madre!: Nuestra biografía más odiada

Esto no es una reseña normal, como tampoco es una cinta normal madre!, la nueva película de Darren Aronofsky. Empezaré con dos consejos: no leas el final de este artículo si no has visto la película, pero léelo. Así que, básicamente, tienes que ver la película. Hoy.

Entré en el cine con expectativas de una película agobiante – al estilo de Cisne Negro –; una película de terror con un elenco prometedor de actores. Soy una gran admiradora de los tráileresde películas (¿en serio, RAE, “tráileres”? hasta trailers suena mejor…), y, en este caso, seguía la línea del de Réquiem por un sueño, y me fascinó. Una breve sinopsis para ponernos en situación: un matrimonio – él poeta en busca de una obra de arte, ella ama de casa – cuya vida se ve altamente alterada por la aparición de extrañas personas que invaden su hogar.

La película es, audiovisualmente, una gozada. La cámara nos mantiene en tensión a lo largo de toda su duración, utilizando planos cerrados, que, en muchas ocasiones, siguen a los protagonistas – sobre todo a la mujer del poeta – asfixiando la vista del espectador. Además, la especial edición del sonidonos mantiene expectantes por observar lo que la cámara no nos permite, pues nos llega solamente desde un lado determinado de la sala, creando la sensación de una realidad que traspasa la pantalla. Todo esto nos hace estar totalmente integrados en la cinta, sentirnos tan agobiados como la protagonista. Agobio, sí; pero no miedo. No es una película de terror – al menos, no al uso – ya que está repleta de momentos de tensión, pero una tensión sin sentido, un agobio in crescendo que se intensifica porque no lo entendemos. Nos sentimos perdidos ante todo lo que ocurre, porque – a priori – no sigue ninguna lógica, lo que nos hace sentirnos impotentes, al igual que la protagonista. Vemos cómo personas extrañas destruyen su vida, y no entendemos cómo el poeta no echa, simple y llanamente, a la gente de su hogar. ¿Hasta tal punto llega su ego y su ansia de admiración? ¿Va a permitir realmente que su éxito y el amor incondicional de sus fans arruinen su familia y su hogar?

Sin embargo, la película es también cruel y excesiva. Hay escenas en las que, en su búsqueda de alegoría máxima, Aronofskyse excede y, literalmente, revuelve tripas. Hay ciertos temas con los que no se deberían jugar en el cine, y más cuando el público está tan perdido que no entiende el porqué de tanta locura.

Y ese es el mayor fallo de la cinta: la historia es una jodida obra de arte, pero tan enrevesada que nadie llega a vislumbrar la metáfora que se muestra. El hecho de que ningún personaje tenga nombre hace incluso más difícil encontrar las similitudes de la alegoría.¿Deja una obra maestra de serlo si nadie la comprende? Al leer la explicación de la historia, es difícil negar la genialidad del director, pero la verdadera finalidad de la película es hacer una biografía nuestra, de la humanidad. Mostrarnos un reflejo tan, tan, crudo, que sirva de llamada de atención, que motive un cambio de pensamiento. ¿Cómo conseguir sensibilizar a la gente en un tema concreto, si nadie consigue adivinar cuál es el tema en cuestión? La cinta falla estrepitosamente en su misión, y la historia se desinfla veloz cuando aparecen los créditos y somos conscientes de que no vamos a recibir ningúnesclarecimiento que alivie tanta angustia. Además, por mucho que el espectador intente buscar explicación, las escenas son hasta tal punto agobiantes que rozan lo desagradable, y el público abandona la búsqueda de todo sentido. El director consigue la reacción esperada – horror, asco… –, pero si la idea no se capta, estas sensaciones tan poderosas se quedan tan solo en un mal sabor de boca.

Por suerte, internet existe, y la explicación que afloja el nudo en el que se nos transforma la tráquea está a un toque de teclado. Y es una metáfora muy auto crítica (con el género humano) y muy significativa. Lo cambia todo. Le da un sentido tan profundo que convierte la cinta en una obra de arte, a pesar, sin duda, de que hay escenas que sobran o que podrían haber sido representadas de otra manera muy diferente.

Odié al director, odié aquellas casi dos horas. Lo pasé realmente mal – como nunca en una película antes – y salí muy afectada del cine, tanto que me odié a mí misma, por no comprender cómo una “simple película” podía alterarme tanto. Obsesionada, llegué a casa, enfadada con el mundo, y busqué un sentido a la historia. Y, cuando lo encontré, todo cobró un doloroso matiz. Entendí que yo estaba dentro de aquella casa, rompiéndola, y entendí que aquella locura era un reflejo nuestro, desde una visión pesimista, desde una falta total de confianza en el futuro. Así que abrí Instagram – las redes sociales, las balas del ahora – y le escribí algo parecido a esto (mucho peor escrito, pero que mucho) aDarrenAronofsky. Necesitaba desahogarme. ¿Soy la única que se ha sentido tan llena y tan vacía después de madre!?

La explicación de la película

La película es una metáfora de nosotros mismos, de nuestro mundo y de la realidad que hemos decidido construir. El protagonista es Dios (Javier Bardem) y su mujer es la Madre Naturaleza (Jennifer Lawrence), la nueva obra de arte del Creador. El hombre que aparece el primer día es Adán (Ed Harris), y de su costilla – la herida que ve la protagonista – nace Eva (Michelle Pfeiffer), que aparece el segundo día. Curiosa, entrometida hasta ser maleducada, convence a su marido para entrar en el despacho del poeta – el paraíso – y rompen el preciado cristal de Dios – la manzana –, tras lo que este echa a todo el mundo de su estudio y lo tapia. Aparecen entonces Caín y Abel, y el hijo mayor mata al menor por celos, tras lo que huye y nunca es atrapado, rompiendo toda su relación con Dios, quien defendió a su hermano muerto. Las diferentes personas que aparecen por la casa admiran y agradecen todo a Dios, pero nadie valora a la Madre Naturaleza. Él consigue crear su poema – ¿los Diez Mandamientos? – y ella queda embarazada mientras el mundo se vuelve loco: hay guerras, muerte, destrucción… La gente adora a Dios y se untan con su tinta, colocando fotos de él por todos lados, mientras él parece amar esa adoración que le profesan, parece importarle más que ninguna otra cosa. La Madre Naturaleza pregunta a la gente “¿por qué hacéis esto?”, mientras rompen su hogar y lo modifican. La gente responde “para dejar nuestra huella”. Ella da a luz en el estudio a Jesucristo. Dios entrega su hijo a los hombres y estos le matan – se beben su sangre y se comen su cuerpo –. Ella es golpeada hasta quedar muy herida, con todo su hogar destruido, y huye al sótano – el infierno – desde donde destruye todo. El único superviviente es Dios, que la recoge mientras ella agoniza. De ella, una tierra ya moribunda, recoge el amor que aún queda para crear otro cristal – otra manzana, otro paraíso, otro mundo –, y vemos cómo la casa vuelve a la vida y es otra mujer diferente la que despierta esta vez en la cama.

La visión de Aronofskypesimista: el ser humano maltrata a la naturaleza mientras adora a un ente egoísta que, como hace un poeta o un artista, experimenta hasta hallar su obra maestra. Si no la encuentra, o si se estropea, seguirá buscando, seguirá sabiendo hacer arte de la destrucción, pues es más fácil crear desde el sufrimiento. Justo ahora, tras una actualidad – y un triste verano – llena de incendios provocados; así como en un mundo en el que la contaminación y la basura crecen día tras día, tenemos que concienciarnos y buscar un cambio… ¡Un cambio real! Nuestro poder destructor es tan fuerte, que estamos destruyendo nuestro propio hogar. Un hogar que, sin duda posible ni intervención de nadie, es de forma natural una obra de arte. Solo una madre podría ofrecernos tanta belleza, tanta vida, y aguantar solo golpes de regreso: la Madre Naturaleza.

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