14 julio, 2024
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Esto es un concierto Punk, y lo demás son tonterías

La Sala Fanatic sigue ofreciendo una Resistencia heroica contra el desolado panorama musical imperante. Ya sea Rock Progresivo, Metal Industrial o, como en el caso que nos ocupa, Punk de la vieja escuela, entre la Fanatic y alguna otra más se está salvando a Sevilla del olvido tradicional al Rock de alto octanaje. 

Antes de nada debo agradecer el excelente trato recibido de todo el personal de la Sala Fanatic, en especial de Pedro y los chicos de la barra (Lagarto sabe de qué hablo).

Pues bien, tras media horita de nada, amenizada con diversas tonadas punk y de AC/DC, los Sex Führers, es decir, Carlos, Marta, Cáncer y un punkérrimo Víctor en sustitución de Manu a la guitarra, subieron sin ceremonias al escenario y arrancaron con un riff acelerado para atraer a los rezagados de la puerta. Y parece que funcionó.

Marta, con su voz caprichosa, infantil y sexy, comandó de forma caótica a esta panda de salvajes. Los coros agónicos, los estribillos deliciosamente estúpidos (siempre me admira esa característica, tan punk, de hacer una canción a base de papapápapápapás, o cualquier cosa por el estilo), las entradas en falso sin complejos, los gritos de rabia, los finales abruptos, la batería en modo Go!, las consignas políticas, los cambios de velocidad de cien a mil por hora, el bajo constante y poderoso de Cáncer o las humildes declaraciones de Marta (“Ya nos quea poco para terminá”) convencieron a un público que no estaba allí principalmente por Sex Führers. Violeta (who?) se marcó un tema con ellos antes de que terminaran su actuación con una última demostración de poderío. Gustaron.

1/3 de Highway To Hell después de los hechos relatados, Charged G.B.H., una leyenda viviente de la segunda oleada de Punk inglesa, comenzó a dar una tralla bestial al ritmo despiadado de “Unique”, el excelente tema que abre su último álbum, Perfume And Piss. Colin Abrahall canta tan bien (o tan mal) como siempre, embutido en cuero y con el pelo rubio y afilado, colgándose del pie de micro cada dos por tres. Scott Preece mantiene el pulso a la batería, folladísima en la mayoría de los temas. Jock Blyth toca la guitarra con cara de estar concentrado en la metadona por el momento, y Ross Loman… bueno, canta y toca el bajo, lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta que es el bajista.

La peña se volvió loca con “Race Against Time”, y aún peligrosa durante la enorme “Knife Edge”. Tras un “Hello Sevilla!” de compromiso Scott atacó “Lycanthropy”. Es notable la energía y contundencia que desprenden estos veteranos tatuados, y más todavía la que consiguen mantener a lo largo de todo un concierto de estas características. “Dead On Arrival” les quedó especialmente guay, e incluso “Generals” destacó con su vertiente más melódica (aunque no creáis que esto tiene nada que ver con Green Day, o pseudo-punks por el estilo). Con “Alcohol” llegó un relativo remanso de paz, con el estribillo coreado por gran parte del público, algo que Colin agradeció ruidosamente antes de dar paso a la desnucante “No Survivors”. Abrahall tiene la particularidad, deseable en este género, de escupir más que de cantar, de convertir “Self Destruct” en una expresión de asco. De su boca, uno no sabe qué esperar de “a song for all big women”. ¿Es una loa, en plan “Fat Bottomed Girls? Quizá, pero no estoy muy seguro…

Una introducción ominosa presagiaba algo especial. ¿Se había vuelto esto una celebración tipo Black Sabbath, dada la camiseta de Ross? Noooo… “Sick Boy”, uno de sus himnos definitivos, seguido del guitarrazo guarro de “Slit Your Own Throat” y de la putada que es “Am I Dead Yet?”.

Gimme Fire” congregó a los más activos a los pies del escenario, con Colin pasándoles el micro para que se quedasen a gusto. “Man Trap”, esa jodienda llamada “Catch 23” y la caña sin contemplaciones de “Hellhole” mantuvieron el nivel de intensidad. Más deslucido quedó “Kids Get Down”, del último disco, supongo que por desconocimiento general. “Diplomatic Immunity”, con su final caótico y descompuesto, fue una declaración de intenciones acerca de lo que es Punk más efectiva que cualquier ensayo sobre el tema.

La intro marcial de “City Baby Attacked By Rats”, y a continuación “City Baby’s Revenge”, desataron la locura… para mantenerla con una versión de “1970”, de los imprescindibles Stooges. Al término de este número, con la guitarra zumbando como todos los demonios, la gente coreando el nombre de la banda y Colin Abrahall recobrando el resuello a un lado de la barra del bar antes de dar paso a otra canción, comprendí la mezcla de estilos tan especial que es esto del UK82: ese punto donde converge el Punk más auténtico y la vena más speed de la New Wave Of British Heavy Metal, aquel momento en el que los primeros Iron Maiden no se habían decantado por la épica progresiva, con Paul Di’Anno todavía, o ese estado de perfecto equilibrio que es Motorhead, solo que más inglés, más minoritario, más asqueado y con mucha más mala hostia.

Maniac” fue el punto final a una noche de entrega por parte de todos los implicados (artistas y público, éste con ganas de más) y de inevitable nostalgia. Se hizo, efectivamente, muy corta. Alguien puso más música punk, y yo fui a poner mi cámara y mi culo a salvo, que era martes, tarde, y había que madrugar. Joder.

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