Andrés Suárez en el concierto inaugural de las Noches de la Buhaira

23 de Julio. Sevilla

Fotografías: Esperanza Mar

Vale, lo reconozco. Me considero un apasionado por descubrir cosas, un melómano empedernido al que le gusta coleccionar, leer, describir y sentir todo lo que entra por mis orejas. Sin embargo, lo confieso, no conocía a este hombre.

Antes de que las féminas del lugar se me tiren a la yugular, en mi favor puedo decir que hace apenas un par de años a este chico sólo tenían acceso unos pocos afortunados. Pero llegó Madrid, llegó Tontxu y Maneras de romper una ola. También llegaron los seguidores en facebook y twitter y poco a poco, y con el paso de los meses llegó también Moraima, su última obra hasta la fecha, que está suponiendo para Andrés entrar de lleno en el panorama musical del país, además por la puerta grande.

Pero claro, este chico ha tenido una vida antes de Moraima. Una vida como músico, que es la que a nosotros nos importa, que comenzó antes de los 18 años, cuando después de algunas idas y venidas en su tierra decide, al fin, con 19 añitos probar suerte en Madrid.

Después de esa valiente decisión todo ha ido cuesta abajo y, de momento, sin frenos. Pues bien, este chico ha sido el encargado este año de inaugurar la VI edición de Noches de la Buhaira. Considerando su reciente despegue y su actual consolidación como músico recurrente en salas de todo el país, la apuesta de la organización ha sido cuanto menos arriesgada. Si a eso le unimos que era miércoles, fin de Julio en Sevilla, cuando la ciudad está casi desierta, que era la primera vez que tocaba en esta ciudad en solitario y que el espacio tiene una capacidad de unas 400-500 personas, realmente ha sido una apuesta peligrosa.

Sin embargo, tras haber visto lo sucedido anoche, puedo corroborar que les ha salido bordado.

Pocas veces el Palacio de la Buhaira ha tenido una luz tan cálida y desgarradora a la vez. Cuando curiosamente la puesta en escena era a priori tan sencilla, a fin de cuentas era sólo Andrés y su guitarra. Pero las 400 personas que llenaban los asientos de esta especie de cine de verano con su aire romántico, en su gran mayoría señoritas enamoradas por su música, ponían toda la puesta en escena que faltaba en el escenario.

Durante todo el concierto pudimos oír el susurro arrullador y compañero de quienes se saben al dedillo cada estrofa de cada canción. Y eso que Andrés salió al escenario con el agradecimiento en los labios y el nerviosismo en la garganta. Unos nervios que se resistieron a irse, pero que al contrario de lo que se pueda pensar lo hicieron más humano, más cercano aun si cabe, más encantador a fin de cuentas.

La elección de los primeros temas para mi entender fueron muy acertadas, ya que los cambios de ritmos a la guitarra de “Vuelve” lo ayudaron a templar los nervios, “Así fue” y sus altos en la voz le dejaron espacio para afinar y controlar su voz, y por último, “Tal vez te acuerdes de mi” con ese sentimiento a flor de piel, con esa letra sincera y profunda a la vez que tremendamente cruel y dañina para el alma, nos termina de meter a todos en la palma de su mano.

A partir de aquí ya estamos en otro concierto, él y nosotros. Andrés se siente más seguro y tranquilo y nos dedica las primeras de las muchas palabras que dirá esta noche. Hablará de la música en directo, de lo agradecido que está de la gente que llena las salas para apoyar a sus grupos favoritos, de su amor por Sevilla, a la que cita en muchas ocasiones en sus letras. Pero sobretodo nos hablará del calor que pasa un gallego en Sevilla y de su Madre. Así, con mayúsculas, porque su Madre es única.

Todo esto maravillosamente intercalado entre “Te di vida y media”, “La más bella de Madrid” y “La vi bailar flamenco” y su cuenta pendiente saldada, esa que tenía nombre gaditano y color cobrizo en la caleta.

Aun sin conocerlo yo siempre hago mis deberes antes de un concierto. Pero reconozco que esta vez me sirvieron de poco, ya que el directo apenas tiene que ver con el disco, y eso que se supone que Moraima es la grabación de uno de sus directos. Pero claro, aquí está solo y en el disco lleva banda. Eso se nota muchísimo, no sólo en la evidente instrumentación y sonoridad, sino en la incisiva intensidad que su sola persona es capaz de irradiar cuando no tiene grupo de apoyo. El acústico a un cantautor siempre le sienta bien, ya que se quita la distracción de lo puramente musical para centrarse en las letras y en lo que ellas quieren expresar.

Hay algo más” dedicada a Julián de Libertad 8, “Si puedes” con un prolegómeno donde se acuerda de aquella estrofa “Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales, no le quedan dos puntos suspensivos. “ de “Lo peor del amor” de Sabina, uno de sus tres maestros.

Como ya he dicho cada estrofa es cantada por lo bajo por el público asistente, pero a estas alturas ya incluso el propio Andrés se deleita con lo que está sucediendo aquí esta noche, dejando que sea la galería la que cante ella sola estrofas completas de sus canciones. Todo ello dota a la noche de una especie de halo mágico que nos recuerda a aquellos tiempos donde la música era importante, nos hacía vibrar y nos invitaba a soñar.

Tengo 26” el bonus track de Cuando vuelva la marea, trae otra recurrente charla sobre los conciertos y los menores, y como los mejores conciertos que él recuerda son precisamente aquellos en los que asistió con sus padres cuando era pequeño. Dedicada a todos esos padres y madres que llevan a sus hijos a los conciertos.

Escuchar este tema mientras una niña pequeña mantiene una conversación con ella misma en brazos de su padre a escasos metros de nosotros es sencillamente delicioso, mágico, casi irreal y al mismo tiempo precioso como la vida misma.

Entre las intimidades de “Más de un 36” nos confiesa que tras el último concierto de esta gira en el Palacio de Vistalegre de Madrid va a preparar su próximo trabajo de estudio, por lo que se retirará del escenario por unos meses. Como adelanto del mismo nos regala “6+4”, uno de esos temas inéditos.

La historia verídica de “Benijo” ocurrida en un rincón de Tenerife nos encarrila hacia la recta final del concierto.

No sin antes arrancarse con un a capela al borde del escenario con el consecuente público en pie aplaudiendo sin parar.

Si llueve en Sevilla” saca la espinita de la segunda cuenta pendiente con Sevilla. Y es que la primera vez que iba a tocar en esta ciudad se olvidó de ir….cosas que pasan. Pero como siempre, hay un buen motivo, y normalmente, suele llevar falda.

La noche termina momentáneamente con “Números cardinales” su tema, quizás, más conocido. A lo que, acto seguido, llega una dedicatoria a sus tres maestros, Sabina, Enrique Urquijo y Robe Hiniesta (Extremoduro), al que se permite el lujo de versionar con un remix de “BriBriBliBli”, “So Payaso”, “Salir”, “Cuarto movimiento” y terminar de nuevo con “BriBriBliBli”.

Y como colofón “No te quiero tanto”, “320 días”, “Necesitaba un vals para olvidarte” y “Lo malo está en el aire”.

Como habréis comprobado apenas se dejó nada en el tintero. Lo dio todo, toda su música y toda su persona y eso se agradece. Te lo agradecen tus fans incondicionales, pero también aquellos que te descubrimos por primera vez. Así da gusto ir a un concierto. Buena música, buena compañía, un entorno envidiable y sobre todo, que cuando termina te vas con la sensación de habértelo pasado realmente bien. Un don al alcance de sólo unos pocos valientes, que se atreven a despelotarse delante de su público en cada actuación.

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