23 abril, 2024
Nada mejor que la libertad para entender que la música, la de ellos, no entiende de presiones. Y, sin embargo, entre tanta incertidumbre ahí estaban ellos dando un paso hacia delante que simboliza el futuro de los valiente

La Caja Negra 21/02/2015

Fotografía por Nuria Sánchez

Cuatro días antes, el cartel se te cruzaba en el camino. Te entraba por el cielo de los ojos. Era a la altura de la C/Regina de Sevilla donde Borja Prieto & Lino Suricato, en acústico y espalda contra espalda, te atropellaban en lo que parecía un concierto que prometía. Tocarían el próximo sábado 21 de febrero en La Caja Negra sevillana, leías en busca de datos que te aportaran información. Y la sensación ya venía de inmediato. Querías comprobar cómo sonaba la música de los que, ahora en solitario, emprendían una nueva vida musical, después de que la banda a la pertenecían se disolviera el pasado mes de diciembre. Cuarto Creciente decía adiós a los escenarios.

Una noche más te acercabas a Fresa con la intuición a cuestas. Y te adentrabas en la calle con un buen sabor de boca, después de que una señora previa durara  más de lo pactado. Siempre gracias a la música. Siempre gracias a los músicos desconocidos, a los conocidos y a los aun por conocer.

En la puerta te recibía Pedro, cordial y cercano, como siempre. La puntualidad te concedía tiempo para charlar antes de que la primera de las melodías te invadiera los sentidos. Pero en esos minutos cercanos al arranque, todavía no sabías bien qué tipo de impresión te causaría la música que los extremeños lanzaran desde el escenario.  A esas horas, salían del interior ellos, los protagonistas de la velada. Borja y Lino. No costaba reconocerles, su estilo sencillo y desenfadado te recordaba a esa canción de letras simples que te alcanzan muy adentro. En poco, todos los que esperaban a las puertas entraban sin preámbulos. Y tú entrabas ya con una sonrisa en los ojos.

Si querías entrar, lo mismo de siempre: abrías una, cerrabas y abrías la otra. La rampa te ofrecía una perspectiva peculiar. El interior gozaba de un ambiente tranquilo, lo que te hacía recordar que como en casa en ningún sitio. Era como llegar a una cita y que el silencio del local te proporcionara un bienestar del que sólo tú y unos pocos podríais disfrutar. Sí, La Caja Negra esa noche no estaba a rebosar de jaleo, pero  nadie dijo que la calidad se disfrutara más y mejor entre mucha gente.

Y así, decididos, se presentaban ante su público con Veneno, de letras que se alejaban de lo pegadizo. De letras de un cantautor que canta porque siente. Que hila las letras con sentido, con mucha razón de ser. Desde la posición que te ofrecían los pies en el suelo, se apreciaba con Quiero, el segundo de la noche, la fuerza del cantante cuando canta a la vida. Porque si de algo te empapabas era de vida al escucharles. Como con Un recuerdo más, canción que te llevaba a experiencias alcanzables, a recuerdos bien atados. En ese momento adivinabas fácilmente  la relación que ambos se traían entre manos. Ni un solo despiste hacía que el uno del otro no estuviera pendiente. Son de este tipo de genialidades que parecen imposibles de atrapar, te decías. Y seguían cantando en un acústico que iba cogiendo la marcha de un huracán. La chica de pelo corto te correspondía con la mirada, te daba la razón cuando intentabas traducir la sintonía que volaba hacia techos altos. Se te escapaba, la disfrutabas, pero se te escapaba. Las cosas únicas son como las canciones únicas, que parece que las disfrutas cuanto más lento mejor y, cuando quieres resucitar, todo ha pasado a una velocidad de vértigo.

La  sucesión de canciones formaba un conglomerado donde el country y el rock pasaba a formar casi parte entera de ti. El ritmo que te hacían poseer nada tenía que envidiar al que llena espacios a los grande. En el ecuador de la historia sonaba Sueño del Sur, y era ahí donde el asunto te hacía pensar que estos chicos mejoraban dentro del tiempo a corto plazo. Te acercabas a los postres como volando, sabiendo que una muerte placentera no podría sentar mal a nadie. Ni siquiera porque terminara la noche. La penúltima, Libertad, hablaba de libertades. Y no sabías si movidos por un orden cronológico o no, habían elegido esa canción para que fuera la que anunciase el final de la visita a Sevilla.

Nada mejor que la libertad para entender que la música, la de ellos, no entiende de presiones. Pensabas que era la canción por excelencia, la que te iría devolviendo poco a poco a la realidad. Se pegaron lo que duró el concierto haciendo música libremente, mirando con libertad hacia el futuro, cantando a la vida para reconocer con un No sé qué pasará mañana la incertidumbre en el camino. Y, sin embargo, entre tanta incertidumbre ahí estaban ellos dando un paso hacia delante  que simboliza el futuro de los valientes que siguen en el sendero de la música.

Bienvenidos a Sevilla de nuevo, les diremos muy pronto.

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