17 abril, 2024
Con “La voz de él” dio comienzo el recital que Manuel Cabezalí y los suyos traían preparado. El instrumentista, compositor y voz de Havalina es un maestro jedi haciendo grande el sonido de las múltiples guitarras que lo acompañan.

Fotografías por Mr. Hipérbole

Eran más de las 10 de la noche y el calor aún levantaba sombras líquidas del asfalto. La Policía Local custodiaba una Alameda al borde del botellón, difícilmente contenible en época de elecciones primaverales. Y dentro del FunClub esperaba Havalina, el único espejismo real de esta noche tórrida.

He de confesar que se trataba de mi primera vez en directo con ellos aunque la apuesta estaba más que ganada de antemano, si atendemos a su trayectoria y al boca a boca. El señuelo era, por tanto, atractivo para una principiante como yo. Eso explica también la buena afluencia de público y su entusiasmo, cuando lo que el termómetro pedía era calle y Cruzcampo.

Con “La voz de él” dio comienzo el recital que Manuel Cabezalí y los suyos traían preparado. El instrumentista, compositor y voz de Havalina es un maestro jedi haciendo grande el sonido de las múltiples guitarras que lo acompañan. He ahí la primera de las ilusiones. La de los rugidos que arrojan sus instrumentos, de una sonoridad tan repleta de efectos que los hacen multiplicarse. Y uno tiene que frotarse los ojos para asegurarse de no estar en un juego de espejos.

Son tres pero si no estuvieras de frente al escenario, pensarías que son muchos más. Y lo mejor es que no les falta nada. Junto al virtuosismo de Manuel, el rock de Havalina se nutre del bajo de un Jaime Olmedo, encajado perfectamente en la oscuridad que emana la banda. También hace los coros y es que este chico es un buen fichaje.

Si algo caracterizó la noche fue el tempo del concierto, aupado siempre a las alturas. Con una intensidad obstinada, sonó completo su nuevo trabajo, Islas de Cemento. También apareció con muy buena acogida “Imperfección” (“quiero destrozarte y hacerte daño sin querer”) donde vimos levantarse del taburete a hasta a Javier Couceiro.

Y por si faltaban trucos, el escenario del FunClub el viernes fue el trampantojo perfecto. Sonido equilibrado para lugar cuya trayectoria se hace notar en ocasiones como esta. Porque puede tratarse de una sala pequeña pero sonó gigante cuando acogió a los madrileños. Efímera como una estrella fugaz  pasó “Viaje al sol” y “Ya va siendo hora” dejó espacio para aflojar un poco las cuerdas y tomar una cerveza en la barra. La voz de Manuel gana presencia en temas como este que, a su vez, nos recuerda que hay mucho de poesía en esta empresa. Concretamente la de su hermano, J.J. Cabezalí, responsable de 6 de los 11 temas.

En el recuerdo queda la atmósfera que crean los más de 6 minutos de duración de “El olmo centenario”, que se vuelve poderosa antes de los alaridos de Manuel en “Dónde”, desgarradora y metalera como el inquietante “Cementerio de coches”.  Es la cara más cruda de una moneda cuya cruz se deja ver en temas como “Ulmo”, de nuevo lírica en estado puro. Tras el bis llegaron las dos últimas dentelladas. “Incursiones” y “Norte” nos escupieron algo aturdidos a la realidad. Fuera de este oasis volvía a extenderse un desierto repleto de islas de cemento.

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