18 abril, 2024
Xoel López hace vibrar Joy Eslava en la presentación de "Paramales", un chute de felicidad efímera y auténtica

Joy Eslava, 4 de Junio de 2015

Fotografías por David Pérez Marín

Tras la despedida de Standstill del día anterior, arrastrando la resaca de una herida abierta, es hora de escapar hacia adelante y dejar atrás nuevos planes e idénticas estrategias… Llegamos a una Joy Eslava que cuelga el cartel de Sold Out, y como el Sol que más brilla no quiere acompañarme, llega la hora de saltar del tren y buscar luz entre las grietas.

Mucha expectación y ganas de chocarnos con “Paramales” y explosionar por unos momentos. Y de repente, aún sin músicos sobre el escenario, el destino nos guiña un ojo y se vuelve a reír de nosotros, suena en la sala, y todos cantan, el “Ojalá” de Silvio:

“Ojalá pase algo que te borre de pronto,
una luz cegadora, un disparo de nieve,
ojalá por lo menos que me lleve la muerte
para no verte tanto, para no verte siempre,
en todos los segundos, en todas las visiones,
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones…”

Y aparece Xoel al rescate, aunque sea por unos instantes. Tras el boas noites, comenzamos el viaje “partiendo a un mundo desconocido…” con “Patagonia”, una de las mejores canciones que ha escrito. Llave que abre magistralmente su último disco, el concierto y cualquier puerta, ventana o universo. Se le ve feliz, radiante y nervioso. Esto último se evaporará en un par de canciones, la felicidad se queda instalada en el ambiente toda la noche. Mientras desgranan “Paramales” e intercalan canciones de “Atlántico” y etapas anteriores, nos vamos despegando, sin darnos cuenta, del suelo. Y todos cantan el “Hombre de ninguna parte”, para luego “fundirnos en la niebla, buscando sólo calor”, con la dolorosa “Laberinto”, que suena más contundente y vibrante aún en directo, desgañitándonos en su estribillo: “Solías decir: Sino me das la mano, nos vamos a perder… Y no, no nos volvimos a ver”.

Xoel vuela ya a sus anchas, y hasta se arranca con la Muiñeira. Deja la guitarra para bailar y tocar las palmas en “Almas del Norte”, y sin pausa, el carnaval sigue mientras paseamos “Por el viejo barrio”. Es un hombre orquesta, intercambia guitarras, solos y punteos, hasta se une a la percusión. Se le ve disfrutar como nunca, y lo transmite con una sinceridad que no siempre tenemos la suerte de ver sobre un escenario… o en cualquier otro sitio. La gente no para de corear su nombre entre canción y canción, y alguien grita: “¡Grande, flaco!”, y el responde que hay otro flaco que sí que es grande, quizás refiriéndose a Charly García, como también apuntan desde el público, o puede que al desaparecido Spinetta, o incluso al bardo de Minnesota. Y precisamente, al más puro estilo Dylan, se coloca la armónica y nos da un respiro con la luminosa “Caracoles”, para luego electrizarnos y derretir glaciales con la rockera un  “Un año más”.

Y si la música es el único remedio de vida que siempre está ahí, ahora recibimos una nueva dosis en vena con “Antídoto”, en la que Xoel nos recuerda que “Siempre entrará luz entre alguna de estas grietas…”. Amén.

Con “Historia Universal (El amor no es lo que piensas)”  del “Reconstrucción” (2008) de Deluxe, la sala Joy ríe, baila y salta pisoteando cualquier sombra de preocupación que quedara en nuestras cabezas. Tres más del flamante “Paramales”, “Sol de agua”, “Ningún hombre, ningún lugar” y la cuenta pendiente que tenía con su tierra, la gallega “A serea e o Mariñeiro”, que suena más mágica que en estudio.

Aumentan las pulsaciones cuando aparecen clásicos como la rompedora “Que no”, “Reconstrucción”,  la eterna “Tierra” y “El asaltante de estaciones”. Y si quedaba alguien sin bailar, que no lo creo, antes de los bises y de un pequeño hasta luego, suena Yo solo quería que me llevara a bailar”, en la que el bajista Ivan González ‘Chapo’ y Xoel parecen poseídos por el espíritu de Fred Astaire y Ginger Rogers.

El aura flamenca de Lole y Manuel se respira en la sala con  “La casa hace ruido”, en la que Lola García, castañuelas en mano, comparte micro y emociones con Xoel y con todos.

El trío de ases con el que termina esta sobredosis de felicidad efímera recae en “De piedras y arena mojada”, un “Todo lo que te merezcas” que no deseamos a nadie… Aunque empapada de tanto amor, que el odio que palpita en cada afilada frase no logra frenar ese tsunami interior que sigue arrasándonos sin remedio ni sentido. Así que, “cansado de estar cansado”, nos regalan ese último sueño y viajamos a “Buenos Aires querido, con tus aires de nuevos amores, como un loco perdido (con los ojos cerrados en Joy Eslava), perseguimos el olor de tus kioscos de flores…”. Y sí, puede que necesitemos vacaciones a alguna parte o a ninguna, dejar atrás Madrid y todo lo demás.

Y saliendo a la calle, se evaporan poco a poco los efectos del antídoto, y recordando esa primera canción, “despertamos confusos más allá del silencio, en un sueño de óxido y faros perdidos…”. Y mientras camino bajo “El cielo de Madrid”, y hago mentalmente esa maleta que he hecho tantas veces, no puedo dejar de tararear esa p… genial canción que, sin haber sonado esta noche, me persigue. Así que, quién sabe, puede que mañana, antes de coger el tren que debería, tenga un poco más de suerte…

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