23 julio, 2024
Hablamos con Lin Cortés, que ha publicado recientemente su oda a la Feria de Sevilla y que estará en la Noche Blanca del Flamenco en Córdoba.

Van cuatro días seguidos de levante en la costa gaditana, empiezan a ser demasiados. Se oyen de fondo los ladridos de Ray, que no encuentra su pelota. Es jueves por la tarde. Mañana un tren espera a las ocho en San Fernando para llevar a Lin Cortés a Madrid, donde ofrecerá un concierto especial junto a su banda por las fiestas de San Isidro. Es una fecha importante para el músico cordobés en este movido tramo del año que se inició en abril con el lanzamiento de la canción Feria de Sevilla y su presentación en el Pathé, y que cuenta también con este concierto madrileño y una Noche Blanca del flamenco que le aguarda el 18 de junio en los Jardines del Alcázar de Córdoba como citas marcadas en rojo el calendario.

Cuanto más profundas son las raíces, más lejos pueden llegar a extenderse las ramas. El flamenco lo demuestra habitualmente. Lin, que es buen ejemplo de ello, está al otro lado del teléfono.

Mañana tocas en las fiestas de San Isidro, ¿qué concierto tienes preparado para el público madrileño?

Voy con la banda eléctrica. Haremos un mix. En Madrid vamos a llevar la banda eléctrica con las niñas. Y en Córdoba, en la Noche Blanca del Flamenco, vamos a llevar las dos bandas, la banda flamenca y la banda eléctrica. Cantaremos canciones de Gitanerías, partes más flamencas y partes cañeras. Un poquito de todo ahí.

Feria de Sevilla ha tenido una acogida increíble. No ha parado de sonar. Abrías las redes esos días y no parabas de ver vídeos de la feria acompañados con tu canción. Hoy en día, que el éxito de una canción es tan difuso y las redes sociales son el nuevo boca a boca, esto es derrotar al algoritmo.

Qué bueno. Totalmente, la verdad es que está yendo muy bien. En un mes lleva más de trescientas mil reproducciones en Youtube, está bastante bien.

Y lo bien que empasta siempre tu voz con la de tu tío el Pele.

Hay colores en la canción, sí, hay colores. Y a nivel producción es muy casera, que es también lo que yo quería. Que sonara a fiesta. Siempre se pueden pulir cositas, pero ha quedado guay. Conseguí que suene un ambiente de fiesta, de gente celebrando… y realmente haciéndolo yo solo. Porque me lo he hecho yo. La guitarra la grabó Joselito Acedo de Sevilla y las palmas me grabé doscientas pistas yo solo para crear ese ambiente. Lo normal es coger un montón de palmeros y meterlos en un estudio. Y al final lo conseguí yo solo, que era algo que me preguntaba, a ver cómo consigo yo crear todo ese ambiente de tanta gente.

Montarte la feria en casa.

¡Claro, tío, era eso!

Ha arrancado con la misma fuerza que la Novia Moderna.

La Novia Moderna no para, tío. Estará en cinco millones de reproducciones o por ahí. Hay que tener en cuenta que todo esto que pasa es totalmente orgánico. No hay promoción, no es como esos artistas famosos que están todo el rato los medios de comunicación hablando de ellos. Porque claro, evidentemente, las compañías pagan para estar en todos los medios de comunicación bombardeando. Pagan también para posicionarlos en Spotify, en Youtube, en todo eso hay mucha pasta detrás. Para que estén en todos lados. Y lo que está pasando con estas canciones es orgánico, totalmente natural. Eso es lo difícil.

Ese es el éxito de verdad, el que le otorga el público. Encontrarte la canción porque la comparte la gente, no el algoritmo. Si abro Spotify me va a decir eso de “escucha la última de…”, y no va a ser la tuya.

Totalmente. Y abres Google y te aparecen doscientos mil artículos. Fulanita se ha puesto una uña color mierda [risas]. Y así todo el rato, todo el rato. Claro, tanta pasta detrás. Y luego los medios de comunicación son muy copiones, se copian por no trabajar. No hay personalidad en los medios, todos hablan de lo mismo. Se hace viral algo y todos vamos a hablar de eso. ¿Del tortazo de Will Smith? Pues ya está, todo el mundo a hablar del tortazo de Will Smith. Es un borreguismo increíble.

Por eso cuesta tanto que salgan nuevos nombres. Cuando uno de estos saca disco parece que es el único disco que ha salido en el mes.

Ya no ha salido nada más, lo eclipsa todo. Es lo que hay, tenemos que vivir a contracorriente. Ha pasado toda la vida también.

Antes era con las radios.

Las peleas con las radios, sí [risas]. ¡Que me pincharan en las radios…!

Pero con Feria de Sevilla y Novia moderna, ¿tu madre no te dirá últimamente eso de que solo haces canciones tristes, no?

Hombre, ahora mi madre está más contenta. Me dice, ¿ves?, te lo dije, te dije que hicieras rumba [risas]. Estoy ahí haciendo cosillas, tengo alguna idea, de cosas que rondan el flamenco, pero tengo alguna diferente de lo que estoy componiendo. Ayer me salió una especie de alegrías, que yo nunca he hecho, y tienen muy buena pinta. Me salieron unas cositas con un par de cervecitas y este levante que hace… llevamos cuatro días de levante. Estoy loco perdío ya [risas].

Antes, este tipo de canción flamenca más ligera de peso, menos dramática, más rumbera, ¿se las dabas a otros?

Sí, yo todas las canciones flamencas se las daba a mi hermano. Mi hermano se estaba forrando y yo no tenía para pagar el alquiler [risas]. Le hice un disco, su primer disco, que fue un pelotazo. Son canciones mías todas y, si te fijas, son single todas. No hay ninguna canción de relleno, son todos temas que han funcionado.

También es que a mi socio, David, con el que yo curraba en Córdoba le gustaba más el rollo de la música negra, el funky, las baterías… Era el técnico de sonido, el flamenco le molaba, pero le aburría un poco más. Entonces, cuando barajábamos las canciones, me influía mucho en, de repente, desechar lo flamenco. Esa parte de mí yo la desechaba y se la daba a mi hermano, fíjate qué pena. No me arrepiento de nada, pero era una pena que yo esa parte flamenca la estuviera evitando.

Ahora estás sacando otro color. Y te está quedando una gama más amplia de canciones. Están tus canciones más sociales, estas más festivas, las cortavenas… [risas]. Por cierto, ¿tú cómo escribes tus canciones?

Yo lo hago al revés. Normalmente, la mayoría de los buenos compositores, como Sabina, escriben y luego le ponen música. Yo lo hago al revés, como soy más músico me fluye una melodía en la cabeza. Y de repente digo… ¿esto es mío o es de alguien? Esto es mío. Y a veces viene un poco acompañado de letra. Pero te juro, sin buscarlo. Me viene solo algo a la cabeza, lo grabo y a partir de ahí ya lo desarrollo. Me siento, me pongo a escribir, primero melodía y luego letra.

¿Sabes qué pasa? Si tú escribes primero la letra, gana la letra. Si tú haces primero la música, gana la música. Luego la letra la tienes que encasquetar.

Lo ideal es que lleguen las dos a la vez. O que vaya una tirando de la otra.

Sí, a veces pasa.

¿Y tienes tus propias canciones favoritas? O lo contrario, ¿hay algunas que se te caducan, te dejan de representar?

Bueno, a veces te cansas. Sobre todo cuando sacas una canción, la gente te empieza a mencionar, tú estás de promo, lo compartes todo… pero acabas harto de la canción. Otra vez, otra vez, otra vez. Por ejemplo, Novia Moderna. Ha sido ya una hartura de etiquetarme veinte mil millones de personas [risas]. Pero bueno, yo le tengo mucho cariño a todas las canciones. A todas.

Gitanerías es ya de 2020. ¿Qué tienes preparado para lo próximo?

Sí, luego hemos sacado también mogollón de colaboraciones y hemos ido sacando la canción de la peli [Yo te encontraré, perteneciente a la B.S.O. de Las leyes de la frontera], Te sigo por el aire, los tangos de la Feria de Sevilla… y ahí estoy, en varias cosas, con unas cuantas ideas por desarrollar. Ahora llega el verano y me cuesta más meterme en el estudio pero hay ideas de donde sacar.

¿Hacia dónde vas a tirar? Últimamente se te ve mucho con el loop, con el multipistas, con los pedales…

Sí, me gustaría aprender a utilizarlos. De hecho me he comprado un montón de máquinas, se me ha ido la olla y me he gastado una pasta en un montón de máquinas para aprender  y utilizarlas en directo. Son máquinas que necesitan muchas horas, muchos tutoriales. Yo me pongo, me siento un ratito, investigo, me pongo nervioso y me levanto. Voy aprendiendo pero muy lento, son máquinas que necesitan mucha práctica al día para manejarlas. Es investigarlo.

Me he pillado el looper, me he pillado un procesador vocal para efectos, que lo llevo con los pedales para hacer movidas raras con la voz. Me he pillado un bajo, he arreglado un par de guitarras eléctricas que tenía guardadas, me he pillado un bafle, el AMPC… Bueno, se me ha ido la olla por completo. Ahora, si aprendo a manejarlos va a molar mucho porque te puedes montar un rollo solo que flipas.

Es que tú podrías girar solo si te apetece. Tus canciones tienen el peso suficiente. Textos y melodías con suficiente enjundia para ello. No todo el mundo puede, hay a quien si le quitas el arreglo original o el acompañamiento… se le cae la canción.

Y puedo meter las bases en las máquinas, dispararlo…  Este verano no tenemos gira. Porque la idea es ponerme a aprender con las máquinas e ir preparando algo para otoño. Así que este verano, aquí en el Palmar, hago colaboraciones. Hay una jam, subo y me canto un par de temas con una banda. Ahí es donde quiero empezar a probar, que me sirva para ir practicando con el looper.

Luego, a la hora de publicar tus canciones, sigues siendo totalmente independiente.

Sí. Ahora mismo estoy con una distribuidora. Estaba con BMG, pero me fui. Ahora estoy con distribuidora, no estoy con ninguna compañía discográfica.

¿Se te acercaron entre Gipsy Evolution e Indomable?

Sí, Sony estuvo por ahí… pero realmente no tengo ganas de compañía ninguna. Porque o les da por poner mucha pasta en ti o de repente la mayoría no hace nada, que me pasó con BMG. No hacían nada y estás ahí un poco pendiente de su opinión. Artísticamente digo. A mí ahora mismo no me apetece meterme en una compañía discográfica, a mí me gusta la libertad. Para un artista es fundamental la libertad. Como entres en el juego de qué es lo comercial, de qué no es lo comercial… Al final ya estás haciendo canciones pensando en la gente y ya no son de verdad. No hay que perder el contacto con tu naturaleza.

Sobre todo en música como la tuya que mezcla tantos elementos. Cogemos, por ejemplo, Amor de Frida, que es flamenca y tampoco la menos estándar de tu repertorio, pero tiene una estructura diferente, la combinación de voces, metes sintetizadores, una parte instrumental al final de cuerdas… eso no lo vas a grabar para el disco comercial de una discográfica.

Claro, imagínate que me dicen a mí que tengo que seguir un disco que siga una línea [risas]. Imposible.

¿A ti no te han dado muchos palos por llevar el flamenco por otros sonidos, no?

No, a mí me han respetado mucho siempre, tío. A mí, a no ser que haya algún cateto de peña flamenca de pueblo que diga algo… A mí la gente que importa, los que de verdad saben, me han respetado siempre. Porque yo he empezado haciéndole discos a la Susi, he ido con Estrella Morente, con Vicente Amigo, con Raimundo Amador… Empecé con los mejores. Entonces los que saben, haga lo que haga, me han respetado siempre.

Hay siempre un debate algo exagerado con el flamenco. Con otras músicas de raíz, como el blues, no está ese debate tan encendido. Se acelera y es un rock and roll, se mezcla con otras músicas… En el flamenco sí se trilla de vez en cuando al que innova.

Sí. Lo que pasa es que al flamenco se le pierde mucho el respeto. En el sentido de que, a la música clásica, los músicos la respetan. El jazz, los músicos lo respetan. El rock lo respetan. Pero en el flamenco, cualquier pamplina te sale cantando flamenco. El flamenco es como venga, voy a cantar, venga, yo también canto flamenco, métele una rumba, ole… ¿Sabes lo que te digo? Entonces, es verdad que hay un cierto resquemor a veces en los flamencos cuando pasan estas cosas. Y sobre todo cuando hay flamencos muy buenos con la nevera vacía y cuatro pringaos forrándose cantando como el culo. Entonces, evidentemente, nace un resquemor. Es que es inevitable porque es injusto.

Es injusto. Porque, realmente, es un país muy paleto. Fíjate Japón. El respeto que le tienen los japoneses al flamenco y lo que saben de flamenco. Los japoneses se van al barrio de Santiago, a Jerez. ¡A aprender flamenco! Porque han captado la calidad que tiene. No tu vecino, que se pone ahí ole, ole, mira el flamenquito.

Además se van al barrio de Santiago de Jerez. No a un tablao turístico de Sevilla.

Ellos saben donde tienen que ir. Se van a la peña de Luis de la Pica a escuchar a los gitanos. A pillar lo bueno. El otro día, el Curro de Navajita,  me decía que hay allí una japonesa cantando que no te lo crees. Que parece que es gitana y lleva toda la vida cantando. Y un guitarrista con un aire de Diego del Morao que ni te lo crees. Observan. Observan y lo clavan. Pero además bien, qué hijos de puta [risas].

Son culturas muy respetuosas. Aquí en la mitad de los conciertos no puedes escuchar bien porque hay un buen puñado de gente hablando a voces durante las dos horas. Y eso que se han gastado un dinero en la entrada.

Ya. Porque hay gente que habla mucho… ¿no? Es un rollo, sí.

Luego, es cierto que cuando el flamenco se ha mezclado con la latino, la polémica nunca ha sido tan grande. Tal vez porque viene de más años atrás, como la fusión con el jazz.

Sí, también porque esa fusión del flamenco con lo latino la empezó un poco, sobre todo, Ketama. También Bambino un poco más atrás. Más hacia la salsa y todo ese rollo. Y estaba muy bien hecha.

Ketama se cuela hasta en lo africano.

Música de calidad.

Ahora hay una generación, contigo entre ellos, que estáis abriendo lo flamenco hacia otros sonidos como la música negra. Hace un rato escuchaba a un grupo nuevo, Labudú…

¡Sí, Labudú! ¡Mañana cantan conmigo! Son mis invitados. Era mi banda. Mi banda montó una banda [risas]. Son buenísimos, brutales.

Te encanta mezclarte. El otro día encontré un vídeo en que tocas con Hindi Zahra.

Eso es en un pub, un garito en un pueblo de Sevilla. Eso es lo que hablábamos antes. Me dio un coraje, tío. Yo vi a esa Hindi Zahra que se subió al escenario y yo no me lo creía. Y los catetos del pub en que estábamos, muy poca gente, no se callaba nadie… Era un concierto de la Negra, en realidad, vino Hindi Zahra y no se callaba nadie. Ahí lo pasé bastante mal.

Siempre confundiendo el precio con el valor de las cosas.

Ya… y el mal gusto. Porque si tienes un poco de paladar y ves a esa mujer soltando gloria bendita, macho… La gente nada más quiere palmeteo, rumbeteo y ya está, ese es el concepto.

Con otro que te has juntado: Howe Gelb. Qué disco salvaje.

Sí, tío, fíjate qué casualidad que hoy, después de quince años, me ha llamado Fernando Vacas para decirme que tocamos el día 24 de junio en Córdoba con Howe Gelb. Qué casualidad. Hace quince años y nos vamos a volver a juntar.

Hay una canción en el disco en que Howe va soltando frases hechas, refranes en español con su acento guiri…y se te oye por detrás jaleando.

Sí [risas]. Ese disco está muy sembrao. Pues imagínate la gira por la América profunda. Estuvimos en Tucson, en un pueblo al que se habían ido los indios. En la montaña, en Arizona. Nos hicimos una gira muy guapa por esa América profunda con ese Raimundo… Ninguno sabía hablar inglés, mi amigo el Panky, que está con la Negra, Añil… vaya cuadro, qué risas, tío.

De repente estábamos en sitios de western. Entrábamos en sitios con carteles de no entrar con pistola. Alucinante.

Y el pequeño detalle de no hablar el mismo idioma.

Lo más gracioso es que Raimundo y Howe se ponen a hablar ellos dos. No se entienden, pero hablan. A ver cómo te lo explico [risas]. Howe Gelb nos llevó al desierto de Arizona para enseñárnoslo. Y recuerdo ir en el coche, Howe Gelb conduciendo con Raimundo al lado y ellos dos hablando. Raimundo en español, hablándole como a un niño chico y Howe igual, porque es otro personaje increíble. Qué arte.

A Raimundo tiene pinta de que se le entiende en cualquier idioma.

Sí, Raimundo es muy expresivo.

Para terminar, ¿qué música estás escuchando últimamente?

Tengo fases. Ahora estoy con la brasileña, pero me doy un paseíto por la kora africana cuando me levanto. Son músicas que me dan muy buen rollo. Tanto la música brasileña antigua, alguna más moderna. Algo de jazz. Por ahí estoy. Me he pegado una racha grande de música clásica. Pero ahora estoy con esa nostalgia brasileña tan bonita, esa riqueza armónica, esos acordes, tan bonito que cantan. Me encanta.

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