FeMÀS: Encuentro en la Francia barroca

· Crónica con la colaboración de Guadalupe Martín Pino

Este fin de semana concluye el festival que ha dado la bienvenida a la primavera llenando Sevilla de música antigua. FeMÀS ha llevado la música en vivo durante más de tres semanas a espacios como el Turina, la iglesia de San Luis de los Franceses, el Teatro Alameda o el Real Alcázar. Además de las diversas actuaciones callejeras y el colofón final que clausurará el festival con el concierto de Amsterdam Baroque & Ton Koopman este sábado en el Teatro de la Maestranza.

Tuvimos oportunidad de asistir a uno de los conciertos programados en el interior de esa joya arquitectónica barroca de Sevilla que es la Iglesia de San Luis de los Franceses. No había escenario más apropiado para este concierto, presentado como Encuentro en la Francia del s. XVIII, que recogía en su programa sonatas de cinco destacados músicos del barroco francés: J.F. Rebel, F. Francoeur, J. Barrière, E. J. de la Guerre y J. B. de Boismortier.

Se podría imaginar, en el título y el contenido, una sutil provocación hacia el estereotipo de un barroco musical francés eclipsado por Lully, Charpentier, Couperin o Rameau, de pura identidad francesa manufacturada por el Rey Sol.

Así, la Francia del siglo XVIII que pudimos escuchar era la protagonista del encendido debate entre el estilo musical francés y la influencia italiana, en el que participaba un riquísimo tejido de compositores y compositoras (pues siempre ha habido mujeres creadoras). Los cinco compositores seleccionados pertenecían a los partidarios del encuentro entre gustos, o la integración de las influencias italianas en el lenguaje francés, una mezcolanza claramente apreciable en sus respectivas sonatas.

Cuatro fueron los intérpretes que colaboraron en esta ocasión en un conjunto muy cohesionado que funcionó como una sola unidad. En el papel de bajo continuo pudimos escuchar al clavecinista Alejandro Casal (profesor de clave en el Conservatorio Superior de Sevilla) y a la violonchelista Mercedes Ruiz (primer violonchelo de la Orquesta Barroca de Sevilla), ambos habituales en la escena de música antigua sevillana y con una consolidada carrera interpretativa. Como solistas, dos brillantes jóvenes músicos: Andrés Murillo (violín) y Víctor García (violonchelo), ganadores de la VII Beca de estudios para la especialización en música antigua AAOBS-FeMÀS 2021/22.

El conjunto supo adaptarse a la perfección a la riqueza acústica de la iglesia (dedicada, precisamente, al rey medieval francés Luis IX), sin que se perdieran ni los delicados pianísimos finales, ni los numerosos efectos de ecos y juegos de imitaciones característicos de las sonatas a la manera corelliana. El resultado fue una interpretación vibrante y enérgica, rica en todos estos matices finamente trabajados.

Mercedes Ruiz hizo gala de una capacidad de escucha y una vitalidad magistrales, perfectamente adaptada, como Casal, al diálogo de los dos jóvenes solistas, que derrocharon finura y virtuosismo. Para ellos, este concierto ha de haber supuesto, sin duda, un hito más en la consolidación de sus, ya tan tempranamente laureadas, trayectorias de proyección internacional.

Son dignas de mención las dos magníficas sonatas para violonchelo y bajo continuo de Jean Barrière, en las que Víctor García se desplegó con una gran elocuencia, elegancia y solidez técnica. Especialmente conmovedor sonó el Largo de la primera sonata, tan especial y delicado que el público contuvo la respiración en el silencio posterior hasta la Giga final. El virtuosismo y la entrega de Víctor García quedaron notablemente patentes en ese Allegro espectacular de la segunda sonata.

En total, casi una hora y media vibrante de música, refrescante por lo desconocida para el gran público y por la menor obviedad de su selección. Un público que se entregó al deleite de descubrir esas voces nuevas de compositores del pasado y estos talentos de músicos del presente. La reticencia general a la hora de abandonar este escenario e intérpretes de lujo dio lugar a que la despedida se postergara gratamente con un bis, una última visita, de nuevo, al Adagio de la sonata de François Francoeur que dejó el mejor sabor de boca imaginable en esta mañana barroca en Sevilla.

Fotografías cedidas por FeMÀS (Aníbal González)

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