Miscelánea en acústico desborda La Caja Negra

Fotografías por Ana Wedfry

Este pasado sábado, 12 de noviembre, la sala La Caja Negra estuvo a punto de reventar ante el sold out de Miscelánea. Este grupo emergente, sevillano, decidido a no auto etiquetarse dentro de ningún estilo concreto, está compuesto por un elenco de jóvenes músicos: Luis Galiano y Álvaro Lamela en las guitarras, Erick Emanuel Tabora en el bajo, Candela García en los teclados, Diego Villagrán en la percusión y Ana Campo como vocalista.

La prueba de sonido llegaba a su fin mientras la calle se llenaba de gente haciendo cola para entrar en la sala. Era el concierto de reencuentro, tras un año con uno de los integrantes estudiando en Estrasburgo. Fue aquella una época muy intensa para el grupo, pues con la llegada del mes de marzo presentaron su primer EP, Rostros, y tocaron junto con Perdido Godot, otro grupo sevillano emergente, en la misma Caja Negra que hoy les acoge en solitario. Quizás por esto mismo es normal que, seis meses después, los integrantes de Miscelánea no salgan de su asombro al haber vendido todas las entradas.

La sala no tardó en, literalmente, desbordarse: la gente se subía a sillas para ver por encima de las cabezas, la rampa de entrada al local estaba atestada de aquellos que llegaban en último lugar. En un escenario íntimo, Miscelánea optó por empezar de forma lenta para introducirnos en un acústico que no dejaría de estar lleno de sorpresas. Empezaron tocando “Renacer”, una canción nueva que parecía querer recordarnos que por fin el grupo estaba reunido de nuevo, y que lo que está por venir es la mejor parte.

Las risas invaden la sala cuando Luis cuenta la apuesta que ha hecho con los integrantes de Perdido Godot: “si el concierto no les gusta, me tiran un tomate a la cabeza, pero por cada canción que les guste se quitan una prenda, así que no os extrañe ver a alguien desnudo entre el público”. Con la siguiente canción damos la apuesta por ganada: suena “Kremastiké”, y, nada más terminar, Luis recibe en sus manos una chaqueta. Las expectativas suben tras este tema y el siguiente, “Campo a través”, ambos llenos, como característica del grupo, de críticas sociales: “no subas la vista: los marionetistas te ven”. Nos transportan, con una dulce voz llena de agudos imposibles, por mundos llenos de valores inocuos y cárceles llamadas “libertad”.

Presentan “Persecución”, otra nueva canción, y la caja se vuelve hipnótica en manos de Diego, quien se pasa a la guitarra para tocar “Endemoniados”, una canción que, admiten, les gusta más en eléctrico. Esta vez, el ukelele toma protagonismo en manos de Álvaro, y la armónica en las de Candela, la sala entera corea “y no pienso pensar”, y todos nos endemoniamos de su música y salimos echando fuego. Entre los agradecimientos al público y los consejos de Álvaro para ligar por la calle, terminan de conquistarnos entre risas y notas con una canción sin nombre aún, que nos hace mover los pies a su ritmo. El culmen del concierto llega con “El Vuelo”, que nos llena de su paz y optimismo. El concierto termina vibrando entre los acordes de “Por mi Tripa”, de Pereza, versionada, y llama la atención más que nunca cómo se unen los estilos tan diferentes, tan misceláneos, que dominan el escenario.

Como un águila coronando la noche sevillana, nos han elegido como víctimas de su música. Y de estas garras, llenas de magia, es difícil escapar.

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