18 abril, 2024
Será 5 de noviembre cuando te dirijas a Sala X para ser testigo de lo que Daniel Mata en El Callejón del Gato + Miguel Bueno te tienen reservado. El despliegue de músicos hará de tu jueves un viernes inmejorable. Habrá sorpresas que no deberías perderte.

Lo bueno es para siempre. Y no sólo nunca desaparece, ocurre también que nunca cambia. Hay gente que de tan auténtica, ciega. Pero no cuesta, les reconoces rápidamente. En la música también. Los buenos nunca se ven alterados por agentes externos. Esos que en ocasiones de tanto insistir, terminan alterando la esencia de uno. Los buenos no se dejan, hacen lo que quieren durante el tiempo que quieren y cueste lo que cueste. Sólo unos pocos siguen ahí, de pie, enteros, conscientes de los pasos que han dado y de los que no han querido dar. Como él, que ya suma veinte años queriendo lo que hace y haciendo lo que quiere. Aun recuerda sus inicios en La Carbonería, punto de encuentro donde los artistas recibían a su público a lo largo de una semana interminable. Benditos días pasados. Poco ha cambiado, en el fondo, si hablamos de la aventura con la que Daniel Mata pasaba a formar parte del Callejón del Gato. Y viceversa. Desde una de las mesas de Café Piola (Alameda de Hércules), con el café en vaso de caña, le veía venir dispuesto de unas gafas de sol encima de una gran sonrisa. Queríamos hablar, sí, así que nos pusimos a ello.

8pistas: ‘Sálvese Quién Quiera’…

Daniel Mata: Elegir titular siempre es muy difícil, y éste vino después de tener ya todas las canciones listas. De hecho, ya estábamos grabando el disco, y teníamos que encontrar un título que  recogiera más o menos el espíritu general de todas las canciones . Cada canción habla de situaciones en las que, de una forma u otra, la única forma de salvarse es elección de cada cual. De ahí el juego del «quiera». Y también, aunque suene cursi y manido, la única salvación es el amor, el querer.

También porque nos parecía sugerente, divertido y atrayente para titular un disco. En nuestro caso, cada canción tiene su historieta particular, pero como es un trabajo con un mensaje muy general, pensamos que vendría bien ese nombre.

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Llevas desde el 96 como cantautor. Son 20 años, ¿qué sientes cuando piensas en ello? La primera vez que me subí a cantar delante de un público fue en el 96. ¿Qué siento? Es divertido porque, hace 20 años, cuando me subo por primera vez a cantar, yo no tenía pensamiento de dedicarme a esto profesionalmente para nada. Es decir, te subes la primera vez a cantar porque ha llegado una guitarra a tus manos, porque por una razón (no sabes cuál) has hecho un ‘puñao’ de canciones y porque un amigo te relía y te dice: venga, vamos a tocar… Y te pones a tocar, pero nunca pensé en dedicarme a esto profesionalemtne. Paralelamente, durante estos veinte años, haciendo otras cosas, estudiando otras, cuando terminas la carrera, te das cuenta de que llevas mucho tiempo cantando. Me di cuenta que ya curraba de esto, me ganaba la vida cantando por las tabernas, aunque también era una pasión, y así llegué a hacerme cantautor, o cantante, o músico, o lo que sea esto.

Qué recuerdos conservas de esa Carbonería. Sí, para la gente  del curro de la canción de autor, ha sido referente. Desde que comenzara esa costumbre de canción de autor en la Carbonería, con Alfonso del Valle y compañía. Yo era un chavalito, iba a La Carbonería y me decía: »yo de mayor quiero hacer eso». Nos pegamos cuatro años muy divertidos. Esa regularidad tocando hizo que los temas crecieran, se afianzaran y sonaran mejor y nos dio a conocer a mucha gente. Muchas de la gente que nos conoce ahora fue gracias a esos cuatro años ininterrumpidos lunes tras lunes cantando copla.

¿Y esos guiris que se siguen acordando de vosotros a pesar del paso del tiempo?Eso es bonito, con eso tenemos la tranquilidad de que, sin compañía ni distribuidora, nuestros discos están en los cinco continentes. Teníamos un alto público de Erasmus. Nos escribían desde Francia, Eslovenia, Alemania. Esta primavera pasada estuve en Verona, que fui allí y a Venecia a tocar, y andando por una plaza me encuentro con una chica que venía a verme por entonces a la Carbonería en su época de Erasmus… Eso es muy emocionante.

Sala X, 5 de noviembre, un despliegue de músicos bastante importante… Ole. Muy contentos porque, desgraciadamente, tocar con una banda completa, entre que en esta ciudad, con estos problemas que tenemos de legislación sobre ruido y acústica, no puedes montar una banda, y luego porque económicamente es inviable. Entonces damos muy pocos conciertos al año. La banda entera es con la que llevo currando todos estos años, son los mismos músicos de los tres o cuatro últimos disco para acá, y además es gente de la que estoy muy orgulloso, gente estupenda, gente que viene de otros proyectos y grandes profesionales: Enrique Mengual al bajo, Luis Carlos Curiel a la batería, Alejandro Rodríguez a la guitarra, Leslie Jordan al violín, Rafael Arregui a los teclados, súper pianista que toca con todo Dios, Manuel Jiménez Ballena, percusionista que, en esta ocasión, no podrá estar con nosotros porque está fuera.

Y luego la ocasión especial de hacer un concierto conjunto  Miguelito Bueno y yo. Digo conjunto porque nosotros nos hemos criado -como quien dice- en esto de la música juntos. Aunque son dos conciertos separados, compartiremos músicos y compartiremos alguna  que otra canción.

Dices que tu música pretende reírse no del mundo, pero sí con él…

La canción de autor, lo que dicen los ‘teóricos de’, es una canción que pretende hacer un análisis del mundo, y en mi caso, aunque no siempre, el humor es una de las vías para contar cosas.  Una clara pretensión de reírnos juntos, de mirar cómo es este mundo y a través del humor entenderlo y ponerlo en cuestión, y también jugar un poco a que podría ser de otra manera. Por eso digo lo de reírnos. Luego los temas tampoco es que sean demasiado divertidos (la muerte, el desamor), pero mira, no sé quién dijo eso de ‘No hay nada más serio que el humor’, y a nosotros eso nos pone mucho.

¿Los cantautores siempre tenéis que retratar una realidad?

(Risas) No necesariamente. Verás, uno tira siempre de su vida porque (en mi caso al menos) uno no tiene tanta imaginación como para inventárselo todo. No es un Julio Verne. Uno tira de su vida y también de la de los que tiene a su alrededor. Uno hace literatura, inventa lo que considera oportuno y conserva de la historia lo que le parece divertido. No hago periodismo, donde uno tiene que ceñirse a la realidad.  Ojo, a veces cambiando las cosas para que se parezcan más a la realidad. A veces nos pasan cosas tan increíbles, que te ves obligado a cambiarlo para que parezca verdad. Uno intenta buscar, como decía Agustín García Calvo, lo de la sangre común: contar la historieta intentando que el que la escucha tenga la sensación de que a él también le pasa. Estoy contento si uno después de un concierto se acerca a eso de: ‘Tío, eso es lo que a mí me pasa’, aunque no siempre ocurre (risas), pero bueno…

Musicalizas a grandes poetas

Otros de los referentes de cuando yo tenía quince años fue Paco Ibañez. Me llegó una cinta suya y me volví loco, porque me interesaba la música y porque me abrió mucho las puertas a la poesía. Y me dije que eso lo quería hacer. Uno de los primeros curros de ganarme yo la vida cantando, ese primer trabajo donde te pagan por hacer algo, fue cantando por colegios e institutos poemas musicados. Me atreví a poner músiquita a algunos poemas. Y como la poesía siempre me interesó y me gustaba esto de cantar, cada vez más fui poniendo música a poemas que me gustaban y llevando a cabo ese tipo de espectáculo. Luego se concretó en un ico que hice, se llamaba Poesía Cantada, poniendo música a Juan Ramón Jiménez, Ángel González, Pedro Salinas. Sigo teniendo relación con este matrimonio de la música y la poesía, llevo muchos años trabajando con la gente de la Palabra Itinerante, que es un colectivo de poetas de aquí de Sevilla, y con ellos sacamos un libro disco y rodamos con un espectáculo que se llama Su mal espanta, con el que hemos viajado por los extranjeros acercando la poesía y la música a sitios que yo pensaba que no iba a pisar en mi vida. Con otros poetas también he hecho cosas, como Carmen Camacho y María Ruiz Faro más recientemente. Me pone la poesía también, sí.

¿Por qué En el Callejón de Gato?

(Risas) Pecado de juventud. Como podrás comprobar, es muy contraproducente, un nombre muy largo y muy difícil de recordar. Por aquellos años, nos dio por la obra de Valle-Inclan,  Luces de Bohemia, la cual tiene una escena que transcurre en el callejón del gato, en el Madrid de entonces, un bar que en la calle tenía unos espejos cóncavos y convexos que deformaban la realidad.  Y entonces ahí Valle-Inclán, a través de su personaje, expone su teoría literaria de lo de El Esperpento. «Esto es la realidad española, los ideales deformados por…»  Y entonces, en ese momento jovencito pedante cantautor, dijimos que eso era lo que queríamos hacer. En vez de llamarnos Lokillo y los Trogloditas, Alaska y Dinarama, nosotros nos llamamos Daniel Mata en El Callejón del Gato. Cambiamos el «y» por «en» por eso darle un poco más de juego al asunto.

¿Ciudades próximas?

Lo próximo es Murcia, Cartagena, otra vez Valencia y Albacete. Aparte del de la Sala x, en noviembre, con el espectáculo de los poetas, Su mal espanta, estaremos en la sala Colombre.

¿Y tanta carretera?

Quema proque son muchas horas y Bilbao está muy lejos. Pero esto también es un poco vocacional. Es cierto que te pegas muchas horas viajando, pero la carretera tiene su puntito. Estar fuera te permite viajar, conocer gente, ver muchas cosas. Te permite también salir  cuando estás harto de tu ciudad y volver con más cariñito…

¿Has obtenido de la música lo que esperabas?

De la música he obtenido mucho más de lo que yo me podía imaginar. Estar cerca de la música, disfrutar de primera mano del milagro de estar con los músicos, asistir al alumbramiento de una idea… Eso… Eso es muy guay. Y luego muchas satisfacciones: desde la gente que he conocido, hasta los sitios que he visitado. Y yéndome a un terreno más práctico -otra cosa que yo no me podía imaginar cuando era un ‘chavalín’- es mi manutención. No es que me reporte grandes ingresos, pero como no tengo vicios caros, pues me da para comer. En mi caso, la música no era el plan perfecto para forrarse. Y muy lejos de obtener un sueldo digno, eso también. La verdad que nunca he medido esta historia en objetivos. Más que un sitio a dónde llegar, lo veo como una cuestión de resistencia. «Ostia, un día más en que me he levantado y una de las cosas que tengo en el coco es: ‘a ver si termino de cerrar la canción que tengo en la cabeza’.

¿Algo más?

Animar a la gente a que haga lo que quiera.

 Aquí ha calado la persecución de convertir en delito la música en directo. Hace algunos años, la gente que se dedicaba a la cultura tenía subvenciones y estas cosas, ahora ya ni siquiera eso. Ahora mismo es: dejadnos hacer, que ya nos pondremos de acuerdo los músicos con los empresarios para hacer música en directo. A la gente claro que le interesa y le engancha la música en directo, y más si consigues crear un espacio donde pueda desarrollarse. Yo me enganché a la música en directo porque iba todos los días a la Cabornería y todos los dias había algo. Aprendía porque había un sitio donde ver conciertos todos los días, ahora eso está muy complicado. Si los poderes públicos hicieran algo por intentar facilitar -no dar, no es cuestión de dinero- y apoyar que los espacios hagan música en directo, todo sería muy diferente. Eso lo tenemos que reinventar entre todos. Y entre todos es que los músicos nos reinventemos, que la música demande música directo, porque no hay político que se enfrente a una amplia mayoría.  O nos ponemos a hacer para que haya una demanda de público que diga: oiga, me da igual quién gobierne, pero demandamos música en directo… o no sé. A ver cómo lo conseguimos.

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