El artista de Marzo: Kanye West

Alrededor de Kanye Omari West (Atlanta, Georgia, 1977) siempre hay mucho ruido. Con fama de ser en ocasiones un auténtico bocazas, Kanye merece con creces el primer premio en la categoría de agitadas y sonadas polémicas en menos de 140 caracteres. ¿Te perdiste alguna? Tranquilo, él te las recuerda en un tema inédito. Pero es necesario abrir hueco en esa superficialidad de lo mediático para llegar a profundizar y comprender a uno de los artistas más icónicos e inspirados de nuestro tiempo (muchos lo elevan a uno de los más importantes del siglo XXI).

La trayectoria de Kanye West ha evolucionado desde la fabulosa trilogía compuesta por The College Dropout (2004), Late Registration (2005) y The Graduation (2007), con la que demostró con creces ser capaz de ocupar un hueco importante dentro del mundo del Hip Hop, a confeccionar un estilo propio y pulido durante años que ha redefinido el ADN del rap (y el pop). Joyas como la minusvalorada 808 & Heartbreaks (2008), nacida del profundo duelo por la muerte de su madre, la considerada hasta ahora su mejor obra My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010), aunque no tan valorada por él mismo, y la colaboración gloriosa con Jay-Z que dio el imponente Watch the Throne (2011), conforman para muchos ese olimpo artístico de Kanye; porque Yeezus (2013), su último trabajo hasta The Life of Pablo (2016), pareció querer desmarcarse de lo demás. Con un corte mucho más experimental y un sonido oscuro próximo a la música industrial (notándose esa colaboración de Arca en la producción), fue para parte del público y crítica una “marcianada” fallida. Nada más lejos de la realidad, Yeezus fue/es imprescindible.

Con The Life of Pablo, Kanye parece haber vuelto a ese estilo algo más amable y atractivo, pero ¿logra realmente confeccionar un buen trabajo?

Tempestad antes de la calma

El proceso de creación de TLOP ha tenido más de una variación. Para empezar su nombre fue cambiando varias veces antes del lanzamiento. Kanye aprovechaba (y aprovecha) Twitter para soltar sin previo aviso cambios en el disco. Comenzó llamándose So Help Me God, más tarde SWISH, luego WAVES hasta que el 9 de febrero anunciara su nombre definitivo The Life of Pablo. ¿Qué Pablo? No sería la primera vez que se comparara con Picasso; ¿Pablo Escobar el narcotraficante? Tampoco: Pablo el Apóstol de los gentiles y mártir. Hace tiempo que Kanye West viene haciendo esfuerzos por demostrar que es alguien especial y superior y la autocomparación con el apóstol es incluso predecible.

Famosas son ya las fotografías con el tracklist escrito en una libreta que con cada modificación ganaba en ilustraciones o la sonada presentación de su nueva línea de ropa Yeezy Season 3 en el Madison Square Garden. Allí fue reproduciendo uno a uno (solo el tiempo que él mismo considerara oportuno) los temas del disco, mientras los modelos aguantaban inmóviles en un escenario que intentaba simular la fotografía de Paul Lowe.

Pero despejemos un poco el camino para ir a lo importante: al pulsar play oímos “we don’t want no devils in the house, God”. Es una niña y bendice con una energía inusual. Ella es Natalie Green y tiene tan sólo cuatro años. Kanye samplea la voz de un vídeo compartido en Instagram y da una energía especial al tema. “Ultralight Beam” es el minimalismo hecho oro, el góspel prometido por West pero reinventado. “This is a God dream” se repite a lo largo de la canción, y hay momentos en los que de verdad lo parece. Una vez escuches a The-Dream con ese característico “I’m tryna keep my faith” el encanto de la canción te ha atrapado, porque Kanye consigue de nuevo contar con un plantel de colaboraciones tan alto como nos tiene acostumbrados. Ya en el primer tema colaboran Kelly Price, Chance The Rapper (quien también coproduce la instrumental) o el ya mencionado The-Dream.

“Father Stretch My Hands Pt.1” le sigue no con menos calidad. Con colaboración de Kid Cudi es uno de los temas más bailables del disco y con luz especial. “Everybody gon say something/I’d be worried if they said nothing” rapea, a sabiendas que la indiferencia es el fin. De su segunda parte (“Pt. 2”) Kanye expresó que lloró escribiéndola. Sea verdad o no, lo que sí es seguro es de esa sensación épica que inyecta una vez aparece Desiigner. Un tema plagado de experiencias personales, funcionando como respuesta a ese “trauma” por el divorcio de sus padres y a cómo teme acabar anteponiendo el trabajo a sus hijos.

Si algo característico tienen las letras de el de Atlanta es ese punto bipolar, pues de mostrar su lado más humano y débil, pasa a raciones extragrandes del egotrip más desmesurado y que tanto dan que hablar. Como en el tema que le sigue, “Famous”, el tema de la polémica, que tanto rodea al artista, por la frase (con su misoginia característica) en la que menciona a Taylor Swift, levantando viejas disputas.

Pero más allá de toda polémica, en “Famous” rescata letras de Nina Simone en la voz de Rihanna haciéndonos creer que será un tema de corte más pop y darnos la bofetada con uno de los beats más potentes del disco en el que incluso reutiliza de forma magistral la voz de la legendaria cantante de dancehall Sister Nancy, para terminar con las mismas frases del principio pero esta vez con la voz de Nina. Nada más ilustrativo para mostrar en qué Kanye es realmente bueno: aunar partes sueltas para acabar dando forma a un todo que emociona, con una fórmula que no agota la fuente de donde proviene sino que la enriquece.

En “Feedback” reflexiona sobre el éxito con una instrumental plagada de desniveles rítmicos e igualmente efectivos. Tras las palabras sampleadas de la acapella de Sandy Rivera en “Low Lights”, da la sensación de estar en una segunda parte del álbum inaugurada con “Highlights”, con colaboración de Young Thug y un outro de The-Dream con cierto carácter más amable. Pero no nos engañemos, es sólo estrategia para que “Freestyle 4” acabe chocándonos; una discusión casi esquizofrénica con su propia mente sobre los excesos de índole sexual o consumo de drogas y una instrumental que nos recuerda al Kanye de Yeezus, casi nada.

Y qué mejor que dejar claro el amor propio en una acapella de cuarenta y cinco segundos en “I love Kanye”. Nada que comentar, salvo la necesidad importante de guardar la frase “I love you like Kanye loves Kanye” como declaración de amor creativa (en serio, guárdenla).

Después de la ración de autoamor llega la inspiradora “Waves” que casi llegó a quedarse fuera del listado. Gracias a Dios (¿o Kanye?) que no fue así. Con participación vocal del también polémico Chris Brown,  es otro de esos temas que hace difícil elegir uno realmente destacable; porque después de diez cortes ya se intuye que lo que se está escuchando no es algo normal y que todo funciona a la perfección. Lo corroboran “FML”, una balada rota capaz de transmitir con lo mínimo y una apabullante colaboración de The Weeknd, así como la ya irrepetible reflexión sobre la amistad en “Real Friends” con frases como “When was the last time I remembered a birthday?/When was the last time I wasn’t a hurry?”; cuando un sample es exquisitamente elegido todo lo demás por explicar sobra.

Con “Wolves” Kanye vuelve a su parte más personal y marca un nuevo hito en la serie de colaboraciones iniciada en Watch the Throne con Frank Ocean, quien aporta uno de esos outros que saben a poco, como la onza de chocolate que coges intentando obviar que no será suficiente y querrás más. En principio este tema contaba con las colaboraciones de Sia y Vic Mensa. Kanye prometió arreglarlo. Y es que TLOP, con su salida casi de improviso, puede que aún tenga más de una variación en el futuro. Por lo pronto hay ya un nuevo álbum anunciado para verano (sí, no es broma) y más canciones con Kendrick Lamar, clave en las listas de mejores álbumes de 2015 con el fabuloso To Pimp a Butterfly, quien ya colabora en uno de las tracks más clásicos instrumentalmente, “No more parties in L.A.”.

Nada olvidables los temas “30 Hours”, recordando una antigua relación y lanzada en los G.O.O.D. Fridays Series, así como la nueva versión de “Facts” y el corte que da fin al disco, “Fade”, construida creativamente en base a cuatro samples y con colaboraciones de Post Malone y Ty Dolla $ign.   

Dejo para el final la parte artística de la portada, diseñada por Peter De Potter. Mucho se ha bromeado sobre ella y la verdad es que da mucho para memes, ese casi no-diseño que ya se veía intuyendo desde la portada de Yeezus (mucho más elegante si cabe) y que contrasta con otras portadas del pasado, o la del no tan lejano single “Only One”.  Tampoco olvidar su exclusividad en el servicio de streaming TIDAL, estrategia que daría para debatir en un doble artículo.

The Life of Pablo se presenta como un viaje espiritual o búsqueda, una ayuda en la difícil tarea de discernir un motivo entre tanto ruido. Porque el último trabajo de Kanye West no suena a este mundo y hace desear impaciente lo nuevo por venir, ya sea en forma de nuevos tracks o impresionantes videoclips. Porque aunque a veces (muchas) entren ganas de abofetearlo, Yeezy es único.

Actualización: ya disponible el álbum en Spotify con arreglos y diferencias en algunos temas. Ojo a Wolves porque realmente gana en intensidad.

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