5 marzo, 2024
El artista catalán se sube al escenario del CAAC para repasar su último disco junto a Javi Vega, en un concierto que se ha convertido ya en todo un clásico del ciclo.

Fotografías por Elena Gato

Cuando elegí cubrir a The New Raemon en Nocturama asumí el compromiso de escribir su crónica con celeridad, y aunque todavía sigamos en el mismo ciclo, el calendario me dice que ya hemos cambiado de mes. Y hasta de país. Mi excusa no es la desidia sino que, simplemente, las circunstancias muchas veces nos obligan. A Ramón le pasa tres cuartos de lo mismo. Hace un par de años nos prometió que se tomaría un descanso para darle un respiro a la música pero, según parece, los desacuerdos que a menudo ocurren en la industria musical hicieron que los planes de futuro de Ramón Rodríguez dieran un giro inesperado; para él y para todos. La grabación de su Oh, rompehielos fue la respuesta a la necesidad de cantar para poder atravesar lo que se antojaba, literalmente, como el invierno más frío. La buena noticia entre tanta dureza es que no hemos tenido que esperar demasiado, solo hasta el verano más caliente, para volver a verlo sobre las tablas. Así que las circunstancias hicieron que me acercara esos últimos días de julio (antes de lo previsto) al escenario de la Cartuja.

Pero antes de que Ramón tocara a regañadientes “Te debo un baile”, unos chicos de Sevilla nos presentaron su Sol de Andrómeda. Hidalgo nos recibía al caer la noche con su pop ruidoso y un tanto pasado de decibelios. Los asistentes se congregaban en las barras para combatir el protagonista del pasado mes, el impertérrito calor, mientras Hidalgo reformulaba lo que se inventaron J y Los Planetas hace ya bastantes años. Se trajeron la fuerza y la saturación de los de Loja pero se dejaron por el camino algunos estribillos que quizás hubieran hecho acercarse a un público sediento. Sin duda es buena cosa que te comparen con los genios granadinos sin morir en el intento pero, para ser justos, nos debemos una segunda cita para poder apreciarnos mejor. Prometido queda.

Ramón Rodríguez suele dar pocas sorpresas. Un concierto de The New Raemon siempre te deja ese regusto a cercanía, sensibilidad y sentido del humor tan familiares. Pero comenzar con “La cafetera”, uno de sus temas más celebrados, fue una de las pocas sorpresas de la noche, sorpresa que parecía más un deber para con sus fans que un deseo a incluir en su setlist. Cumplido el trámite, los rezagados nos acercamos al escenario para degustar un repertorio compuesto de nuevas canciones y recuerdos de siempre, como “Sucedáneos”, de su Dimensión desconocida, o “La ofensa”, de Tinieblas, por fin.

Salir a cantar al escenario solo con un par de guitarras puede interpretarse como una maniobra temeraria en la que la cuota rítmica se debe completar con los aciertos en el diapasón de la guitarra o los vaivenes de la punta y el tacón. Así que contar con Javi Vega como motor de la estructura de estas historias es más que lujo y precisión. Javi asumió esa responsabilidad gracias a la experiencia de los años de Maga y los actuales tiempos de Sr Chinarro, y que para Ramón fue, en definitiva, tener cerca el buen hacer de un músico genial para apuntalar cada frase con el repique de su Precission Bass; pero sobre todo fue contar con un buen amigo.

Así que con esa complicidad sobre las tablas las cosas solo pueden salir bien, incluso cuando te permites el lujo de dedicarle “El yeti” a la mujer de tu bajista. Ese clima de cercanía, a medio camino entre un monólogo y un recital poético, hizo que el repaso a “La Ofensa” o “Por tradición” tuviera menos seriedad y mala leche que en el proceso de gestación de esas canciones. Y es de sobra conocido que Ramón adereza sus interrupciones con anécdotas recurrentes, desde la pertinencia de incluir “Hoy estreno” por ser muy cursi, hasta la locuacidad de su acompañante y bajista. Total, que cuando sonó “La reina del amazonas”, single de su último disco, y “Oh rompehielos”, canción que le da nombre, vimos como el protagonista de esta historia se encontraba completamente relajado para apuntillar cada tema con un sentido del humor muy catalán.

Y sabiéndose ganador no tuvo más remedio que dar rienda suelta a su ingenio para enlazar varias canciones de su celebrado A propósito de Garfunkel, que hizo que gran parte del público (en especial el Gato Negro que me acompañaba) cantara a viva voz “Hundir la flota”, “El Cau del pescador”, o “Saben aquel que diu”, dedicado a su amado Eugenio. Así que el final del concierto fue un devenir entre las risas de los asistentes y la sensibilidad de los artistas que no dudaron en hacer guiños (demasiado familiares, por cierto) al “Wicked Game” de Chris Isaak, al manierismo de Martes y 13 o al extraño acento de los personajes de Futurama.

Pero que nadie caiga en la tentación de acusar a este artista de apostar por el aplauso fácil. En los bises, y sin la ayuda de Javi Vega, Ramón Rodríguez nos acunó a todos con una versión a guitarra de “Galatea” y “La dimensión desconocida”, dos temazos que dejaron un sabor exquisito a verano, a celebración y a despedida. Así que contradiciendo la letra de “El yeti”, no podría más que agradecer que los problemas de Ramón con el pasado nos hayan traído antes de tiempo a este artista a los patios del convento del CAAC. Porque Ramón, The New Raemon: siempre es mejor volver a verte.

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