25 febrero, 2024
Hoy volvemos a defender la presencia de Ojeando como uno de los eventos imperdibles en el panorama festivalero nacional No creáis que obtenemos algo a cambio. Bueno, realmente sí. Desde hace nueve años lleva proporcionándonos una experiencia diferente, auténtica y siempre satisfactoria.

Fotografías por Elena Gato

Si sois fieles lectores de esta publicación, ya nos habréis oído ponerlo por las nubes. A nosotros o a cualquiera que haya ido. Y hoy volvemos a defender la presencia de Ojeando como uno de los eventos imperdibles en el panorama festivalero nacional No creáis que obtenemos algo a cambio. Bueno, realmente sí. Desde hace nueve años lleva proporcionándonos una experiencia diferente, auténtica y siempre satisfactoria. Alrededor de 15.000 personas desembarcaron desde el pasado viernes en el corazón de la Sierra de las Nieves. Durante el primer fin de semana de julio, los 3.000 habitantes que moran en el interior del valle se triplicaron en número y abrieron como siempre sus brazos a una horda de extranjeros con los que comparten toda la magia que se respira en el lugar.

El Festival no cambia y no queremos pecar de repetitivos. Las mismas calles, los mismos escenarios, el precio asequible, el lugar encantador y la playa al lado. No obstante, el Festival siempre mejora. Esa es precisamente la clave de su éxito. La coherencia y la identidad se mantienen como conservadas en manteca. O en el frío de las cuevas en las que se desarrollan las actividades infantiles. A ello se suma una programación diseñada con mimo y acierto. Mientras ruedan cabezas de gigantes con presupuestos desorbitados, Ojeando se mantiene en la lucha teniendo en cuenta que este año ha coincidido con el NoSinMúsica en Cádiz, otro gran acontecimiento.

Hay una pega. Como en la mayoría de Festivales, el cartel obliga a decantarse y dejar algunos grupos en el banquillo. Nos pasó con Negroazulado, una de nuestras apuestas, que coincidió el sábado con el gran Xoel. Eso sí, no perdonamos a The New Raemon, que apareció el viernes en el escenario Patio con sonrisa y energía renovadas. Puso a calentar «La cafetera» y el respetable se volvió menos respetable. La alegría fue aún más contagiosa cuando se marcó, «Sucedáneos», una de nuestras favoritas. Pero estamos de estreno y sonaron también «Reina del Amazonas», «Mientras sea intruso», «Quimera» y la poderosa cadencia de «Oh, Rompehielos!». La maravillosa línea de bajo de Javi Vega nos conquistó en «Fuera complejos» y el catalán se dio el gustazo de sacar una rareza, «El cau del pescador», que se prodiga poco en el directo.

Casi sin tiempo para asimilarlo y en penumbra se nos metió por medio el polvoriento señor Stanich. Sus directos son tan rotundos y trepidantes como los tacones de sus botas sobre el escenario. Con la voz rasgada nos regaló «Amanecer Caníbal», «Mis Trueno 89» y un «Mojo» digno del farwest. La guitarra de Víctor L. Pescador genera una corriente eléctrica a la que el resto de la banda se engancha y que en «Mezcalito» desató la locura con el trémolo resonando de fondo. Tremendos «Jesús Levitante», «El outsider» y fin de fiesta con toda la carne en el asador, rodando por el escenario y con la metralleta a la espalda. Aún nos quedaba otro imprescindible. Llegaban los «Niños mutantes». Entre peticiones de la animada audiencia sonó potente «Empezar de cero» y los pies se levantaron del suelo con la dedicatoria a Grecia que precedió a «Caerán los bancos». La banda estaba cómoda e hizo hueco también para temas como «Hermana mía» o «No puedo más contigo», que coreó gran parte del patio. Las fuerzas no nos dieron para disfrutar de Perro ni el viaje para los auténticos Guadalupe Plata pero las buenas lenguas cuentan que merecieron la pena.

Los 45 minutos de los que disponía cada banda exigían repertorios bien escogidos y cambios fugaces entre actuaciones. Ambos apartados resueltos con creces. Es más, a la hora de destacar un apartado del Festival nos quedamos con el sonido impecable de cada uno de los artistas pese a la variedad de estilos que se conjugaron en el cartel. Aspecto más patente en la jornada del sábado en la que los chicos de Stone Pillow le sacaron brillo a sus guitarras con un rock fresco, garajero y pegadizo. Como contrapunto en cuanto a veteranía llegaron los malagueños Airbag y su legión de incondicionales, como corresponde a una banda en activo desde hace casi veinte años. Nos dejaron cortes como «Ladrones de cuerpos», «Gotham», la ruidosa batería de «Comics y posters» y el final con «Elena».

Para cuando Señor Chinarro y su ahora rala cabellera tomaban posiciones, llevábamos un rato canturreando las deliciosas coplas de Grupo de Expertos Sol y Nieve que amenizaban la espera. Nos dio tiempo a escaparnos fugazmente al escenario Plaza en el que Hi Corea! la estaban montando a base de bien. Pero tuvimos que volver al obligado cambio de tercio de Antonio Luque con la plaza casi hasta los topes. Con el doblete al bajo de Javi Vega y la impoluta guitarra de Jordi Gil, la característica sobriedad del estilo de nuestro protagonista nos hizo descender varios metros a las profundidades de sus escenas cotidianas. Pasaron «Esplendor en la hierba», «Piel y escamas» y «Los amores reñidos». «Droguerías y farmacias», «Del montón» y «El rayo verde» animaron el tinglado que realmente se vino arriba con «Una llamada a la acción». Buen comportamiento del sevillano al que, no obstante, le habríamos sugerido algunos cambios en el setlist, más acordes con el momento y el lugar.

El telón multicolor se desplegó en el escenario principal preparado para la ocasión con el nombre de Xoel López reflejado entre barras multicolores. Nadie se movía del sitio que, pese a estar abarrotado, permitía desplazarse sin dificultad. Gran salto cuantitativo y cualitativo de la noche con la presencia de una banda en mayúsculas, negrita y subrayado. No olvidemos que el señor Miguel Rivera (Maga, Delacruz) ocupaba las tablas junto a Xoel y eso solo puede ser un buen augurio. Paramales ha supuesto otro hito en la carrera del gallego que apabulla con una versatilidad casi suicida. Quién nos iba a decir en los tiempos de Deluxe que andaríamos bailando la inolvidable pseudo samba de «A serea e o marineiro» como si nos fuera la vida en ello, mientras Xoel llamaba a filas a golpe de percusión. Espléndido se recreó en composiciones sentidas como «Almas del norte» o «Sol de agua». La fiesta continuó por todo lo alto «Por el viejo barrio» y  derivó en locura cuando empezó a sonar «El amor no es lo que piensas»«Que no» se escuchó como una única voz mientras disfrutamos del duelo con Miguel, guitarras encontradas, miradas cómplices y el talento hecho dos.

Xoel es un artista dotado de una virtud poco frecuente y cuyo derroche de registros hipnotizan como la luz a la polilla. También tiene un efecto contagio irresistible. Se convirtió en un ciclón cuando le tocó a «El asaltante de estaciones», una jam perfectamente orquestada durante la que se marcó un magistral solo de guitarra. Cuando empezó «Todo lo que merezcas» nos habló de Ojén como «un lugar mágico» y, por si no fuera suficiente, «De piedras y arena mojada» lo puso de manifiesto y precedió al final apoteósico de «Yo sólo quería que me llevaras a bailar» y sus ¡hu! ¡ha! . Qué difícil verlo marchar después de  tanta vida y ese bendito regalo que es asistir a la sencillez y la grandeza de alguien que ama lo que hace.

Llegaría entonces una de las últimas sensaciones del mundillo, Belako, como el primer golpe de agua fría que se echa uno a la cara por las mañanas. Los vascos son pura energía y ausencia de figuración. Composición paritaria que nos despertó a golpe de post-punk de las ensoñaciones galegas con un directo sorprendente. Por si el giro fuera poco, El Columpio Asesino se encargó de completar la vertiente norteña que reinó en la noche con esa luz oscura que siempre desprenden. Con Cristina desafiantemarcando el ritmo, hicieron enloquecer a un patio aún repleto cuando sonó ese «Toro» que tantas alegrías les ha dado. We are not djs se quedaron lanzando éxitos para todos los que aún no querían irse a dormir. Un año más, un año menos y otro que está por venir. Confiamos plenamente en volver a bajar por esas callejuelas empedradas. Retornarán (retornaremos) los amantes de lugares especiales a dejar su huella en este pueblo de trazado morisco que durante dos días se entrega a lo mejorcito del indie nacional poniendo en ello la cabeza y el corazón. Volverá la experiencia Ojeando y, esta vez, no deberías dejar que te lo contaran.

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