La acera de la discordia

 

Hace tiempo que Sevilla quiere ser algo más que velador, caña y pataita al olivo. Pese (o quizás debido) al tirón de los pisos de Airbnb, los vuelos baratos y las tapas franquiciadas, se está produciendo un movimiento ciudadano que reclama accesibilidad en su propia ciudad, una normativa menos laxa y un cambio en el paisaje urbano y en el modelo de ocio. Y como el enfrentamiento es el pasatiempo favorito de esta ciudad, la polémica está servida. Esta vez, en copa de balón.

La gota que colmó el vaso llegó el viernes 18 de noviembre. Esa noche, la Delegación de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla conminó al cierre de hasta 6 establecimientos del Paseo Colón dentro de un dispositivo especial. Las redes sociales, cómo no, permanecen incendiadas desde entonces. Muchos defendiendo la actividad de los locales y su valía como generadores de empleo, creando incluso el hashtag #yosoypaseocolon e invitando a la difusión del mismo. Otros, por el contrario, aplaudiendo la iniciativa. Si alguna vez has intentado atravesar el espacio comprendido entre Reyes Católicos y Adriano caminando, sabrás de lo que hablo. Si te has tomado una copa allí, también. Y todo esto en vísperas de Navidad, temporada alta por excelencia para este tipo de negocios.

 

Sólo el principio

La del pasado viernes es una de las más de 300 actuaciones que el Consistorio ha llevado a cabo y que se han extendido también a otros lugares como Alameda, Alfalfa, Triana o Nervión. En el caso de Paseo Colón, los bares clausurados son Pinzón, Colón 5, Bribón, F5 y Boga, todos ellos acusados de “graves incumplimientos en materia de ocupación del espacio público, consumo de alcohol en la vía pública y accesibilidad”. También se vio afectado el Kiosco Zaratustra, debido a que su concesión administrativa “sólo incluye autorización para agua y helado, y se encontraba vendiendo bebidas alcohólicas y con veladores en la vía pública”. No hay más que acceder a su perfil de Facebook para comprobarlo de primera mano.

La cosa viene de largo. Ya a lo largo del fin de semana del 27 de octubre y según informa el Ayuntamiento, la Policía Local interpuso 9 denuncias a 5 establecimientos ubicados en el mismo entorno por incumplir la Ordenanza de Contaminación Acústica, al tener la música a gran volumen. En ese momento, el delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores del Ayuntamiento, Juan Carlos Cabrera, se quejaba de la reincidencia de los mismos y apuntaba: “Continuaremos actuando con contundencia contra los locales que no respetan las normativas de convivencia. No es de recibo que vayamos un sábado por la noche y se tenga que denunciar a establecimientos ya denunciados el viernes”.

Siguiendo con la cronología de los hechos, el 3 de noviembre se reanudaron las actuaciones con la inspección de 6 locales que dieron como resultado los siguientes números: 26 mesas por encima del número autorizado, 39 focos y 35 calentadores instalados sobre los toldos; 3 de los toldos -de entre 6 y 8 metros cada uno- no tenían licencia, 9 jardineras irregulares empleadas como mesas y extintores caducados en uno de ellos.  También se detectaron 14 veladores y sillas instaladas fuera del horario autorizado.

Según el Ayuntamiento, el aumento ilegal de instalaciones efímeras y su ocupación provoca a su vez el aumento del número de clientes, que pasan a ocupar el pasillo preceptivo para el paso de los viandantes por la acera. Los peatones se veían -nos veíamos- obligados a salir a la calzada para atravesar la zona, convertida en maraña de público having fun, en la que además se encuentra la entrada a un parking público. Junto a ello, entre las zonas de cada establecimiento debe existir un pasillo de evacuación que, al parecer, quedaba bloqueado por la alta ocupación.

Dura lex, sed lex

Precisamente el pasado fin de semana, mientras se procedía a la actuación en el Paseo Colón, la Asociación Vecinal del Casco Norte ‘La Revuelta’ desarrollaba un Encuentro sobre Turistización, Resistencias y Alternativas (ENTRA), orientado hacia las consecuencias que la burbuja del turismo provoca en la vida de los barrios. Fueron ellos quienes durante meses  denunciaron la invasión de veladores en el entorno del mercado de abastos de la calle Feria y el Palacio de los Marqueses de la Algaba. A finales del mes de septiembre se retiraron 14 mesas, 53 sillas y 3 sombrillas de los bares colindantes al mercado ya que, sus licencias -por exceso de veladores o por invadir zonas peatonales- no concordaban. En el caso de la Avenida de la Constitución y la calle San Fernando, el Ayuntamiento ha acordado con los hosteleros una reducción del 33% en las mesas y de un 46% en las sillas.

Si echamos un vistazo a la Ordenanza Municipal sobre Veladores, ésta establece claramente que la instalación de terrazas “supone la utilización especial de un espacio público, por lo que su régimen de uso deberá supeditarse a criterios de minimización del uso privado frente al público”, debiendo prevalecer en caso de conflicto el interés general de la ciudadanía (y su seguridad, en este caso). Es obvio, por tanto, que el camino correcto es aquel que aúna la actividad privada con el respeto a la vía, a las ordenanzas y, sobre todo, al ciudadano, que tiene derecho a disfrutar de la calle sin abonar previamente una cuenta.

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