21 abril, 2024
El caribeño, que habla a las mujeres en sus canciones, hizo girar el concierto en torno al público femenino, que fue mayoría. Pabellón de San Pablo, 9 de abril.

Palacio Municipal de deportes San Pablo, 9/04/2015

Fotografías por Nuria Sánchez

Noche Internacional de la Mujer en San Pablo. Y nunca mejor dicho lo de internacional, porque las banderas latinas (Ecuador, Colombia, República Dominicana, etcétera) estaban presentes como si aquello fuera la Basílica del Pilar. Las enseñaban, orgullosas, ellas. Las mujeres, que fueron protagonistas desde la demorada (una hora de retraso) salida de Romeo hasta la despedida entre los sones de la archiconocida “Propuesta indecente” pasada ya la medianoche de un jueves que comenzó temprano para las hicieron cola bajo la lluvia y junto al pabellón desde por la mañana.

Tuvieron su recompensa. Romeo Santos, vestido como un personaje de Corrupción en Miami, les cantó. Las hizo partícipes, discurso feminista incorporado, de un espectáculo que tuvo de todo, pero sobre todo, ritmo. El que pusieron los más de quince músicos (cantaor flamenco incluido) que acompañaron en el escenario al caribeño, que con su voz melosa las fue conquistando verso a verso. Piropo a piropo, hasta que cayeron rendidas entre alaridos y contoneos desde todas partes del recinto, que presentó buen aspecto a pesar del precio (de 55 a 150 euros) y de no ser fin de semana (jueves).

Poco les importó eso a quienes iban dispuestas a darlo todo. A cantar y bailar con él, ya fueran canciones recién salidas del horno de Fórmula vol.2 (2014) o de principios de siglo como “Noche de sexo” (2003) o la “Obsesión” (2002) de la Aventura que aparcó para sentarse en el trono de la bachata, como rey que se autoproclama en esta gira con la anuencia de miles de súbditas que fueron a adorarlo. A mostrarle, ya fuera aporreando las vallas o con pancartas de todo tipo (‘TE AMO’ o ‘ERES MI AMOR’), su locura por este treintañero que las revolucionó de principio a fin.

A una de ellas, llamada Jacqueline, casi le da un infarto cuando ‘su’ Romeo la invitó a subir para cantarle al oído, dejarse magrear y darle un par de besos que encendieron al público más que las llamaradas de fuego y humo que brotaban del escenario junto a las cinco mega pantallas. Ese fue el clímax de un concierto muy ‘caliente’ en el que se fueron muy satisfechas. Romeo cumplió las expectativas (también musicalmente) y Sevilla gozó. Y mucho.

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