La saga del Tomate embriaga a Sevilla en el Cartuja Center

Fotografías por Esperanza Mar

El pasado sábado pudimos asistir a uno de los conciertos más esperados de este año que empieza en la capital hispalense, al menos si hablamos de flamenco. Ni más ni menos que la presentación del nuevo disco conjunto de José Mercé y Tomatito, De verdad.

Dos figuras indiscutibles no sólo del flamenco en la península, sino del flamenco a nivel mundial se han unido para volver a las raíces, a la esencia de un estilo de lenguaje y expresión que habla por sí mismo, que tiene su propia cadencia y su propia manera de transmitir los sentimientos.

Valga como premisa que un servidor no es ni mucho menos un entendido en este arte. Me gusta la música en general, me considero una persona sin filtro a la hora de escuchar melodías, y como aficionado al flamenco, si puedo, no me pierdo cosas tan magníficas como esta. Pero, repito, mi impresión de lo sucedido esa noche es sólo mía, y por desgracia por lo que he podido leer en otros medios no voy a coincidir mucho con mis compañeros periodistas.

Tengo que decir algo también del espacio elegido para el evento, un deslumbrante Cartuja Center, que no conocía hasta esa noche, que me dejó gratamente impresionado. Un teatro de interior con una gran capacidad, parecido al Fibes, pero mucho más cerca del centro de la ciudad. Ofrece comodidad, un sonido depurado y una atención por parte del staff inmejorable. Desde luego, hace años que decíamos que espacios como este faltaban en la ciudad para el creciente auge de eventos culturales. Por cierto, echadle un ojo a su ecléctica programación, que seguro que encontraréis varias cosas de vuestro agrado.

Dicho esto comencemos con el espectáculo propiamente dicho. La sesión comienza con un solitario José Mercé calentando su garganta por martinetes, sin artilugios, sin acompañamiento, desnudo en alma frente a nosotros.  El inicio impresiona, más por el mérito de llevarse toda la atención de la sala que por lo puramente técnico. El timbre del señor Mercé es innegable, y la potencia de voz envidiable, pero en el registro vocal ya se nota el peso del trabajo realizado durante años, el esfuerzo de noches y noches defendiendo su cante por doquier. Desde los primeros compases es palpable por donde van a ir los tiros.

Terminado su momento comienza el de Tomatito, que sale acompañado de José del Tomate a la segunda guitarra (su hijo), Israel SuárezPiraña” a la percusión y Kiki Cortiñas y Miguel Toleo a las palmas y coros. Aquí nos dábamos cuenta de que el concierto iba a tener dos caras distintas (posteriormente vimos que serían tres). Por un lado el cante sentido y profesional de Mercé, por otro el virtuosismo puramente instrumental de toda la banda, que se explayaba en cada uno de los compases creando atmósferas que te abrazaban y no te dejaban escapar, y por último, la unión de todo el grupo, con coros y palmas presentando De verdad.

En mi humilde opinión, la que más disfruté sin duda fue la segunda. El nivel técnico que alcanzan todos los músicos que había sobre el escenario era apabullante. Si nos quedáramos con uno, evidentemente sería Tomatito. Su sola presencia inunda el escenario. Sus gestos, sus indicaciones con la cabeza, su cariño puesto en cada acorde y su experiencia hacían de la escucha un acto de reverencia.

Durante la noche hubo tiempo para el lucimiento de todos los integrantes de la banda. José del Tomate tuvo incluso su momento de gloria cuando interpretó en solitario una zambra del Niño Miguel. Este chaval apunta muy buenas maneras a pesar de su corta edad, aunque bueno “de casta le viene al galgo”.

Sobrecogedora fue la interpretación a dos guitarras del tema “Two much” de Michel Camilo. Sentido, con luz cenital y sin añadido ninguno, salvo un par de miradas de complicidad.

A partir de aquí, y con todo el grupo sobre el escenario, Mercedes y Chicharito a las palmas, Bernardo Parrilla al violín y Antonio Ramos “Maca” al bajo, acometieron casi sin respiro, un repaso exhaustivo de su nuevo trabajo.

Fandango, bulerías, soleá, granaínas, tangos, bulerías, seguirillas y zambras se entremezclan para deleite de los presentes. Para los momentos más agudos de las interpretaciones y ante un molesto resfriado que aquejaba a Mercé, el encargado de suplirlo fue Kiki Cortiñas, principal artífice del disco. Aun con menos potencia el registro no tenía color. Preciosa y preciosista interpretación de los estribillos y momentos álgidos.

Para despedir la noche un recurrente “Al alba” de Eduardo Aute subido de revoluciones y con un estilo, para mi gusto, demasiado personal, que junto a “Cariño del legionario” de El Principe Gitano, interpretado por Mercé a cappella dejaban un sabor de boca agridulce. Por un lado, la intención del maestro, las ganas y el alma que le ha puesto, y por el otro, la evidente carencia de las virtudes que tuvo antaño.

Sea como fuere, sin duda este es un espectáculo que nadie debería perderse. Una ocasión única para hacer un repaso de la tradición flamenca de la mano de dos de los mejores exponentes vivos que existen hoy en día sobre la tierra.

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