones preciosas, suenan espectacular. Gorka cae muy bien y me parece un tío con mucho talento.

De fuera, el último disco que me ha llegado es de Taylor McCall. Lo descubrí por casualidad, ha hecho un disco que me encanta. Un tipo con un rifle en la portada.

Y no estoy viendo muchas series últimamente, pero estoy empezando a ver True Detective, la cuarta temporada que ha salido hace poco. He visto el primer episodio y me ha gustado mucho. En eso estoy últimamente.

 

Quique González · Gira 25º aniversario

Sala Custom · Sábado 10 de febrero

Entradas agotadas

 

Fotografías de archivo: Antonio Andrés

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