23 abril, 2024
Como viene siendo norma (Duval) en los conciertos de Nocturama, podríamos comenzar esta crónica hablando del césped fresquito, las cervezas fresquitas y la noche calentita que el pasado viernes reunió en las instalaciones del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo a los pocos valientes que quedamos en la ciudad.

Fotografías por Mr. HipérboleComo viene siendo norma (Duval) en los conciertos de Nocturama, podríamos comenzar esta crónica hablando del césped fresquito, las cervezas fresquitas y la noche calentita que el pasado viernes reunió en las instalaciones del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo a los pocos valientes que quedamos en la ciudad. Resulta difícil resistirse a los tópicos a los que te abocan el ambiente familiar, las estrellas dibujadas en el cielo abierto y las papas aliñás del ambigú.

Sobre todo si quien se sube al escenario es el etéreo Carlos Sadness, cuyo universo de fenómenos atmosféricos luce repleto de toda clase de fauna y flora mágicas. Todo un adalid del moderneo (ukelele incluido) no podía faltar en una nueva edición de lo que ya muchos califican como Posturama

Pero no quisiéramos pecar de abstractos ni caer en el tópico de esa melena que provoca aplausos. Más bien, quedarnos con algo más pequeño. Como el bolsillo de su camisa (sí, camisa, y de mangas largas, con más de 30 grados a las 23.00…toda una hazaña). Bolsillo en el que supo meterse a una audiencia bastante discreta en número y en intenciones, al menos de entrada. Porque al poco tiempo, más de uno acabó cantando aquello de «Te voy a matar, cuando me acabe de peinaaar».

Aderezó la espera el eclecticismo de los sevillanos Pinocho Detective. Con Fran Pedrosa al frente, la formación hizo los deberes pese a que echamos en falta mayor apoyo a la voz de su frontman (quizás sea el efecto Los Quiero). No obstante, solventaron con actitud un inicio frío que ganó en intensidad conforme iban incorporándose nuevos asistentes.

Y pasadas las once subió el catalán al escenario presentando La idea Salvaje con dos de sus mejores cartas: «El gran momento» y «Perseide». Dicharachero y hablador, a Carlos no se le templó la voz hasta «Días Impares», el quinto de los temas de la noche y, curiosamente, el más delicado si hablamos en términos de afinación. Pero eso no quitó que se nos quedara pegada como un chicle a la suela del zapato una «Miss Honolulu» de cuyo estribillo se encargó el público.

No nos gustaría dejar de alabar la memoria de nuestro invitado. Hemos visto a más de un cabeza de cartel al que se le va la pinza con composiciones mucho menos elaboradas. Como tampoco olvidar ese «Veneno en la piel» de Radio Futura que el músico e ilustrador se marcó improvisando letra. Antes sonó «Feria de Botánica», una de las concesiones que, junto con «Siempre esperándote» (nuestra favorita)«Monteperdido» y «Hoy es el día», hizo al resto de su discografía. También escuchamos una bailable y oportuna «Bikini». Completaron el repertorio «No vuelvas a Japón» y «Qué electricidad» (más meneos) para sublimar el bis cerrando el círculo como lo abrió, con «La idea salvaje».

Qué bien nos hubiera venido ese «El día que hizo más viento que nunca» que no sonó ni sopló. Pero ya tocaba escapar de las apreturas del bolsillo de este caballero esbelto de largo cabello, que bajó del escenario seguido cual flautista de Hammelin por el grupo de incondicionales que pasó todo el concierto ocupando las dos primeras filas. Y fin de la historia y del cuento de momento. A los mandos dejamos a La mujer barbuda y tachamos otra noche encantada en el calendario de un Nocturama que ya mira de reojo al próximo jueves.

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