25 febrero, 2024

Entramos en el teatro y subimos al cielo, en concreto a una nube donde tres almas cantan y esperan la llegada del «Padrísimo, que no es Buda, ni Dios, ni Yahvé, sino todos a la vez» y donde una arcangelita con alas doradas nos invita a apuntarnos a esta surrealista religión.

En este cielo no se respira un ambiente celestial, ni místico, sino de fiesta, vemos el espacio escénico lleno de guirnaldas y la idiosincrasia de estas almas es alegre, canalla e incluso carnavalesca.

Selu Nieto, el director y dramaturgo con esta obra nos impregna de la esencia de su padre, el saxofonista José Luis Nieto “Selu” fallecido en 2020. En palabras del autor “no es una manera de despedirme de él, sino todo lo contrario: es la única manera que encuentro para seguir sintiéndolo vivir a mi lado”. Y es que la obra está llena de música y de humor, el preciado legado que intuimos que le dejó el saxofonista a su hijo. Vemos una visión de la muerte a modo de celebración como lo hacen en muchas culturas mexicanas.

La dramaturgia que propone en esta ocasión Teatro a la Plancha es sencilla, nos recuerda por momentos a entremeses del siglo de oro, a números de clown, incluso a parodias de cuarteto de carnaval. Uno de los mejores momentos en los que la risa y el llanto van al mismo compás y de mayor poesía clownesca que rescato es durante el estupendo monólogo de Espera que nos deleita el intérprete Eduardo Tovar.

En el patio de butacas no dejamos de reír y cantar durante toda la obra y fue al final cuando nos dejó “planchaos” cuando la risa se acaba y habla de la relación real con su padre, la conexión especial, cuál era su lugar favorito e incluso nos muestra una fotografía de ellos dos.

Destacaría de esta obra el carisma y ritmo de los actores: Susana Hernández como elegante e imponente maestra de ceremonias, Selu Nieto, Silvana Navas, Eduardo Tovar y José Carpe como maravillosos payasos que no pierden en ningún momento la conexión con el público.

En una nube no solo es una fiesta, sino que es una crítica también a la capacidad manipuladora de las religiones, a la sobreestimulación tecnológica y al uso excesivo de las redes sociales que nos conducen a la desconexión y a la soledad. En una nube no solo es una despedida sino un canto a la vida, a compartir, a disfrutar y a tomarse la vida con filosofía. Una filosofía muy andaluza de reírnos hasta de nuestras mayores desgracias.

Crítica de nuestra colaboradora, Rosa Rodríguez.

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