20 mayo, 2024
El festival promovido por MadCool acierta con su cartel, a pesar de la cancelación de última hora de Rage Against the Machine

Septiembre es mes de cambios, de comienzos. Pero también de despedidas, ya que decimos hasta luego al verano. Pero no sin antes disfrutar de una buena dosis de música. Y es que durante tres magníficos días Málaga acogió la primera edición de Andalucía Big Festival (BIG), de la misma promotora que el popular MadCool.

El lugar escogido fue el Recinto Ferial Cortijo de Torres y podemos decir que fue todo un acierto.

El despliegue de producción era más que evidente allá donde posaras la vista, desde los incontables metros cuadrados de césped artificial que cubrían todo el recinto, pasando por varias zonas de puestos de comida variada y sin olvidar numerosas barras de servicio, garantizando así que las aglomeraciones, dentro de lo que cabe, no fuesen tan extremas. El dinero y presupuesto fue tan opulento que olvidabas encontrarte en medio de un recinto ferial. Pero es que el festival contaba con partners de la talla de grandes marcas de bebida y alcohol multinacionales, pero también de instituciones públicas como la Consejería de Turismo o la Unión Europea. Estaba claro que había esperanza depositada en el festival y honestamente puedo decir que ha merecido la pena.

¿No te pasa a ti, lector, que a veces te preguntan qué tipo de poder mutante querrías tener? Pues si me preguntan a mí durante el BIG, habría dicho que sin duda, el de aquel mutante secundario llamado Mutiple Man, que proyectaba copias de sí mismo y podía así estar en varios sitios al mismo tiempo. Sin duda, con tres copias me habrían sobrado (o cuatro, la cola a los baños no era corta a veces) y así podría haber acudido a todos los escenarios, nombrados como Andalucía Stage, Alhambra Stage y Stage Three. Puedo aseguraros que lo intenté, aun así.

Una semana ha pasado del cierre del festival y la resaca emocional de todo lo vivido aún perdura. Y es que durante el jueves, el festival puso toda la carne en el asador, dejando claro que venían a conquistar el terreno. Con actos como los cabeza de cartel Franz Ferdinand, que proyectaban su música por todo el recinto, haciendo que hasta los camareros que servían cerveza tras cerveza sin parar, alzaran la mirada hacia su escenario, coreando hits tan tatuados en nuestra cultura popular como Do You Want To o No You Girls, pero todos esperaban con fervor su canción más icónica, Take Me Out. Aún sonrío recordando las legiones de personas corriendo -literal- hacia el escenario en cuanto escucharon los primeros acordes de los británicos.

Suede fue toda una sorpresa. Coincidiendo con el atardecer, consiguieron que su indie melódico dotase de un ambiente etéreo y sexualmente ambigüo al momento. Muchos besos -y lo que no es beso- se intercambiaron durante esta performance. Hay que reconocer que Brett Anderson (vocalista y letrista) ha nacido para estar en un escenario. Con su influencia de David Bowie y The Smiths, el cantante británico dejó a muchos boquiabiertos cuando sin camiseta se puso a cantar a cuatro patas, mientras realizaba un sortilegio arcano con su canción Trash. Los británicos se han ganado un puesto asegurado en mi playlist.

El jueves estuvo en resumen, lleno de apuestas internacionales, no en vano, el 30% de los asistentes era de origen internacional, como los galeses Stereophonics o Biffy Clyro, pero la noche del jueves tuvo líder indiscutible y su origen es castizo.

El hombre de los mil nombres, El Madrileño, también conocido como C. Tangana o Pucho (Antón Álvarez en su DNI) desplegó todo un arsenal en el Andalucía Stage. Es difícil encontrar palabras para describir lo que esta parada malagueña de su gira, SIN CANTAR NI AFINAR, supuso. Podría mencionar la enorme producción que supone convertir el escenario en una especie de sobremesa, un banquete de boda de la cual somos invitados. Y en dicho banquete participa una sección orquestal de cuerda y viento y cuenta con invitados tan ilustres y referentes de los géneros con los que El Madrileño se casa, que son El Niño de Elche o Ismael El Bola, que hacen una aportación tan esencial al show, que no se entendería sin ella. Todo comienza con un enorme telón cubriendo el escenario, cuando las primeras notas de la marcha procesional “El Milagro” de José Manuel Lechuga González y Agustín Moya López resuenan por todo el recinto, generando una expectación y un silencio sepulcral, que da paso a las primeros acordes de Demasiadas Mujeres. Pucho se hizo con la corona del jueves. Cantó, afinando y desafinando, bailó, palmeó, bebió con sus invitados y se metió en el bolsillo al público. Podemos intuir la historia detrás de Tú me dejaste de querer, pero no hay duda de que El Madrileño ha convertido una experiencia amarga, en el mejor de los licores. Miles de personas cantando la canción más popular de su disco lo atestigua.

Me quedo aun así, con el especial tributo que Ismael El Bola hizo al mítico Ray Heredia.

“El infierno de tu gloria, ha pasado por mi / Yo la busco y no la encuentro, la alegría de vivir”.

El viernes tocaba levantar el fin de semana tras un cierre por todo lo alto. De todas las actuaciones, he de resaltar las de Paolo Nutini, que amenizó la tarde, consiguiendo con hits como New Shoes, o Candy o la más reciente Shine a Light atraer al público a sentarse en coros de amigos sobre el césped y disfrutar de las canciones del cantautor.

Otro momento relajado y pensado para recrearte en la música y dejarte llevar fue el que nos trajo Michael Kiwanuka, con su mezcla de rock, indie y soul con tintes ugandeses, el cantautor británico nos transportó a otra época con su particular sonido. Un setlist plagado de coros, intros e interludios tan bien mezclados que no parecía tener corte alguno.

Uno de los artistas más esperados era Jamiroquai, uno de los protagonistas del evento, que forma parte de la banda sonora de una generación y que nos transportó a la década de los 90 con su particular mezcla de sonidos house con toques soul y funk. Es uno de estos artistas que no puedes perderte en directo, al menos una vez en la vida. Actualmente tienen un setlist muy cuidado y cohesionado. Con mucha carrera a sus espaldas, la banda liderada por el carismático J.K puso a mover las caderas hasta a los guardias de seguridad. Juro que es cierto.

De nuevo, la noche del viernes he de concederla a otros madrileños, los de la anciana tortuga de Michael Ende, Vetusta Morla. Los de Tres Cantos nunca decepcionan en directo y muestra de ello es la ferviente masa de seguidores que los acompañan por toda la geografía del país. No son pocas las veces que he podido ver su directo y como una buena cosecha, van mejorando año tras año. Con un vestuario de un pulcro blanco, a excepción de Pucho (cantante), tejieron un colorido tapiz para contar la historia de lo allí acaecido. Entre su surtido repertorio, Pucho aprovechaba para hacer política desde su megáfono, declarando lo afortunados que somos de tener lo que tenemos. Recordándonos que hay que dar más veces las gracias y no dar por sentado nada. Lo aleatorio y cruel de la vida, que nos ubicaba allí en Málaga siendo capaces de disfrutar de un fin de semana lleno de música y alegría, mientras que en otras partes del globo, gente muere por guerras y hambruna.

Llegaba el sábado y con él, cierre y adiós a la primera edición de este ambicioso festival. Con un regalo en forma de sol cálido y brisa marina, María José Llergo fue capaz de meterse en el bolsillo un público heterogéneo e internacional con sólo su voz y el acompañamiento de una guitarra. Sin más artificios, la voz de la cantaora de Pozoblanco proyectaba con fuerza a toda Málaga que el flamenco está más vivo que nunca y que pese a lo que se pueda creer, es un género que también muta y evoluciona. Porque el cante de Llergo puede cambiar de vestido, pero no de método. Mantiene viva la ingenuidad e ilusión propias de la que parece niña, que contrasta con el tremendo talento que despliega por cada poro de su piel. Capaz fue hasta de bajar del escenario y unirse a la primera fila para cantar Niña de las Dunas, una canción dedicada a su familia. Será interesante ver qué nos depara su futuro. Llergo, viva Pozoblanco y viva tú.

¿Quién hizo despertar a la bestia esa noche? Fue no otro que Olly Alexander con su proyecto musical Years and Years. Como una pantera, Alexander nos acechó desde el escenario, instando a que despertemos nuestro animal interior e invitándonos a aceptarnos tal como somos, con fallas y con taras. Con imperfecciones. Con rarezas. Era una noche para dejarse llevar y pecar. Pecar y disfrutar con placer. El cantante empezaba el show desde una réplica de una cabina de teléfono, que luego transformó en aseo de discoteca industrial. Con un coro de tres cantantes de origen africano, se apoyaba en ellos para proyectar su hechizo que nos atrapó desde principio a fin. Olly demostró que su show compite en primera división de la escena musical actual. Nos cantaba bailando con sus seis bailarines, enfudados todos con trajes de cuero negro fetichistas. Usaron barras de baile, usaron una cama king-size. Usaron un cinta andadora, generando un efecto y actitud de diva que le sienta muy, pero que muy bien. Years and Years proclamaba a los cuatro vientos libertad sexual. Libertad para ser. Desde Shine, Take Shelter, Desire o el bello cover que dedicó al clásico de Pet Shop Boys It’s a Sin tocando el piano, Olly Alexander hizo gala de su versatilidad como artista. Al final de la noche, todo nos fuimos siendo Reyes y Reinas gritando a pleno pulmón con King. Gracias por existir, Olly.

La penúltima corrió a cargo de un gigante de la música con nombre MUSE. Matt Bellamy hizo de las suyas. Con una figura colosal en medio del escenario, haciendo alusión al art work de su último LP “Will of the People” (2022), la banda de Devon nos arrastró con un gancho hacia su mundo futurista, consiguiendo con ese particular don que poseen, hacerte sentir partícipe del momento. Parecían dibujar un lazo que nos unía a todos los allí presentes. Si Years and Years despertaba a la bestia, MUSE terminaba de llenar y colmar el vaso. Saltos, empujones, gritos desbocados. MUSE consigue que viertas todo aquello que te nace de dentro y lo expulses, gritando al cielo que estás aquí. Que existes. Supermassive Black Hole, Uprising, Knights of Cydonia o Starlight. No hay parangón para este nivel. Debo mencionar de forma especial el grito al unísono y multitudinario de todos los asistentes durante Madness al cantar “I need to love” y dejarse las cuerdas vocales. Admito que aún sigo ronco, pero feliz.

Sin más rodeos terminaba la primera edición de este festival, que aunque no fue perfecto, para ser una primera edición aprueba con nota. Una organización que pensó en la seguridad de todas con un punto púrpura activo durante la totalidad del festival.

Volvíamos a casa roncos y con los pies doloridos, pero con una sonrisa floja y con el cuerpo vacío, dejándonos parte de nosotros en ese recinto que quedaba atrás.

Hasta la próxima, Andalucía BIG Festival.

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