26 febrero, 2024
Alfonso del Valle da la bienvenida a una noche muy especial para todos. Evidentemente, especial para los integrantes de esta maravillosa apuesta para las noches sevillanas, pero también para todos los que estamos aquí, que nos sentimos con el alma henchida de contribuir, al menos un poquito, a la historia musical de esta ciudad.

Todas las fotografías por Esperanza Mar. Visita su álbum completo en Flickr

Alfonso del Valle da la bienvenida a una noche muy especial para todos. Evidentemente, especial para los integrantes de esta maravillosa apuesta para las noches sevillanas, pero también para todos los que estamos aquí, que nos sentimos con el alma henchida de contribuir, al menos un poquito, a la historia musical de esta ciudad.

Agradecimientos para Javier Ruibal por haber aceptado el privilegio de ser el primero en pisar el escenario de la sala.

Un emocionado Javier se funde en un abrazo con Alfonso para posteriormente y con su característica poesía literaria agradecer esta maravillosa oportunidad y alabar la valentía de atreverse a abrir algo así en los momentos que corren.

El primer tema que tiene el honor de sonar entre estas paredes será «Agualuna» al que sigue casi sin demora “Once de Abril

Las cosas del directo nos llevan a una de esas anécdotas de la noche cuando Javier pide que se le acerque el ventilador para así poder aguantar al menos hasta el segundo pase antes de morirse (en palabras literales).

En la sala unas 150 personas se deleitan con la poesía hecha música de Javier. Su particular manera de contar historias tan poco común hoy en día y tan necesaria para el alma nos tiene completamente cautivados, como en el caso de “Quédate conmigo”. Aunque claro, aquí juega como en casa, rara es la persona que no canturrea por lo bajo cada uno de los temas con una sonrisa en los labios y un abanico en la mano, por supuesto.

Entre el público grandes amigos como Martirio o Raúl Fernandez no quieren perderse esta maravillosa  oportunidad.

«Viñera de Postín» y “El príncipe de los parias” son cantadas por todos, con ese contoneo que se te mete en el cuerpo y te hace contonearte al ritmo del son caletero.

El ruido de los abanicos es incesante, el calor algo sofocante, Javier y su toallita reiterativo, lo que arranca las risas de la palestra. Todo en un ambiente familiar, tierno, sincero y cercano como deberían de ser todos los conciertos de este tipo.

«Mi pequeño Buda«, “A Roma no quiero ir” y “Tu piloto cariñoso” completan una especie de “triduo” donde la deliciosa voz de Javier lo inunda todo, nos envuelve en un manto de dulzura, de ritmos fluidos y caricias en las mejillas.

Raúl Rodríguez se sube al escenario para compartir un mágico momento con su maravillosa guitarra «Besos en abril«. Es increíble como en apenas unos segundos la complicidad entre guitarra y voz con ritmos marroquíes se hace palpable.

El cuerpo que ha cogido la ya de por si embelesadora actuación de Javier cuando Raúl ha subido al escenario es algo embriagador. El sonido de las guitarras cuando suena “Ave del paraíso” se convierte en la excusa perfecta para que el público asistente se venga arriba y cante de principio a fin el tema creando una única voz que marca la diferencia entre un concierto y EL concierto en aquel lugar donde vi a Javier y Raúl como nunca lo habíamos visto.

En cierto modo nos recuerda a aquel concierto de Martirio en Nocturama en 2013. Esos conciertos que solo se viven una vez.

«un vino para repetir un solo beso en plaza nueva»

Los paisajes se alternan como si fueran cuadros impresionistas del señor Van Gogh «La reina de África«, “Por tu amor me duele el aire”, “Si no me besas” fluyen a través del sudor de nuestra piel.

La luz del faro de Alejandría alumbra la pálida luna y desvela al amante ausente en “La Rosa azul de Alejandría”. Deja fluir el sentimiento que te viene de dentro, busca la flor que te pincha el alma y admírala con el tiempo que se merece.

El ambiente casi asfixiante que tenemos aquí dentro, junto a los sentimientos que se prodigan esta noche han hecho que se nos pasara el tiempo volando. Bueno quizás a nosotros más que a Javier, ya que el pobre lo está sufriendo de lo lindo.

Para los bises “La gloria de Manhattan” que la interpreta solo y “Cine Macario” junto a Raúl para terminar, como se merece, por todo lo alto.

Tras el concierto quisimos recoger algunas impresiones de los asistentes, y esto fue lo que nos contaron: “maravilloso”, “a cositas así venimos siempre seguro”, “le ha venido muy bien hoy tener a Raúl al lado”, “me ha encantado, hoy lo he visto como mas intimo”.

En definitiva, quitando el pequeño fallo del calor ha sido una noche preciosa, de esas que cuando sales (primero tomas aire fresco) y después se te ilumina la cara con una amplia sonrisa que no hay quien te quite en varios días.

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