15 abril, 2024
El sexteto clausuró el ciclo con una noche elegante y divertida gracias a su swing

Fotografías por Valentina Ricci Photo

http://i1083.photobucket.com/albums/j390/Elena_Gato/O%20Sister%20en%20Nocturama%20Septiembre/sisters%2012%20di%2022_zpsdsqinmat.jpg

El legado de la una parte de la historia de la música norteamericana embalado en una cajita y depositado en un escenario en medio de un patio en Sevilla. Como si alguien hubiera decidido adelantar la Navidad y obsequiarnos con ese viaje en el tiempo y el espacio que siempre quisimos hacer. A un momento en el que el wiski se bebía a escondidas y tener una radio ante la que arremolinarse era todo un privilegio. Y la aventura de O Sister! nos llevó del oído, expectantes primero y embobados después, hasta la época en la que debieron haber nacido. O quizás a algún pasaje de El gran Gatsby.

Con una asistencia más que notable en las instalaciones del CAAC, en el que era el último concierto del ciclo Nocturama Septiembrela formación también consiguió que más de uno hiciera, ese cruce de piernas a lo charleston que no se permitía desde hace tiempo. Perfectamente conjuntados, tanto en vestuario como en coreografía, presumieron de una armonía vocal impecable enmarcada por unos músicos precisos en segunda fila. Sus guiños humorísticos, su divertido histrionismo y la puesta en escena se aliaron con la abierta simpatía de la banda, dando como resultado una noche deliciosa que muchos disfrutaron en familia.

Gracias a esa suerte de investigación arqueológica musical, rescatando canciones que suenan hoy, al menos, tan bien como debieron hacerlo en su momento, O Sister! ahonda en un género poco visitado. Y la labor se agradece. Así, sonaron composiciones como «I´m gonna sit right down (and write myself a letter)» «Shine on, harvest moon», de 1908, en la que se incorporó su particular violinista en el tejado y cuya sección de viento corrió a cargo, al igual que el resto de la noche, de los efectos de las prodigiosas voces. Al pianista tuvimos la ocasión de tenerlo sobre el escenario a partir de una deliciosa «I hate myself», apreciando cuánto aporta el instrumento (y su intérprete, Ángel Andrés Muñoz) al swing de los sevillanos.

También afloraron joyas inéditas como «I wish I were twins» o una divertida «Roll On, Missisippi, Roll On». En «Heebies Jeebies» tiraron de banjo y requirieron la colaboración de los más pequeños, al igual que en «Crazy People» y su baile de la gallina, uno de los momentos más entretenidos de la velada. Nos contaron una historia de terror reflejada en el ambiente lúgubre de «Ol’ Man Mose», gracias al cual los presentes se prestaron por primera vez a hacer los coros y participar.

Tras los aplausos y requerimientos de rigor, el ambiente sureño envolvió un bis con escoba incluida para «Cryin’ Blues» y trajo los sonidos de los pasos arrastrados de Raska-yú, único corte en español del conjunto. Interpretado en exclusiva por Marcos Padilla y con la colaboración en los coros de Paula y Helena, tanto este como el viejo Mose pertenecen al oscuro y humorístico «Spooky Sessions». El final no deseado llegó con la elegancia y el jazz de «Sentimental Gentleman from Georgia», con toda la banda metida en el ajo. Quitándonos los años de encima y volviendo al presente sin contemplaciones, pasamos de los años 20 al siglo 21 de una tacada cuando O Sister! bajó del escenario. Y con ellos, el final de esta travesía. Más de uno volvió a casa imbuido del espíritu de los años locos y pensando, seriamente, en acabar con la Ley Seca.

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