21 abril, 2024
Vetusta Morla se despide temporalmente del sur y ha sido Málaga, la ciudad elegida para poner el punto final a la gira de su tercer disco, La Deriva (2014), por tierras andaluzas.

Fotografías por Mike Romer

Septiembre agoniza, el verano ha llegado a su fin y ya ha dado comienzo el inicio de una temporada más. Decimos adiós –o hasta luego- a nuestros seres queridos y nos embarcamos en una nueva odisea. Un tiempo de cambio, de novedades, que exigen nuestra mayor capacidad de adaptación. Y para poder superar dichos cambios debemos ser valientes y creer en nosotros mismos. La suerte está sobrevalorada y con ella, no se llega tan lejos como quieren hacernos creer. Por eso mismo, a veces, sólo a veces, lo único que necesitas es cerrar tus ojos y dejarte llevar. Sentir, re-crearte contigo mismo y re-inventarte a través de notas musicales que te dan alas y te regalan viento a favor.

Vetusta Morla tiene precisamente esa capacidad, de darte alas y permitirte volar allá donde tus sueños indiquen. Y es que tras varios años de intensas giras casi ininterrumpidas, La deriva (2014) del grupo madrileño va llegando a su fin, por ahora. Un año y medio desde que publicasen su tercer álbum que les ha llevado por la geografía de allí y de aquí nonstop. Resulta comprensible pues, entender que el grupo oriundo de Tres Cantos, necesite hacer un alto en el camino y recuperar fuerzas.

Para decir adiós al sur eligieron Málaga, el día 25 de septiembre a las 22:00 y el lugar, El Palacio de los Deportes Martín Carpena. Un show en vivo completo y enérgico de principio a fin. Y es que a pesar de elegir un sitio techado y disponer de una cuestionable ventilación, el sudor y el agobio multitudinario quedaron en segundo plano, comparado con el éxtasis coral y musical, con manos levantadas, palmas al ritmo y una marea de dispositivos móviles que, a golpe de voz y acorde, despertaron el espíritu del público.

Vetusta Morla traía ganas de conquistar el alma de todos los allí presentes y haciendo uso de su propia marca, de una iluminación envidiable, con tonos rojos y violetas imperantes, y de una pantalla en la que mostraban diseños relacionados con su música, Morla nos hizo a todos un poco más vetustos.

Una vivencia en la que la retórica y la lingüística hacen el amor con la música, causando fervor en un público enardecido y en su más puro estado. Una hipnosis sensorial a través del vehículo de sus canciones, que conecta con las inquietudes de cientos de personas congregadas y que comparten un nexo en común; Vetusta Morla.

Y es que la vieja tortuga alienta a que persigamos el fin de nuestra historia, buscando nuevos cruces y atajos, creando vínculos insondables que perduren en el tiempo.

Ceniza de fénix, perfil de coral torcido y herido/ Con cada latido celebra que nuestra historia continuará. / Los días están contados y no hay más que temer.

Como si de una lista de ingredientes de tratase, este hechizo cobró vida y manifestaba su influencia en las sonrisas que se dibujaban en el público, conscientes de estar viviendo un momento único e irrepetible. Quizás no me refiera a Vetusta Morla y quizás hablo de que ellos fueran la excusa, la causa de que allí se forjasen y endureciesen lazos de unión. Pues allí se respiraba el tipo de ambiente que se percibe cuando sabes que algo va a cambiar y tienes esa certeza de que, sin saber muy bien por qué, aquel momento es especial.

Podría hablar de la banda y deciros cómo Juan Pedro Martí (Pucho), parecía agarrar el pie de micro como si fuese su más fiel amante, del trance en el que parecía estar, allí arriba montado, bailando y conjurando, en pleno frenesí sensorial. También podría hablaros de la gran profesionalidad de Juan Manuel Latorre, de David García, Álvaro Baglietto, Jorge González y Guillermo Galván, el resto de miembros que conforman un grupo, conocido por su concentración y simbiosis a la hora de mostrar sus composiciones, magistralmente efectuadas. La verdad, es que si no estabas allí, carece de sentido. La próxima vez, vas y lo vives por ti mismo. Créeme, merece la pena.

Por supuesto que no todo es bonito y nada es perfecto. Pero cuando vas a ver a Vetusta Morla no buscas perfección, sin embargo, acudes a sus conciertos sabiendo que el producto que consumes, está tratado con la delicadeza y mimo que hoy en día, tristemente, no abunda.

Definitivamente, hubo de todo y para todos. Un “Rey Sol” que te dice “Lo que te hace grande”, hubo una “Maldita Dulzura”, bella y cruel como ella sola; un “Golpe Maestro” que nos dejó desencajados y una “Cuadratura del círculo” que todos buscamos sin cesar. Pero sin duda alguna, fueron las “Baldosas amarillas” las que conquistaron mi paz. A Málaga le regalaron el oído los madrileños, que decidieron sorprender con una de sus canciones-epílogo para La Deriva, “Profetas de la mañana” era toda una íntima declaración de intenciones.

Y como último disparo, fueron “Los días raros” –el eterno y perfecto cierre- los encargados de decir adiós, o mejor dicho, un hasta luego al sur. A una tierra castigada por los prejuicios y pesares de la historia actual, pero que alberga una devoción al arte de difícil parangón.

Vetusta Morla, en palabras de Pucho, se despedía, no sin antes indicar su intención de cambiar. Para ellos, el cambio es inherente en todos y que es el mismo cambio, el que ejerce como motor para avanzar. No podría haberlo dicho mejor. Cambiemos todos, cambiemos juntos.

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