¿Son los ciudadanos responsables de lo que han votado? (Enemigo del pueblo)

Herik Ibsen escribió “Enemigo de pueblo” en 1882, trata de un conflicto que sigue vigente actualmente, el conflicto de intereses y ético, entre intereses económico o justicia social. En concreto, el Dr. Stockmann, denuncia el balneario del pueblo (principal fuente de actividad económica de los vecinos), tiene sus aguas contaminadas y es un auténtico peligro para la salud. Sin embargo tanto el alcalde, los empresarios como los medios de comunicación locales, no quieren que salga a la luz, porque sería un verdadero desastre para el pueblo. Poco a poco, el doctor va quedando aislado y sólo en la denuncia de ello, enfrentándose a todos sus vecinos. La cuestión es clara, o se cierra el balneario y se limpian las aguas (obra de un nivel económico imposible para el pueblo), lo que supondría una debacle económica para todos los vecinos, o se enmascara para buscar una solución a largo plazo, mientras siguen llegando turistas y enfermos al balneario. ¿Qúe harías tú?

A través de la obra, van saliendo diversas cuestiones centrales de las sociedades actuales, el poder del voto popular y el sufragio universal, la libertad de expresión, ¿deben de votar las personas que ignoran total o parcialmente las cuestiones que afectan a una comunidad? ¿Cómo se decide quién está preparado para votar?

La apuesta de Álex Rigola es verdaderamente arriesgada, no sólo por romper la cuarta pared y entrar en diálogo con el público, algo ya hecho anteriormente. Su riesgo está en el modo de representación, alejado del teatro convencional, y el tema de debate, la política, algo que de primeras es un tema que genera cierto rechazo en la sociedad.

Pero Rigola y su “Enemigo del pueblo” son valientes y en cuanto el público se acomoda en sus asientos les lanza la responsabilidad de seguir o no con la obra de teatro: ¿Estáis dispuestos a terminar ahora mismo la función como acto reivindicativo por la libertad de expresión? En Sevilla 155 personas votaron acabar la función y 199 seguir con la función.

El final de la obra es un debate entre el público y los personajes de la obra, lo cual hace que cada obra sea diferente, cada debate un mundo. El que se dio el pasado viernes en el Teatro Central, giró en torno a la democracia, el sufragio universal y la responsabilidad del voto, siendo la clave central que aportaba el público: la educación.

Quise participar, pero que quedé con el micro en las manos, en ese momento acabó el debate, y mi cuestión era: La clave es la educación, pero ¿quién controla la educación?, o más bien ¿quién controla el pensamiento?. La cuestión no es votar o no votar, quien controla los medios de comunicación, los programas educativos, nuestro ocio, controla lo que pensamos. La solución no es el control evidentemente sino una sociedad plural donde todas las sensibilidades se puedan expresar. La solución desgraciadamente, no la tengo.

Hoy en día con sufragio universal y democracia, los poderes económicos, los medios de comunicación, los programas educativos, están controlados por unos grupos concretos cuya línea central y estructural es: el capitalismo y sus valores. Y la gran victoria es la hegemonía, es decir, su mensaje ha calado en una sociedad que asume como propios los intereses de esos grupos de poder y sus valores. No conocemos otro modelo más justo que el sufragio universal y la democracia, pero hoy en día está lejos de ser perfecto.

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