“Concrete and Gold” de Foo Fighters: como si Motörhead tocase canciones de The Beatles

Concrete and Gold es el último trabajo de estudio de Foo FIghters. Hace algunos meses ya nos anticipaba Dave Grohl que este era su proyecto más ambicioso hasta la fecha, que sería algo diferente a lo que habían hecho hasta ahora, algo más grande, y no ha decepcionado.

Recordamos que su anterior trabajo, Sonic Highways (2014), se grabó en estudios míticos de ocho ciudades distintas de Estados Unidos y tuvo su propia serie en HBO y el anterior a este, Wasting Light (2011), se grabó en el garaje de Dave Grohl y fue ganador de numerosos Grammy, entre ellos el de mejor disco de rock…entonces, ¿que podíamos esperar de Concrete and Gold si iba a ser el trabajo más grande?  Lo que sabemos ahora es que se grabó en los East West Studios de Los Angeles sin mayor parafernalia que la que ofrece la propia ciudad californiana. En posteriores declaraciones de Grohl nos dijo que el sonido del disco sería algo similar a Motorhead tocando canciones de los Beatles…y en cierto sentido así es. Empezando por el productor, Greg Kurstin, quien quizás sea la clave de la grandeza del disco ya que con una marcada trayectoria pop (Adele, Sia, the bird and the bee) este era su primer trabajo de rock de verdad, y por otra parte las colaboraciones en el disco de diferentes artistas tan dispares como Paul McCartney o Justin Timberlake.

La ambición del disco es palpable desde la primera canción de poco más de un minuto, “T-shirt”, con armonías vocales delicadas poco propias de los Foo que desembocan en un griterío glorioso y que sirve de introducción al primer single que escuchamos del disco, “Run”, ya casi convertida en uno de los grandes éxitos de la banda. Con un punteo al principio que da paso a un riff enfadado y a los desgarros atronadores de Dave Grohl todo ello con una batería genial con un ritmo, que si uno se fija, suena un poco a…¿reggeaton metalero? Tras este éxtasis llega “Make it RIght” que empieza con un riff de rock clásico y unos primeros versos pegadizos. Es en el estribillo donde hace su aparición Justin Timberlake con los coros, quizás este sea el tema más discreto del disco. “The Sky is a Neighborhood”es el siguiente título, rítmicamente puede que sea de lo mejor, con un estribillo pegadizo y oscuro y una sección de cuerda que hace la canción grandiosa, de esas que dará gusto escuchar en un estadio.

Otra de las destacadas del álbum es la siguiente, “La Dee Da”, la más punk, con mucho griterío y un estribillo bastante pegadizo. Si bien aquí vemos algo de Motorhead es en la siguiente cuando nos encontramos escuchando algo parecido a Sgt Peppers. “Dirty Waters” puede que sea el mejor título del compendio, con una intro y versos musicalmente perfectos y un estribillo rodeado de la epicidad de los títulos más famosos del grupo. Hacia la mitad de la canción un riff sucio hace aparición y es cuando nos imaginamos saltando y coreando los versos finales a pleno pulmón. El siguiente tema, “Arrows”, es el que más recuerda a anteriores trabajos, sobre todo a In Your Honor (2005). Quizás será uno de los favoritos de los fans de larga trayectoria. Un punteo sosegado da pie a “Happy Ever After (Zero Hour)” con un estribillo que uno se ve cantando sin querer y con un solo que bien podría ser obra de George Harrison. Este sí que podría ser un tema perdido de Abbey Road.

Para no salirnos del sonido “Beatle” la siguiente canción, “Sunday Rain” la inicia Sir Paul McCartney a la batería esta vez, dejando a Taylor Hawkins a la voz. Puesto en el que ya sabemos que se desenvuelve magníficamente, con una voz raspada que recuerda a la de Roger Taylor (Queen) o a la de Rod Stewart. La décima canción, “The Line”, tiene reminiscencias a The Colour and the Shape (1997) pero con un estribillo que quizás busca de forma un poco forzada la grandiosidad de “Everlong” o “Best of You”. Tras ella llegamos al título que da nombre al disco, un sonido pesado de guitarra y una voz apagada inician una canción que en un momento nos eleva a los cielos con un coro a cargo de Shawn Stockman (Boyz II Men). Aquí encontramos lo que sería el “Eclipse” de The Dark Side of the Moon, un broche final perfecto ya que cualquier cosa que sonase después de ella quedaría empequeñecida.

En definitiva, encontramos un disco que está bien estructurado, con un sonido más nítido que en anteriores ocasiones, más pesado y con más riffs. Si bien en algunos momentos vemos que hay canciones que destacan por encima de otras y parece falto de consistencia, en conjunto ninguna sobra y cada una cumple su cometido ya sea dando continuidad o proponiendo un estilo o mezclas de estilos diferente. Todo ello hace que este sea un disco variado en cuanto a sonido y que seguro se llevará más de un reconocimiento. De seguro el de los fans ya lo tiene.

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