20 mayo, 2024
En pocas ocasiones hemos tenido la oportunidad de aprender algo de historia (o casi) al mismo tiempo que disfrutábamos de un excelente concierto. Bieito Romero y los suyos, los culpables.

Fibes Sevilla 19/12/2014

Fotografías por Antonio Guerrero

Parecía que Galicia entera había venido de gira a Sevilla. La niebla era inusualmente densa, y provocaba sensaciones de carácter fantástico al cruzarse con otras sombras en la noche, vagamente amenazadoras. ¿Iba al encuentro de Luar Na Lubre o ellos ya me habían encontrado, y preparaban el terreno para sus propósitos?

Seis horas nos prometió Bieito Romero que estarían con nosotros, que estaba todo arreglado con el personal de FIBES y que íbamos a acabar hartos de tanta gaita… y era mentira, por supuesto. Pero se les perdona; primero, porque Luar Na Lubre desprenden una simpatía y naturalidad nada habituales. Y segundo, porque fue un concierto impecable, que comenzó con «Gran sol», lugar de pesca de su Mar Maior (2012), y continuó con «Chove en Santiago», con su atmósfera de sintetizadores y guitarra un poco al estilo del «padrino» Mike Olfield, un madrigal incluido en su último lanzamiento, Torre de Breoghán (2014). En medio, y esto fue una constante durante todo el recital, las explicaciones didácticas (un tanto fantasiosas) de Romero, la cantante Paula Rey (más directa y sencilla) o el intérprete de bouzouki y percusionista Xulio Varela (deliciosamente olvidadizo) ayudaban a poner el contexto adecuado a cada nueva canción. Y a aprender algo, claro.

Así, supimos que lo que escuchábamos se encontraba en el Llibre Vermell de Montserrat, en las Cantigas de Alfonso X, en un pergamino del siglo XIII firmado por Martín Codax o en el Leabhar Ghabála, el libro de las invasiones de Irlanda, del que se nutre principalmente Torre de Breoghán. La música, sin embargo, era lo importante, y Luar Na Lubre se bastan y sobran para deleitar gustos exigentes al respecto, tanto grupal como individualmente, como demostraron con creces en «Quantas sabedes», «Ith», la intensa «A invocación de Amergin», o la explosiva «Centeas».

«A Carolina», con su mezcla imposible de renacimiento italiano y sonoridad celta, animó a Paula a bailar por vez primera y no última, recurso bien utilizado en un proyecto de naturaleza tan instrumental como éste. El solemne comienzo de «Memoria da noite», un tema para no olvidar el Prestige, desembocó en un pasaje dominado por la percusión, realmente elaborada, de Patxi Bermúdez y Xavier Ferreiro, que forman un excelente equipo y fueron protagonistas en más de una ocasión.

Fue en la infaltable «O son do ar» donde nos dieron una sorpresa: la colaboración del excelente y joven acordeonista Andrés Penabad, acusado en broma por Romero de estar peinado «como un puerro». Simple, casi austera en comparación con la versión que en 1996 realizara Oldfield, se benefició de arreglos e intervenciones de todos los músicos, destacando unos redobles en la madera del tambor que propulsaron la canción hacia lo más alto. «Tu gitana», de José Afonso, sonó verdaderamente dulce, con una flauta absolutamente preciosa, seguida de un violín que lo fue aún más. Andrés subió y bajó del escenario varias veces, y se le pudo ver bailando, entregado, entre bastidores, durante «Camiño do norte». Dio lo mejor de sí en «Nau», más marchosa y acorde a sus energías. Es de destacar el trabajo de los técnicos de iluminación, encargados de ambientar debidamente los pasajes tanto como la música o las «lecciones» orales.

A estas alturas Luar Na Lubre habían soltado el freno y estaban decididos a conquistar a su público a base de evidentes concesiones a la diversión. Así entiendo la terna, interrumpida por la pausa para los bises, formada por «Ao pasar pola Coruña», generosamente coreada por todos los asistentes -lalalalá, lalalalaleilo-, el tema tabernario «Pousa» (y su pícaro estribillo sobre no tocar ciertas cosas), y la abiertamente infantil «Os animais».

«Camariñas» recuperó momentos de alto nivel estético. Lenta, hermosa, repetitiva y matizada, fue quizá el momento más bonito de toda la noche. Se despidieron con la cantiga sacro-pagana «Sta María Loei» y con un calor humano necesario, dada la noche que hacía. Romero ya lo había comentado al principio del concierto: esa tarde no sabían si estaban en Sevilla o en casa. Espero que, tras tocar para nosotros, la sensación persistiera, porque un espectáculo como el que ofrecieron (me sabe casi mal mencionar un mínimo fallo en el sonido durante «Leabhar Ghabala») merece, ciertamente, gratitud.

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1 comentario en «Luar:Na:Lubre en el Ciclo Fibes Suena «Invasión galega»»

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