23 febrero, 2024
La Custom vivió un auténtico baño de sangre, sudor y Heavy Metal a cargo de los chicos malos de Finlandia

TORMENTA, GRITOS, SIRENAS

¡Qué extraño quedaba el rock FM de Aerosmith sonando justo antes del concierto de los Children! No me malinterpretéis, Aerosmith me parece una banda excelente; pero en el contexto de lo que estaba por venir… era como un corto de Disney antes de una peli porno.

Cuando el muy simpático pipa prueba-lo-todo acabó su trabajo y los focos se apagaron para dejar paso a luces policiales, angustiosos alaridos y otros efectos climáticos de lo más amenazante, la peña, que ya estaba algo currada con los teloneros Decapitated y Medeia, reaccionó con ganas. Alexi Laiho y los suyos tomaron el escenario de la Custom y arrancaron con Transference, de su excelente último disco Halo Of Blood. Enseguida quedó patente la potencia que se gastan estos niños, amén de las melodías tan especiales por las que han conseguido la admiración de tanto heavy. En concreto, la labor de Laiho a la guitarra y del teclista Janne Wieman es la piedra de toque de su propuesta, con numerosos momentos de lucimiento inteligente, sin menoscabar en ningún momento a las canciones.

La parroquia se volvió loca con Silent Night, Bodom Night. Tras ella, Laiho nos dedicó un breve discursito en el que la mitad de las palabras eran, o contenían, “fuck”. De hecho, el popular vocablo anglosajón no abandonó nunca los labios del frontman finés durante las pausas entre las canciones; por supuesto regadas con abundantes escupitajos a un lado del escenario para que todo resultara convenientemente duro o peligroso. En fin… son cosas más relacionadas con la imagen o la actitud y no voy a profundizar mucho en ellas. Lo importante es la música, y ésta discurría de manera extraordinariamente dinámica. Los coros guturales, las introducciones pregrabadas de voces habladas, o simplemente atmosféricas para ciertos temas, la velocidad inherente al género, la contundencia… Todo fue impecablemente heavy y metálico, sin fisuras. Los ritmos pesados, como en Scream For Silence, los estribillos memorables, como el de Bodom After Midnight, o los números lentos como Dead Man Hand’s On You no hacen sino extender la paleta de colores de un discurso coherente y definido.

El elemento épico también estuvo presente, de forma particularmente notable, en Lake Bodom (a todo esto, lo de Bodom es un crimen cometido en los años 60 en el lago del mismo nombre, a pocos kilómetros de Helsinki), pero es la virulencia y la organización del ruido lo que caracteriza a una banda como ésta. En ese sentido, Hate Crew Deathroll funcionó como una bomba. Jaska Raatikainen (¡joder!), tiene la responsabilidad de mantener el pulso firme y empujar a la banda; es un buen batería que articula los cambios difíciles con una destacable precisión y contundencia junto al bajista Henkka Blacksmith. Roope Latvala, el otro guitarra, también tuvo algún momento de protagonismo, pero es la pareja de solistas la que se lleva la parte del león, sin ningún género de dudas.

Apoyados por un buen juego de luces y efectos (impagable la nevada durante Downfall; taaan Heavy…!!!), Children Of Bodom ofrecieron un recital estupendo, que no se hizo cuesta arriba en ningún momento, plagado de clásicos por derecho propio de su pequeño y macabro universo y aderezado con buenas incorporaciones de su último lanzamiento que no desentonaron en absoluto. Tras una nueva ronda introductoria con tormenta, gritos y sirenas, el ritmo tribal y primario de In Your Face puso el broche de oro a una noche de reconocimiento por mi parte. El de que mi corazoncito heavy aún es capaz de reactivarse, cuando el estímulo es el adecuado.

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