26 febrero, 2024
En Malandar el año comenzaba de nuevo. El pasado 9 de enero Eskorzo llegaba a Sevilla para asumir que su público sigue tan vivo como siempre y para regalar un directo de sabiduría.

Fotografías Alejandro de Lárriva

La fiesta balcánica que cerraría la noche completaba aforo a una velocidad inevitable. Después de lo ocurrido durante dos horas de concierto, ya no tenías la mente para pensar. El boca a boca te había llevado hasta Malandar para ser parte de la cita que te perdiste cuando -hace meses- elegiste mal. Pero esa noche aprendiste que el directo de Eskorzo no es como te lo habían contado. «Mala» sonaría para una sala hasta las manillas. Y tú – esta vez sí – la escucharías a dos pasos del escenario.

Nunca habías visto tanto ni tan bien a las puertas del Guadalquivir. La banda nazarí anunciaba semanas antes su paso por Sevilla y las RRSS respondían ante ello de sobra. SE FELIZ TOUR! prometía un CAMINO DE FUEGO 2016 que querrías revivir aunque fuese con la sala vacía y a puertas cerradas. La última pieza de los chicos ha vuelto a conseguir que los encuentros sean exóticos, calientes y muy húmedos. «En Sevilla hace mucho calor y mucha humedad», gritaba Toni Moreno mirándote a los ojos. Pero el momento de vivir temas pasados también hizo mella en el encuentro. Llegaban “Botas de 7 leguas” y «Ruido», de El árbol de la vida, las que te llevaron a otro lugar con otra gente. Llegaste a pensar que ese público no podía ser sevillano. Por momentos, fuimos habitantes de otros mundos mucho mejores.

Pero a ver,  el bullicio no era cuestión de casualidades. Desde el principio parecía que aquello iba a funcionar, pero  que se fuera  a petar de esa manera estaba lejos de tu alcance.  De repente, “Pinta la pared”, de -recuerda- La Sopa Boba, te sorprendió por la espalda como te sorprenden las buenas cosas en la vida. No la esperabas así cerca y tan de verdad. Como las ganas que había de casi todo. Merecida mención a las camareras, por cierto. Servían cervezas a un ritmo incomprensible. Ni tú podrías haberlo hecho tan rápido. Esa barra tenia toda la pinta del Bar Coyote en su mejor momento. Qué preciosidad. “Suave” calmó lo frenético de la velada y entonó a más de una y a más de uno. Como pa no. «La muerte me dio la clave para vivir mucho mejor». La ocasión animaba a cantar canciones de amor. «Acabemos con to».

Eskorzo te dejó sin palabras. «Sé feliz» te robó todo lo que traías pensado. Y prometió no devolvértelo nunca más. El escenario, esa noche, tenía motivos para presumir. El mismo que te encontraste al entrar semidesnudo, vestido sólo de instrumentos aguardando la llegada de sus músicos. Que subieron. Los de Granada ascendieron sosegados y con la suficiente travesura como para inducir una buena dosis de nervios. De El encanto de lo irreverente sacaron alguna. Llegaba “Paraísos artificiales». La calma de un viaje que busca la clave de la Felicidad.

Eskorzo se metió en su público de cabeza. Le hizo el amor pensando en la primavera. Y le recordaron que siguen componiendo como siempre. “Calle amargura” dio buena prueba de ello. Demostraron con la edad sabiduría. Y es que los mejores, de siempre, han sido los sabios. Su ritmo regaló lo suficiente como para volver a quedar con ellos cuando regresen. Triunfaron.  Para Eskorzo lo más emocionante de un directo es poder sentirse como en casa. Ellos estuvieron en la casa y todos en la de ellos. Esa noche aprendiste que el directo de Eskorzo no es como te lo habían contado. Y lo entendías. Lo Único es indefinible, inimitable e inexplicable. Quién dijo que para hablar de amor nunca hizo falta estar enamorado.

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