29 febrero, 2024

El Teatro Central estrenó la última propuesta de Laura Morales, un hermoso trabajo que explora las nociones de castigo y éxtasis en el cuerpo de cuatro mujeres.

Un auto de fe era un acto público organizado por la Inquisición en el que los condenados por el tribunal reconocían sus pecados y mostraban su arrepentimiento, de ese modo se reconciliaban con la iglesia católica.

La propuesta de Laura Morales se inspira en el último auto de fe que se celebró en Sevilla en 1781 y tuvo como víctima a la Beata Dolores, que no se arrepintió en el juicio, porque según ella no era pecado de lo que la acusaban y fue condenada a muerte. Se le aplicó el garrote vil y después el cadáver fue arrojado a una gran hoguera.

La beata Dolores era ciega desde los 12 años y se le acusaba de haber tenido encuentros sexuales con sus confesores en una espiral de lascivia y disciplina, entre el éxtasis y el castigo. No lo negó, no se arrepintió y pagó con su vida el enfrentarse al orden impuesto.

Laura Morales realiza una propuesta valiente, en el que cuatro mujeres, Marie Delgado, María Pizarro, María del Mar Suárez, La Chachi y ella misma se exponen a través de la danza y ofrecen una obra inquietante llena de símbolos que nos acercan al dolor, el placer, el sexo y el éxtasis.

 “La oscuridad no está oculta, está ahí”

Un dispositivo que se basa en la a extenuación física como modo de llegar al placer, consiguen conmover y generar diferentes emociones.

Desde la oscuridad, nos conmueve  la fuerza del cuerpo de María Pizarro, que me llevan a lo salvaje, algo que traspasa lo humano, que transita lo animal, en una ruptura de la razón, son lugares oscuros, extraños y realmente bellos los que ella propone. Impactante su fuerza expresiva.

“Era el entierro de mi abuela, y yo no paraba de ir al baño para arreglarme el pelo”

No está escrita de modo literal, me llegó así, y me impactó. El vestuario (Nantú) y Marie Delgado llevan a que todavía la mujer se encuentra enclaustrada, condenada. La opresión se ha modernizado, ahora la condena no es la prohibición, es la absoluta necesidad de estar bella siempre, de competir por la belleza, ser consumida por la belleza y la necesidad de reconocimiento: el cuerpo es el nuevo campo de batalla. Antes éramos vigiladas por la policía del estado, ahora te vigilas a ti misma, endovigilancia policial. Marie Delgado te lo abofetea a la cara. Está enorme en su fragilidad y fuerza dramática durante toda la obra.

Ante la guerra que se libra en nuestro cuerpo, tenemos armas, depende de la valentía de explorar nuevos caminos, la sorpresa de lo inesperado y una energía desbordante. Estas claves se vislumbran en la vitalidad escénica de María del Mar Suárez, La Chachi, que conecta el dolor profundo del flamenco con el de la Beata Dolores, el sacrificio que supone revelarte contra el poder establecido, el dolor de ser ayer y hoy mujer, la rebelión como camino a la luz. Enorme la Chachi.

La última parte, es el éxtasis colectivo, socializar el dolor. La emancipación, su eclosión y proliferación tiene lugar en la conexión humana. Es doloroso, es disciplinado, es necesario aguantar mental y físicamente hasta llegar juntas al éxtasis. Primero reímos juntos y finalmente quedamos en un estado de paz. Laura Morales es la detonadora de este dispositivo que explora los límites físicos y mentales de la mujer de hoy, a través de una historia del ayer. Límites siempre inquietantes, como cuando las cuatro beatas exploran con una belleza sutil los muros invisibles, escenificados con maestría por la iluminación escénica (Benito Jiménez).

Mención especial a la música creada por Juanlu Matilla (Mopa), tiene la potencia de crear la atmósfera para envolver la oscuridad y el movimiento de las bailarinas. Se conforma como un valor en la propuesta, se conecta orgánicamente con la danza. Me atrapa desde el primer momento.

Intento poner palabras, razón, a algo que fue una experiencia humana, con el descubrir unos cuerpos que expresan desde la abstracción y los límites, lo he intentado, pero si de verdad quieres saber que se siente, no hay otro modo, ve al teatro, a veces ocurre lo inesperado.

 

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