16 julio, 2024
El 19 de agosto nos fuimos hasta Cádiz para escuchar un trocito de la gira Mi pequeña historia de Andrés Suárez. Una noche para el recuerdo en la ciudad de sus amores.

Fotografías por Marina Benítez

Que Cádiz tiene algo especial no es nada nuevo, como tampoco lo es la pasión que por ella siente Andrés Suárez, que aunque gallego de nacimiento y de corazón, siempre profesa un profundo amor por esta tierra. Y es que si juntamos estas dos variantes, tan solo nos puede salir una noche mágica. Por ello, nos fuimos hasta la tacita de plata para vivir una noche irrepetible de la mano del cantante.

El grupo Random Thinking, compuesto por dos hermanos gaditanos, tuvo el placer de abrir la noche. Ángel, a la guitarra y Aurora al micrófono nos hicieron llegar su música folk calentando las gargantas. En su repertorio pudimos escuchar canciones de denuncia social como “Sons of the new age”, ocasión que aprovecharon para pedir que dejen a los jóvenes avanzar. Siguiendo esa filosofía de hacer cosas, han estado girando por toda España y ya tienen pensado el siguiente disco, si Dios quiere para el año que viene. De este nuevo proyecto nos dejaron escuchar un adelanto, “Gonna take some faith”, que sonaba realmente bien. Sin duda un grupo prometedor, con mucha fuerza escondida en la dulce voz de Aurora y en los acordes de Ángel.

Y salió el bandón, un nombre ganado a pulso por la pedazo de banda que acompaña a este cantante allá donde puedan, que por primera vez pisaban la tierra gaditana junto con Andrés Suárez, que estuvo irradiando felicidad en cada poro, en cada nota.

Andrés vino a contarnos su pequeña historia que ya empieza a llegar a su fin, esas que ya nos sabemos de memoria, pero acabamos sin  querer inmersos en Moraima. Escuchamos “Más de un 36” con los pies queriendo bailar lento y con el alma ya empezando a volar. Recordamos que “Necesitaba un vals para olvidarte” es necesaria en nuestras vidas, que a lo ancho y largo del mundo hay cosas mejores que quedarse estancado en un amor que no nos hace felices. Una de las cosas más bonitas de sus conciertos es escucharlo sin aditivos, con solo su guitarra y su voz, como solía hacer antes de llenar las salas, antes de tener tantísimos fans repartidos por el mundo, como cuando tocaba en bares. Después de un par de temas en este formato y justo antes de que regresara el bandón al completo, escuchamos “Rosa y Manuel”, una historia de amor puro, acompañada de uno de los sonidos más bonitos del mundo, el violín de Marino Sáiz. A él hay que hacerle una mención especial, porque convierte en magia todo lo que acompaña con su violín o con su piano. Sí, es un hombre orquesta, pero qué orquesta monta él solo. La sensibilidad y la fuerza se cogen de la mano y nos sacan a dar una vuelta por lo más profundo de nosotros. Eso sí que es placer.

Después de prometer que el concierto ya solo podía ir in crescendo, comenzaron las canciones felices y empezaron a llegar las sorpresas al escenario. Sempere, la jerezana de la que ya había hablado Andrés Suárez en sus redes (puedes ver el vídeo aquí), se subió a interpretar junto a él, en lenguaje de signos, la canción con la que llevó a las lágrimas al cantante, “Te di vida y media”. También pudimos disfrutar de uno de los cantantes más queridos y admirados en Cádiz, Javier Ruibal, que cantó “Aún te recuerdo” junto con un Andrés Suárez radiante de felicidad. Y para gusto del gallego, interpretaron juntos una canción de este veterano cantante, “A Roma no quiero ir”, para fundirse al final en un abrazo.

Y aunque con lo que habíamos visto ya nos podíamos volver felices a casa, el público quería más, los músicos estaban a gusto y Andrés Suárez no quería irse. Por eso no pudo evitar desconectar la guitarra de los amplificadores cuando el público comenzó a pedir “Benijo”, que solo se atreve a cantarla sin micrófonos y a pleno pulmón, llenando el recinto por cada rincón.

Escuchamos “La vi bailar flamenco”, que tuvo lugar en Cádiz trece años atrás, “Voy a volver a quererte”, “A media estrella”, “Dublín” y en el bis por fin sonó “Números cardinales”, junto con “Aún te recuerdo” y un mashup de “Luz de pregonda” y “Lo malo está en el aire”, momento en que el público cantó a voz en grito “te cambio el aplauso por un fin de semana en Cádiz” como homenaje a esta tierra.

Una noche inolvidable, llena de risas, de Rock and Roll y alguna que otra lágrima de emoción. Ya solo nos queda decir que su madre puede estar orgullosa de él.

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