17 junio, 2024
Reseña de la película documental de Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero. Una epopeya musical en la noche eterna de Jerez.

SIETE JERELES

Pedro G. Romero, Gonzalo García Pelayo | España | 2022

Sección oficial SEFF

José de los Camarones pregona en la Peña la Bulería desde uno de los siete caballos majestuosos que cruzan la noche jerezana. La procesión pagana nacida de una fiesta flamenca se cruza con la electricidad callejera de Dani Llamas. Omaíta se puebla de bulerías con el zapateo azul de Juanito. Se derrama el vino, haciendo el cante noble, genuino, contundente. Jerez, cuna del arte, se mece en la oscuridad. La noche es la madre del flamenco. Una guitarra despieza las penas en la calle Duende. Alfredo Lagos rasga las cuerdas de su guitarra frente al desierto patio de butacas. Gonzalo García Pelayo anda y desanda el callejero, dobla todas las esquinas, del derecho y del revés. Hasta el caminar de un caballo blanco, intruso en el escenario del teatro Villamarta, suena jondo en la vaporosa coreografía de sombras de la madrugada. Carrasco y familia no se arrecojen de una juerga que dura ya cincuenta años. Jerez se desparrama por la garganta de la noche. Mística nocturne bajo la luna gitana.  

Nada queda, del compositor Manuel Alejandro, deviene en un despliegue épico en los vientos de la banda. Rock, corales, drones. Y una ascensión tecnológica en alas de un canon que aterriza en el Get Back garrapatero de los Delinqüentes. El poeta Caballero Bonald y los artistas del hotel de mil estrellas, los desventurados príncipes custodios de los callejones. Ezequiel Benítez en la penumbra del laberinto de toneles de la bodega Gonzáles Byass. Perrate en los arrabales de la calle Álamos. Y uno querría soltar oles a la pantalla desde su butaca del cine. El compás en estado de gracia en la tierra donde los nudillos no son anatomía sino instrumento de percusión.  Y el huracán imbatible Tomasito trayendo las primeras luces del día. Despierta la mañana.

Es el embrujo de las imágenes desde la óptica de Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero, directores de esta película documental, que hipnotiza desde la atemporalidad de la noche al espectador, un visitante en primera línea. Sin necesidad de narraciones ni introducciones. Por poner un solo pero, se echa de menos, por momentos, los nombres de los artistas en sus apariciones. Muchos son personajes del Jerez profundo, no tan conocidos, sin trascendencia mediática más allá de la frontera espiritual de Despeñaperros. Aunque, es cierto que justo esta posible carencia se convierte en virtud, acentuando el carácter cinematográfico del largometraje.

Siete Jereles es un documento imprescindible sobre la esencia y la idiosincrasia de una tierra. Una epopeya musical potente y diversa. Amplia, tradicional y moderna. Un viaje vibrante y cautivador, con planos secuencia magistrales que serpentean por los callejones de uno de los últimos reductos mundiales de autenticidad. Un deleite hondo y onírico, retrato también del patrimonio material, cual Sorrentino a la jerezana.

Una noche eterna en Jerez.

 

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