Genérica hace con la música lo que siente por ella

La Música se hace más especial con ellos en el escenario.

Y en esas estabas. Era 20 de junio y  la ciudad  comenzaba a celebrar el Día de la Música cómo podía. La resaca todavía te duraba mientras te quitabas al «festivalero» que hay en ti y te preparabas para la fiesta que Fnac ofrecería a puertas abiertas y de entrada libre y gratuita. Que nunca pare la música, rezabas.

Y no, que aunque sólo fuera una jornada, no tenías otra que sonreír cuando leías a Genérica dentro de las once horas de directos con las que Fnac, a golpe de negros, blancos y amarillos de diseño, intentaba que fueras fiel y puntual a la cita. Una alegría se adueñaba de la una de la tarde en un sábado que te mantenía expectante, porque sabías que los de Sevilla, de nuevo, estarían condenados al éxito. Que fuera sencillo o no, lo descubrirías cuando sus «camisas raras» te tocaran en acústico y te cantaran a la cara. Como resucitan las buenas verdades cuando Todo es mentira, título del film que, al parecer, verías ese mismo fin de semana.

Inevitable, llenaba de deseos la que te rompía el silencio. Caía tan sonora porque sabías que los silencios, aún vacíos, albergan un potente ruido, precisamente, porque pueden durar toda una vida. Y su letra, aunque te hiciera recordar heridas, heridas que no sanan y que sólo provocan otras heridas, actuaba como una especie de bálsamo para tus miedos, que morían sin más, evitando una despedida. Con «El Vigilante» presentaban su Evite Morir de Rabia ante un público que se multiplicaba de forma natural. Y, ciertamente, con ésta comenzaban a evitar muchas cosas y a conseguir otras tantas.

Conseguían provocar un rato de intensas emociones. Emociones que te arrastraban a un mundo que quizás hoy ya no fuera el tuyo, pero que seguía formando parte de ti. Y lo agradecías porque la música fue creada para ponerle banda sonora al pasado y para dar sentido al  presente antes de que todo acabe. En ese instante, estaba segura de que pasados diez, diría que 2015 fue el año en que evité morir de rabia, y lo conseguí.

Y así, desde dentro, veías a una banda creciendo a golpe de directo que te hacía testigo de sus vidas a base de anécdotas. Veías a unos tíos tranquilos, sencillos, pero muy peculiares. Cada vez más peculiares. Veías cómo la forma de moverse en ese escenario era propia de grupos con extenso recorrido; cómo se adaptaban a lo que les pusieran por delante y cómo de jóvenes eran todavía. También veías cómo avisaban de que los temas venían en formato acústico, invitándote a que asistieras al directo con el que formarán parte del ciclo Nocturama junto a Full el esperado nueve de julio.  Veías ambiente creado con un toque personal. Veías éxito futuro y trabajo a las espaldas. Y todo lo veías porque no era complicado imaginar cuando «Gran Manzana» ocupaba el espacio con palabras: No hay nada que pueda evitarlo.

Entre tanto, había llegado el momento de que un buen amigo de la banda ya estuviera por allí, pero no. Los chicos decidían darle cinco minutos más y cambiar el repertorio. Todo porque pudieran dedicar la de «Los Cuervos» a Fran Montaño, co – vocalista de los Bittersweet y fiel seguidor de la que dice hemos montado el negocio del siglo. Y después de que «Laberinto» hiciera lo suyo,  aplaudías la llegada de Fran como si fuera la más esperada del año, y éste se acomodaba con una sonrisa de escándalo para disfrutar de su tema predilecto.

Tomaba sitio la hora de rememorar su paso por Granada, uno de los más significativos para el grupo, y para hacerlo en condiciones se marcaban el homenaje a los Lori Meyers con «Luces de Neón». El paparapapapa resucitó pero bien. Tema que te transportaba a otra época con otras personas. Y además, para más inri, se notaba que no querían que te olvidaras de «Vudú», porque mejor no podrían haberla tratado, no. Aunque no sin antes balancearse  por los ritmos de «Corona de Espinas», tema que el público conocía bien y cantaba mejor. Te acercabas al Fruto de la última tentación.

Un estirado final no podía tener nombre sin mencionar al responsable del diseño del disco. Genérica, con Rafael Pachón al micro, daban a conocer el arte que Ricardo Cavolo ha volcado en este Evite Morir de Rabia, llenando de colores vivos la primera página de este viaje que cuenta una historia.

Pero el tiempo de directo iba agotando canciones cuando «Átame al Mástil» abría camino a «El Despido», después de que los chicos cantaran la primera dos veces consecutivas con el público participando de lleno.

Las luces se encendían como siempre que termina algo y te marchabas pensando que Génerica es ese grupo que hace con la música lo que siente por ella.

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