13 abril, 2024
La banda de Madrid vuelve con su tercer LP bajo el brazo tras seis largos años de trabajo y la grabación de varios EPs. Nueve canciones que certifican un cambio de rumbo.

Repetirse, esa es la clave. O no repetirse, para ser más exactos. Si te dedicas a esto de la música sabes que no hay formulismos, recetas mágicas ni instrucciones. Intentas hacer y, gracias a tu acción, conectar a partir de la reacción. Pero, ¿qué pasa si ya has pasado la etapa de colmar los deseos de muchos grabando un segundo largo para consolidarte? Pues que surge la oportunidad de grabar un tercero, el de la consagración; el disco para quedarte, que dirían algunos. Miren Iza y los suyos lo presentaron hace más de un semestre y, como quien no quiere la cosa, su trabajo ha florecido durante la primavera para llegar al verano en estado de gracia. Se presenta en los festivales haciendo gala de un nuevo sonido, sirviéndose de directos pesados y atmosféricos. Aletargados. Así que su título no podría ser más adecuado si atendemos al momento presente, el candente momento en que todo gira en torno a la siesta. Es agosto y es el momento de la Calma Chicha. Veamos:

Podría interpretarse que el cambio de Subterfuge a Gran Derby es la clave del nuevo sonido de Tulsa. No sería raro. Solo hace falta echar un vistazo a los artistas que engrosan el sello para saber qué les caracteriza. Así que es muy comprensible que, bajo las órdenes de Carasueño, el disco tome otros derroteros sugiriendo miles de vías para la experimentación. La voz de Miren sigue siendo el punto central de toda la propuesta, dibujando historias de amor acontecidas en diferentes lugares del mundo. Porque cuentan sus protagonistas que el disco se ha gestado a caballo entre Nueva York, Hondarribia y Madrid (su base de operaciones), lo que podría ser la explicación para los caracteres tan diferenciados entre los nueve pasajes.

Comenzar dando “Leña” es un truco muy viejo. Si lees la parte trasera del CD verás que es el título del primer corte pero, lejos de ser una demostración de energía, es toda una declaración de intenciones. Con solo unos segundos ya sabes que ha llovido mucho desde aquel 2009 en el que Tulsa se sentía feliz con el trémolo de sus guitarras. Ahora el buque insignia lo forman los loopers y los samplers analógicos y, aunque se diluyan entre los ecos de los arreglos, siguen siendo factibles las estructuras de versos con estribillo. Toma como ejemplo  la “Oda al amor efímero”, que se ha convertido por derecho propio en el tema de cierre de los conciertos mientras sus seguidores cantan con los ojos cerrados. Te sorprenderás horas después canturreándolo mientras haces otras cosas, como le pasa al más común de los mortales con el más genial de los himnos.

Sin embargo, “No es gente común” es el primer tema cuya aceleración invita a despegar del suelo, aunque sigas con la sensación de que Tulsa aporta lo de siempre pero filtrándolo por los cachivaches electrónicos. Nada te sorprendería, pues,  si no fuera porque este tema da paso a uno de los pasajes más interesantes del largo. “Casa” se postula como un refugio sonoro en el que las nuevas ideas de ahora y la eterna voz de siempre encuentran el lugar donde complacerse. Te reto (si puedes) a escuchar cualquiera de los discos del grupo para intentar encajar este corte en cualquiera de los setlists, un corte que hace que las letras de Miren se tornen casi irreconocibles a través de los surcos del paisaje sonoro que dibuja Carasueño y Charlie Bautista. Todo un placer auditivo que parte el disco por la mitad y tus sentidos en mil pedazos.

Que todo ha cambiado, podríamos decir; pero los “Amantes del Puente” bien podría haberse incluído en Espera la Pálida (2009. Subterfuge), porque el uso predominante de las guitarras con trémolo te recuerda que estás volviendo al origen de todas las cosas. Si algún fan descarriado se había perdido por los paisajes de Casa, esta manía de repetir de Miren hará que vuelva al pasado de un plumazo. Incluso Ricardo Lezón (McEnroe, otra vez, de su anterior sello) le hace los coros en “Bosque”, tema que quizá se haya escrito en primer lugar  y en algún lugar remoto que desconozco. Pero conjeturas aparte, los coros disonantes al final del tema te devuelven a parte de la oscuridad que reinaba en los inicios del disco, la de la lluvia pesada sobre Brooklyn.

“En tu corazón solo hay sitio en los suburbios” sigue siendo una canción de amor pero repleta de sonidos inesperados, donde se dice que hay hasta ruidos de objetos cotidianos; todo un ejército de arreglos que culminan en una saturación audible que contrasta con el minimalismo de “Ay”, la nana preludio de los epílogos. Y aunque Miren te diga que lleva años escribiendo la misma canción, no puedes seguir sus pautas ciegamente. Porque si escuchas “Los ilusos” sabrás que las condiciones han cambiado ya que, deliberadamente, se ha incluído como cierre del disco, dejándote un cierto regusto a “The Ballad of Lucy Jordan” (Marianne Faithfull)  y que Carsueño, gran culpable del resultado de este proyecto, ha reconocido como uno de sus temas favoritos. Todo un acierto si lo que quieres es dejar un buen sabor de boca entre futuros e incondicionales, entre adeptos y escépticos.

https://www.youtube.com/watch?v=jhXCFUj94-c

Así que siendo La Calma Chicha un disco diferente bien tiene la virtud de satisfacer a muchos tipos de público, encontrando ese lugar común donde lo efímero y lo perpetuo se dan la mano. Ese lugar donde el uso de los medios no contradice los mensajes cuando las letras hablan de cuestiones universales. Y si en una primera escucha tu percepción sigue impasible, será mejor que te dediques a otra cosa. Así que te animo a que lo escuches varias veces, porque reconocer lo que nos conmueve, a menudo, implica volver a empezar.

Seguramente harás lo que quieras. Evidentemente, solo es un consejo.

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