La sonrisa de Krahe

Muera la muerte, mejor cantar todos contra el olvido de los olvidados. Será mejor hurgar en la herida y cantar unas coplillas para los sordos que dejar resonando en el aire el eco del silencio del hueso. Mejor brindar por el noble canalla caído que ofrecer vítores idólatras a don nadies, a cualquieras.

Ni cola de león ni cabeza de ratón. Sin pedestal para servir de adorno en su ciudad, ni ocupante de un hueco en la peana del santoral. Ni Borges ni bailable; eso sí, primo lejano de Buñuel y más grande que el mismísimo premio Nobel. Practicante del derecho a la pereza, bailó sobre la hoguera por blasfemo, un indio con pito chirigotero cantando verdades bajo la tormenta. Ulises del cachondeo, heredero de Brassens y aristócrata moral, tan Quijote del escudero Sabina, con treinta y cinco y con setenta tenía la misma edad, pelo blanco, medio calvo, perenne sonrisa y, al mismo tiempo, esa mítica seriedad intelectual. Príncipe de la Mandrágora, entre canciones en la playa de Zahara se ocupaba del mar, con el más superlativo rigor de la métrica y la rima, su toser y su cantar. Con, tal vez no más, pero sí mejores palabras que la RAE, afinar era un elitismo y lo más parecido a una religión el whisky, los cigarrillos y el ajedrez.

Cualquier tiempo pasado…fue Javier.

Fue Krahe.

La Sala (Plaza Del Pumarejo) – Jueves 14 De Marzo 21:30

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