Quique González siempre dispara dos veces

Fotografías Antonio Andrés

Al misterioso e inquietante ring siempre responde un detective al otro lado del teléfono. Aunque en este ocasión, los Detectives recibieron el nuevo caso a base de canciones. Los acordes de “Orquídeas” comienzan a sonar y, desde el fondo de un escenario poblado de farolas aparece para comandar la misión Quique González. Sus detectives son Pepo López a la guitarra; Boli Climent en el bajo; Edu Olmedo en batería; los fichajes estrella de la temporada, Nina y David Schulthess, de Morgan, en coros y teclados, respectivamente; y la incorporación sorpresa de la noche de Diego Galaz, multinstrumentista de Fetén Fetén, a cargo de guitarras, violines y mandolinas, en el lugar del habitual Edu Ortega, de gira en Corea (la buena).

El aire norteño que desprende el último disco de Quique, Me mata si me necesitas, se respira, entre el folk y el rock, en “Sangre en el marcador” y la coreada “Charo”, con la intervención estelar de Nina.

Pensando en los que repetían en la Sala Custom casi un año después, el repertorio dio un importante giro de guión. Salieron algunas de las canciones de Me mata si me necesitas que presentaron en la primera visita de la gira a Sevilla y entraron en su lugar temas de los discos anteriores y algunos de los clásicos del cantautor madrileño. Delantera mítica tuvo su representación con “Viejos capos”, “Dónde está el dinero” (previa dedicatoria especial al ex fiscal anticorrupción) y “Tenía que decírtelo”, una incendiaria tripleta rockera infalible. Tras ella, “Te lo dije” y una revisitada versión de “Salitre”, uno de los himnos de Quique González, con una cadencia mucho más rockera esta vez, con un giro springsteeniano.

Un halo especial envuelve el escenario cuando Quique González asume el rol único de guitarrista y cede el protagonismo a Nina, custodiada por éste y el violinista, a cada lado, para afrontar en el momento más íntimo de la noche con la desgarradora “De haberlo sabido”. Con el corazón aún en la garganta, Quique vuelve al frente para cantar la canción inspirada en el poema de Luis García Montero que regaló a Enrique Urquijo, “Aunque tú no lo sepas”, sumido en un silencio solemne que llena de magia estos minutos tan especiales.

Los Detectives vuelven con “Su día libre”, una de las favoritas de su autor; con “La ciudad del viento”, “Kamikazes enamorados” y “No es lo que habíamos hablado”, antes de la primera despedida con “La casa de mis padres”, una canción visceral, escrita a pecho abierto, un duro epílogo tremendamente emocionante.

Unos segundos después de desaparecer por la puerta del fondo del escenario, Quique González vuelve en solitario al escenario. “¿Qué canción os gustaría escuchar?” Vítores y algarabía, claro. Títulos de canciones yendo y viniendo. Resulta ganadora la propuesta de una chica de las primeras filas, “Anoche estuvo aquí” del Daiquiri Blues. Después, los Detectives vuelven a la acción y sueltan las últimas ráfagas de rock de la noche, “Relámpago”, “Avería y redención” y “Y los conserjes de noche”.

Acabar aquí el concierto ya habría sido dejarlo en un momento cumbre, pero Quique González y los Detectives son generosos en bises y, tras un segundo amago de despedida, vuelven ante la aclamación popular con “Pequeño Rock and Roll” y la ranchera “Dallas – Memphis”.

El éxito en Sevilla es, un año después, brutal de nuevo. Los ejércitos del rock rompen filas mientras bailan “Just a Little Misunderstanding” y “Superstition”, que no suenan casualmente en los altavoces de la sala. Los músicos tienen ganas de disfrutar y de hacer divertirse a su público hasta en la despedida, de dejar un buen sabor de boca que dure hasta el próximo caso, en la próxima gira. Mientras tanto, los Detectives seguirán al acecho. Ojo, Quique González siempre dispara dos veces.

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