“Dignity and Freedom”: Freedonia y la banda sonora del tiempo que nos queda

Fotografías por David Pérez Marín

La música es vital para muchos, y si un gran disco puede ser la mejor de las morfinas,  un buen directo transmite sensaciones y salva momentos, que de otra manera, se perderían en el silencioso paso del tiempo. Hay grupos que marcan caminos,  acompañan historias y, sin darte cuenta, se convierten en parte de tu círculo más íntimo. Tuve la suerte de ver a Freedonia por primera vez en el Sur del Sur, en una pequeña sala de Algeciras, por desgracia ya cerrada, y fue el último concierto al que asistí antes de venirme a vivir a Madrid. Por aquel entonces Freedonia presentaba el single “Beggin’ you”, y Maika Sitté ya empezaba a llenar el irremediable vacío que dejó Aurora García. La banda era claramente una apuesta a caballo ganador. Músicos de primer nivel que disfrutan y transmiten en cada nota, en cada movimiento. Y se unía al viaje Maika, esa fuerza de la naturaleza que desborda pasión y autenticidad por cada poro de su piel. No, no había que perderle la pista a esta banda, y eso hicimos. “Hicimos”, porque si perdí el Sur, no tardé en perder el Norte. Y así nos reencontramos y bailamos junto a Freedonia en Tempo Club, en una noche llena de soul, confesiones, funky e intrusos con sombrero. Tras esa madrugada de música y naufragio en ginebra, amanecieron en la orilla, con los ecos de “Heaven Bells”, nuevos sueños y nuevas realidades.

 La banda era ya una locomotora engrasada a la perfección y decidimos montarnos en marcha y volver a disfrutarlos en la tercera edición del festival Black is Back, donde dieron otro conciertazo, compartiendo cartel con leyendas como Martha Reeves & The Vandellas, Swamp Dogg, Eli Paperboy Reed o Aurora & The Betrayers.

Y llegó la hora de recapitular, volver sobre nuestros pasos, coger carrerilla y dar un nuevo salto. Son tiempos de crisis, pero también de “dignidad y libertad”. La cola que había en la calle Arenal, hacía presagiar que en la noche se construirían nuevos peldaños, se subirían escalones y se rozarían estrellas con los dedos en una Joy Eslava llena a reventar. Y como dije, hay bandas tan cercanas, que justo antes de empezar el concierto, casualidades del destino, le cedes el lugar a un grupo de personas que resultan ser la familia de unos de los músicos, que se llama y apellida como tú.

Se encienden las luces del escenario y empieza la fiesta. Aparece la banda, pintándolo todo de rojo y negro, al más puro estilo soul de los 50. Con una instrumental funky encienden la mecha, y sale contoneándose, como sólo ella sabe, la bomba Maika Sitté, que se arranca con el tema que da nombre al nuevo disco, “Dignity and Freedom”. El público está entregado y la banda arde en el escenario. Los saxos serpentean y se entremezclan con la trompeta, la batería y la percusión relampaguean, los teclados brillan, se intercambian flautas y se entre cruzan solos de guitarra y bajo, mientras León Sitté y las coristas bailan y acompañan a la voz de una Maika en trance, que parece salirse de su propio cuerpo y hacerse aire. Desgranan su último trabajo en una orgía de música de las que no se olvidan, y llegamos al clímax en “Beggin’ you”, con una Maika Sitté que llora soul y pone la piel de gallina a la sala al completo.

Y después de dos horas quemando manecillas de reloj con pura música, nos tiramos a la calle y nos resguardamos del frío de Madrid en un rinconcito de Cádiz, y con Camarón de fondo, brindamos por Freedonia, sin lugar a dudas, parte esencial de la banda sonora del tiempo que nos queda.

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