26 febrero, 2024
La cantaora onubense Argentina ofreció una Noche Icónica en el Gran Meliá Colón con un concierto de más de dos horas.

No alberga el hotel Colón dos noches iguales, dos triunfos que se alcancen siguiendo la misma senda. Si bien, las noches musicales presentadas por Icónica Fest siguen resolviéndose como un éxito absoluto. Desde todas las miradas. La Noche Icónica de abril lo volvió a ser: lleno absoluto de aforo desde bastantes días previos al espectáculo y un traslado de escenario, saliendo de la librería de las dos jornadas anteriores, que parecía estar precisamente motivado por alcanzar un aforo de público algo mayor. Y que, desde luego, pareció ofrecer una mejor perspectiva visual también del espectáculo.

El concierto de Argentina fue el preludio ideal para el frenético y emocionante mes de abril sevillano que aguardaba unas Semana Santa y Feria extáticas tras dos grises años con las fiestas insignes de la ciudad apagadas por las circunstancias de sobra conocidas por todos. La cantaora onubense fue anfitriona de una velada fresca y castiza, como recién cogida del árbol, pero con la madurez suficiente que vuelve amarillas las hojas de los libros. Ahí donde el tiempo asienta el conocimiento.

Pulmón, tripas y corazón. Las fuentes de donde todo emanó. Y un profundo estudio del género. Y el buen gusto en las manos curtidas de talento de José Quevedo Bolita, un guitarrista fino, con detalles, resuelto e imaginativo. Y sobre todo, entregado al servicio del cante. Qué importante cuando se cuenta con un músico tan imantado al sentido del texto y el vaivén de la melodía, al vibrar del cantor. A las sensaciones en el aire. Saber escuchar, anticiparse, dejar caer el peso de lo que se propone. Lo que no para -de parir– Jerez, no lo pare nadie. Con perdón del resto de las tierras del mundo.

Argentina es un manantial que no se agota, una enciclopedia que pone en salvaguarda el flamenco más genuino y que expone también sus distintas mezcolanzas. Su concierto fue el poliédrico reflejo del mundo flamenco, oscilando entre lo clásico y lo amestizado (la ida y la vuelta del cante), exponiendo todas las cartas. De facultades y conocimiento sobrada, Argentina arrancó por el principio de todo. Por asturianas, por tanguillos, por serranas. Pisando el escenario como lo tiene que hacer una artista. El garrotín y la malagueña. Por medio, las instrumentales bulerías improvisadas de José Quevedo y el guiño cofrade de Amarguras al que la cantaora se sumó triunfal en su recta final, antes de enlazarla en mancuerna junto a La saeta. Otro punto geográfico en las alegrías de Cádiz y en las sevillanas que calentaban el ambiente feriante que ya anticipaban los azahares en las calles.

Tras escarbar en la raíz, emprender el vuelo.  Templaba entonces el torrente para cargar la suerte acercándose a otros sones. Al tango, al fado, al bolero. En los Afiches de Homero Expósito, así como Argentina lo interpretó, encontrando el oro, dieron ganas de quedarse a vivir. Así la música se vuelve lámpara luminosa en el camino. Siguió bordando con hilo fino en esta segunda parte con Estranha forma de vida, el homenaje a Lole y Manuel que desembocaba en versos de Todo es de color y el recuerdo a Bambino, trayendo el bolero que el utrerano desgarró como nunca nadie, Voy a perder la cabeza por tu amor.

De nuevo, pulmón, tripas y corazón. La noche grande de Argentina en el Colón. Ella no quería bajarse del escenario, nadie quería que lo hiciera. La ovación llegó tras dos horas de tratado flamenco. Inimaginable al principio de la noche que un espectáculo que se preveía (y así fue) precisase de una carga física y emocional tan honda, pudiera extenderse tanto. ¿De dónde se saca tanta voz, tanta fuerza? Cuánta entrega, qué capacidad para convencer, cuánto amor al arte y ganas de cantar. No se sabía si disfrutaban más artistas o audiencia. Lo bello de la reciprocidad. El pecho sevillano inquieto de emoción y la garganta viva de alegría. El éxito de Argentina fue bordarlo con un mapa totémico flamenco que podría haber servido de guía para cualquier primerizo en este arte. En ese estado de gracia que la complicidad otorga, encaró la despedida con sus gemas Idilio y Punto de partida, con el coro popular entregado, y los fandangos con los que esta onubense mayúscula despidió su noche más Icónica. La puerta grande para esta primavera del viejo nuevo mundo.

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