El abrazo sobrecogedor del Lope de Vega a Jarabe de Palo

Fotografías por Esperanza Mar

Ocho y media pasadas de la noche. Un disco de vinilo en un movimiento infinito está proyectado en el fondo del escenario y nos da la bienvenida a nuestros asientos.

Poco a poco las luces se apagan, y en la penumbra los componentes de la banda se van colocando por el escenario. La escenografía es teatral. Cada uno en su puesto, alumbrado por un foco cenital que les da cierto aire tragicómico.

El grupo está compuesto por Andrea Amador (violoncelo), Jaime de Burgos (piano de cola y otros teclados), Jordi Vericat (Bajos) y Pau Donés (voz, guitarra y percusión).

Sin mediar palabra, y tras un escueto aplauso de acercamiento, la noche comienza con “Mucho más, mucho mejor” y “Dicen”.

Los instrumentos van apareciendo mágicamente, insertándose de forma sutil en la melodía. Sin estridencias, de manera pausada, relamiéndose en cada momento. El último en aparecer es el bajo, y lo hace cuando ya “Tiempo” nos tiene embelesado.

Un comienzo algo frío y continuista. No nos deja espacio para recrearnos, ya que los temas se suceden sin corte, como si de un CD se tratase. Por fin, las primeras palabras de Pau. En ellas agradece la acogida que ha tenido en nuestra ciudad a pesar de ser un día difícil artísticamente hablando, ya que Ricky Martin, Antonio Orozco y Raphael también andan cantando en la capital hispalense. Aun así este concierto tenía todas las entradas vendidas desde hace días.

Antes de meternos con su siguiente bloque de temas hablemos del formato elegido para esta gira. Se ha decantado por el estilo acústico con el fin de darle una vuelta de tuerca a los temas más conocidos de su carrera, alejándolos del pop y rock y acercándolos más a un estilo que está entre el jazz y el cantautor. A priori, esta podría ser una buena jugada para sacar aún más rendimiento a unos temas que, ya de por sí, todos nos conocemos. Pero tiene algunos pequeños peros, en mi humilde opinión.

Este formato implica varias cosas, por un lado, que los músicos tienen que estar a la altura de las circunstancias, ya que el sonido debe ser claro, limpio y lleno de matices para colorear la falta de garra y fuerza que da el rock en ciertos temas. En ese aspecto todo correcto, ya que el violoncelo suena delicioso en las baladas, el bajo marca perfectamente el ritmo y cadencia de los temas más complejos y el piano lleva, sin problemas, el peso de toda la melodía.

En lo que no está del todo conseguido es en el apartado vocal. Pau Donés, no nos engañemos, no tiene voz para aguantar un concierto acústico sin que en algún momento suene repetitivo. Nadie puede negar que tenga una voz bonita, carismática y muy personal, pero eso no quita que tenga poco registro. Lo que le da muy poca versatilidad a sus interpretaciones, y llegamos a ciertos momentos donde no podemos decir donde acaba un tema y empieza otro si no fuera por la melodía instrumental.

Con esto no quiero decir que el concierto fuera aburrido, ni mucho menos, pero sí que creo que en su formato de banda rock puede resultar más divertido.

El siguiente bloque contó con canciones tan conocidas como “Depende”, “Estamos prohibidos” y “Déjame vivir”.

En la segunda intervención, en formato monólogo de Pau, nos recuerda las enseñanzas que le dejó su madre. Por un lado no tener nunca miedo a la vida, y por otro, vivir intensamente lo que generalmente más importa, el presente. Y para ilustrar dichas doctrinas “Mamá”, “Bonito” y “Hoy no soy yo”.

El peso del concierto lo lleva por completo el teclista, ya sea al piano de cola o al teclado propiamente dicho. La melodía marca el compás y las directrices de la interpretación. Ese toque jazzy que adelantaba el grupo hablando de este último trabajo viene auspiciado por la gran delicadeza de Jaime de Burgos al interpretar las canciones.

En la tercera intervención de Pau nos cuenta de dónde salen las canciones de amor de Jarabe de Palo, y más concretamente esa dedicada al amor de su vida, que gracias a Dios no se fue como las demás, “Humo”.

Con “Yep!”, “Que bueno, que bueno”, “Me gusta como eres” y “¿Cómo quieres ser mi amiga?” llegamos al punto álgido de la noche. Aquel en el que, por fin, la gente se arranca ante la insinuación de Pau. El problema no es que la gente no haya querido cantar hasta este momento, se han escuchado muchos intentos a lo largo de la noche, la cosa es que con el nuevo tempo que tienen los temas es muy difícil acompasarse. Estas canciones están grabadas a fuego en la memoria colectiva de los presentes. No sólo nos sabemos la letra sino el ritmo y entonación de cada frase, y al cambiarlo, pues como que uno no se siente seguro.

Seguimos con “Completo incompleto” y “No te duermas”. Esta última escrita en El Playazo de Las Negras…Y si conocéis el tema, os podéis imaginar la situación, ¿no?

La noche sigue su curso inexorable entre apenas unas breves interrupciones con “Te miro y tiemblo”, “El lado oscuro” y “Dos días en la vida”. Pero cuando llega el turno de “La flaca” todo se para. No sé si habrá sido porque es una canción emblemática, o porque está interpretada sencillamente a violonchelo, piano y voz, pero el aire se volvió tenso y relajado por igual unos instantes. Pareciera como si nadie quisiera respirar. Como si el simple suspiro interrumpiese el calor y el cariño que el teatro estaba derrochando hacia el escenario. Y, en un momento dado, un cambio de ritmo drástico que suelta las almas de los presentes y las incita a bailar y a reír. Precioso momento que da paso a la primera parada.

Para los bises “Tú me hacías sonreír” y “Grita”, pedida insistentemente durante toda la noche por la platea.

Tras los aplausos, gritos de cariño y abrazos al aire un “Gracias, y esperemos que para la próxima no pase tanto tiempo” de Pau.

La sensación que se me queda tras el concierto es la de un abrazo multitudinario, lleno de cariño y amor, hacia un grupo y una persona que con sus letras han cambiado de alguna manera nuestra forma de ver la vida. Dejo el teatro recorriendo mi vida en sus canciones, feliz y sonriente.

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