23 abril, 2024
Anda que no mola cuando te diriges a un sitio casi a ciegas. Pues eso. Después de mucho andar con entusiasmo bajo la solana sevillana, llegaba al local de ensayo de El Imperio del Perro para someterles a una entrevista de las mías. Aunque primero me dejarían disfrutar de un ensayo. Genial, me dije.

Anda que no mola cuando te diriges a un sitio casi a ciegas. Pues eso. Después de mucho andar con entusiasmo bajo la solana sevillana, llegaba al local de ensayo de El Imperio del Perro para someterles a una entrevista de las mías. Aunque primero me dejarían disfrutar de un ensayo. Genial, me dije.

¿Los chicos?… Unos anfitriones natos – diría mi madre-, miraron hasta por mi salud, la mía, ¡la de una auténtica desconocida! – que hoy ya no, ojo – y me aconsejaron -todos menos Javier– que me colocara los tapones que Diego sujetaba entre las manos. Así hice. Y el ensayo comenzó. Pero de él no te voy a decir ni mú, que para eso ya les vas a tener este viernes en Nocturama. Comprueba en primera persona la movida, hombre, y luego nos cuentas.

Después, ya sentada y preocupada por no molestar demasiado, prestaba atención a lo que sonaba y a lo que veía. Sonaban temazos que me sacaban una sonrisilla curiosa. Notaba que el humor de Perro con el que había despertado comenzaba a mirar hacia otra parte. Lo que veía te lo cuento después de las respuestas a mis preguntas:

8pistas: habladme del público sevillano… ¿Coincidís con otros músicos en eso de que Sevilla es «paradita» en los conciertos?

El Imperio del Perro: «paradita» dependiendo del sentido que le demos al término. Si hablamos de bailarín, en nuestro caso no, la verdad que nuestro público demuestra pasarlo muy bien en cada directo, nos hemos encontrado con gente que estaba en situación de bailar y ha querido demostrarlo. Es cierto también que en Sevilla hay mucho público que es músico e igual este tipo de público se acerca más a los conciertos para escuchar atentamente que para dejarse llevar en el baile. Pero bueno, el público sevillano no es un público fácil, aunque tampoco creemos que sea extremadamente difícil.  De todas formas, es complicado tener una opinión objetiva sobre el tema, cuesta.

También creemos que la gente en general, dentro de este circuito de conciertos que podrían etiquetarse como «independientes» o de música indie, hoy está más predispuesta a pasárselo bien, quizás porque a la par hay más propuestas artísticas basadas en la diversión y no tan centradas en lo intelectualoide. Notamos que el público está involucrado con el duro trabajo que están llevando a cabo los grupos emergentes como nosotros.

Y bueno, en relación a lo emergente, decir que están saliendo propuestas  que distan un poco del indie estándar. El factor crisis está consiguiendo que la gente tenga tiempo libre para crear cosas nuevas.

Salvando los imprevistos que ya conocemos, ¿Cómo os sentisteis en Nocturama el pasado 2 de julio?

La velada fue divertida, en general estuvo muy bien, algunos problemas técnicos, pero lo pasamos muy bien. Nos hubiera encantado tener menos problemas técnicos, pero son cosas que pasan. En el escenario siempre lo pasamos muy bien… Y ese día también se notó.

Desde la casa, mi compañera Elena Gato destacaba en la crónica de vuestro paso por Nocturama «la labor de Javier Casanueva sacándole brillo a la eléctrica»…

Javier Casanueva: es la primera vez que me nombran en una crónica (risas) – Elena, te queremos conocer -.

¿Qué os parece que utilice palabras como «potentes, salvajes y con presencia» para definiros ?

Cojonudo. Nos parece guay porque además son adjetivos que nosotros mismos usamos para describirnos (risas). Consideramos que son adjetivos bastante positivos, así que genial. Hay grupos más salvajes, más punkis, pero ahí estamos, oye. En el escenario intentamos liarla parda, igual que la liamos – dentro de lo correcto – cuando salimos por ahí. Si hablamos del factor visual, preferimos grupos divertidos y menos introspectivos y las influencias se notan cuando pisamos las tablas. Se trata de pasarlo bien y disfrutar del trabajo.

Aquí se producía un parón donde tomaba protagonismo la edad de Juanma, el batería, que defendía que daba igual la década en que nacieras… todas acaban en «enta», decía… (risas)

Primer Larga Duración para este otoño… ¿Cómo ha sido el proceso de creación?

Ya hemos terminado con la grabación, pero aún andamos liados con los últimos preparativos. Lo lanzaremos a mediados de setiembre. El proceso de creación ha sido un «coñazo» divertido (risas), un proceso bastante intenso de horas y horas de mucho curro. Nos hemos dado cuenta durante este proceso de que son los propios temas los que te piden los arreglos. Hoy podemos decir que el resultado no señala que nos hayamos precipitado, estamos bastante contentos con lo que hemos creado.  El viernes presentaremos temas nuevos en nuestro paso por  Nocturama.

¿Quién se encarga de las letras?

De las letras se encarga Diego. Muchas veces, cuando estamos componiendo en el estudio, él se sienta con el ordenador y escribe al mismo tiempo. Y nosotros pensando que estaba jugando al solitario (risas)… Pero componer, componemos todos. Somos cuatro puntos de vista deconstruyendo para acercarnos a la onda que termina convenciéndonos. Al final, no sabemos cómo, pero obtenemos resultados. Nuestra pregunta es cómo vas a deconstuir tú esta entrevista… (risas)…

¿Qué os pareció que Mondosonoro os apadrinara como grupo demoscópico?

Es curioso porque nosotros las presentación oficial la hicimos en el Monkey Week… Fue todo muy rápido, escucharon nuestro EP en diciembre y rápidamente fue todo sobre ruedas. Date cuenta que le dimos el EP en diciembre y en enero nos pusieron como cuarto grupo demoscópico, lo que nos dio la oportunidad de formar parte de la fiesta que se dio en Sala X Brutal, vamos…

Pero creemos que es porque la gente necesita grupos que disten mucho de lo estándar, lo que provoca que estos llamen la atención. Nosotros -con todos nuestros respetos hacia esos grupos- no sonamos a Vetusta Morla o a Supersubmarina… En cualquier caso, que nos pongan como demoscópico fue increíble… ¿Si nos lo merecemos?… Creemos que sí, la intención de nuestras horas y horas de curro era esa…

Hubo gente de Mondosonoro, y de otros ámbitos, que nos ha apoyado muchísimo. Muy buen rollo, estamos muy agradecidos.

Elegancia, ritmo y mensaje… Vuestros tres pilares básicos. ¿Qué entendéis por elegancia en el terreno de lo musical?

Tener una personalidad muy clara y siempre intentar buscar un punto de distinción dentro del «todos somos iguales». Es cierto que para ser punky no es necesario decir «me cago en la iglesia» con una cresta… Yo puedo expresar el mismo mensaje de una forma más elegante y ser más punky que tú.

¿Por qué El Imperio del Perro para darle nombre a este grupo de cuatro?

El grupo, desde el primer momento, ya nacía adoptando una perspectiva más madura que la que hubiéramos tomado, por separado, en otros proyectos. El Imperio del Perro nos estaba esperando en la esquina con una buena zancadilla, y al final terminamos cayendo. Y ahora te vamos a contar la versión que no solemos contar, la más realista:

Un día estábamos en la Plaza del Pelícano, del barrio de San Julián, desolados porque nuestro antiguo batería nos había abandonado y, de repente, a lo lejos apareció una figura, aterrizó y dijo: «hola, chicos, soy Juanma Poppins y vengo a tocar la batería». Nuestro temor es que ahora Juanma Poppins se vaya a ayudar a otro grupo… (risas)…

¿Qué es lo mejor de un concierto?

Pues lo mejor es cuando la gente está bailando, ese momento en que nos damos cuenta de que lo están pasando bien, cuando terminamos y vemos que hemos hecho un buen trabajo y que las cosas han salido como queríamos.

Nota: el titular que encabeza la entrevista  no hubiera sido posible sin la ayuda de estos chicos. Larga vida a El Imperio del Perro.

Pd: estos chavales, además de simpáticos, tienen un gustazo:

Un cartel inmenso de Monos al Espacio; varias listas en la pared sobre las que aparecían enumeradas las canciones de su primer larga duración; una ristra de luces muy simpáticas que alumbraban lo justo y conseguían que aquello pareciera una cita; un póster de Blur; una Kate Moss ligerita de ropa a la vera de un Camarón; una bandera encima de mi cabeza; un cartel de Led Zeppelin aparentemente sacado del viejo oeste; una lata de Camel más alta que yo; un collar cuasi hawaiano y kilométrico dando el cante; «Fuck the indie» adornando la batería… Y, entre otras muchas cosas que he querido obviar, una calavera -de lo más mona- plateada y bañada en purpurina.

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