“El Médico”, un estreno de Broadway ‘made in’ Andalucía

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Fotografías por Cristina Baquerizo

Estuvimos presentes en su primera representación, donde nos encontramos con una ambiciosa y colorida producción de teatro musical que adapta el best-seller de Noah Gordon a los escenarios.

El proyecto, fruto de una nueva colaboración entre el compositor Iván Macías y el letrista Félix Amador, (el mismo tándem que nos trajo “Germinal” el pasado año), han echado en esta ocasión toda la carne en el asador para crear un musical a lo grande, que nada tiene que envidiar a los que se exhiben en Broadway o el West-End londinense. Una apuesta segura que cuenta con las coreografías orquestadas por el legendario Mike Ashcroft y la esmerada producción de nuestro más que conocido paisano Manuel Marvizón y su compañía “Versus Creative”. La materia prima: el libro superventas de Noah Gordon, “El Médico”.

Con las gradas del Auditorio FIBES prácticamente completas, dio comienzo la representación. La escenografía, basada en los objetos de atrezzo, unas pantallas estratégicamente colocadas, y una cuidadísima iluminación, se complementa con la Banda Sinfónica del Liceo de la Música de Moguer en acción sobre el escenario dirigida por el propio compositor.

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Se ha puesto mucho mimo en cada detalle para intentar recrear la época en la que transcurre el relato, y desde los primeros compases nos sumergimos de lleno en el Londres del siglo XI. Se aprecia la intención de crear un sonido propio y una música retentiva que cale hondo en el espectador. La grandilocuencia de los coros y el ambiente callejero nos recuerdan a “Los Miserables”, y nos sirven de introducción para presentar a nuestro protagonista, Rob J. Cole, interpretado en las primeras escenas de niño por la talentosa y precoz Victoria Galán, que vuelve a maravillarnos con su suave voz, moviéndose como pez en el agua en el papel del joven aprendiz del carismático Barber (Joseán Moreno), el pícaro vendedor de milagros ambulante con el que el pequeño empezará a despertar su curiosidad por la medicina. Joseán consigue hacernos reír con su carácter carnavalesco, pero también emociona en más de una ocasión. La amena canción de presentación del barbero es un tema redondo que parece sacado de algún mítico musical ya consagrado. Su melodía principal sirve además para definir a este personaje y su relación con Rob a modo de leitmotif (recurso muy habitual en el cine o la ópera para identificar a personas, situaciones o incluso cosas.)

De hecho, este es precisamente el punto fuerte de “El Médico”: la construcción musical a base de temas melódicos que definen y acompañan a cada personaje de principio a fin, sin traicionar la esencia del libro. Así, algunos temas se entremezclan cuando dos personajes interactúan, o escuchamos como vuelven del pasado los recuerdos en forma de melodías para dar aliento cuando más se necesita. La impresión es de estar viendo una película con su banda sonora sonando en directo.

Mediante una tierna canción de adiós a la infancia (literal y figuradamente), nos despedimos de Victoria y damos la bienvenida al Rob adulto, al que da vida Adrián Salzedo, joven actor que lleva toda la vida sobre las tablas. Con su aspecto de galán medieval y una templada y afinada voz, es sin duda la encarnación perfecta del joven héroe que emprende su largo camino en busca de sí mismo.

Otra pieza clave del elenco es Talia del Val, una de las recientes estrellas en teatro musical en España, y que está sencillamente increíble como la dulce pero valiente y fuerte Mary, demostrando un registro vocal apabullante. Su desgarradora canción de rendición ante los deseos del Sha, descalza y en camisón, estremeció a todos los presentes. La química entre Mary y Rob funciona de forma natural desde que se conocen en el árido desierto. Esta interacción entre los dos supone el debate entre el corazón y la vocación, otro de los interesantes conflictos que se abordan en la historia.

Ricardo Truchado se convierte en un más que convincente Avicena, maestro de la escuela de medicina de Isfahán. Ricardo, con su templanza sobre el escenario, impone tanto como su registro de barítono, otorgando con solemnidad una profundidad musical y espiritual. Su música, oriental y pausada, lo envuelve y define a la perfección.

El Médico3Completando el reparto principal, el tenor venezolano Alaín Damas como el poderoso Sha de Persia, que inundaba el auditorio con su portentosa voz en cada una de sus apariciones, vistiendo con una sobresaliente presencia al opulento e invencible gobernante, y demostrando sus habilidades vocales en sus canciones.

Se alternan de forma muy inteligente escenas serias e importantes con momentos más cómicos y desenfadados (como el divertido número musical árabe al más puro estilo de Aladdin). Y también se consigue un esmerado equilibrio entre el diálogo dramatizado y las partes musicales. El desarrollo del argumento es bastante fiel al libro conservando su espíritu, aunque algunas canciones algo reiterativas lastran un poco el avance de la historia en la mitad del segundo acto. Quizás algunos pequeños detalles chirríen un poco a algunos avezados en la cultura o la música medieval (como el anacronismo de presentar a los judíos con música klezmer askenazi recordando a “El Violinista en el Tejado”, cuando en aquella época predominaba aún la música Mizrahi o sefardí). Pero son licencias mínimas que se entienden para identificar y crear una conexión con el público contemporáneo al que va dirigido el musical.

Un montaje de esta envergadura era un reto difícil, pero el talento de sus creadores ha logrado ponerlo en pie con muy buena nota, dando como resultado un producto de altura que esperemos tenga el mismo éxito en la gira que emprenden este año por numerosas ciudades de nuestro país.

Al bajar el telón, las pegadizas melodías que nos han acompañado durante este viaje en el tiempo consiguen pervivir en la memoria; pero lo mejor de “El Médico” no es su música, ni tampoco sus actores o su puesta en escena; sino el mensaje que se transmite de forma intacta desde las páginas de la novela: El homenaje a la trascendental búsqueda del conocimiento y el imparable ímpetu de descubrir lo que yace dentro de los que se aventuran a perseguirlo. En definitiva, un canto a la curiosidad científica y a la firme determinación de ayudar a los demás, que se imponen sobre cualquier tipo de obstáculo físico, mental o emocional.

Tal y como nos aseguró el propio compositor a viva voz tras una sonora ovación: Lo más importante que poseemos es el amor por la cultura, y sin ello, proyectos como este nunca verían la luz.

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