20 abril, 2024
“IS THAT ALL THERE IS?”, rezaba la pintada en el muro ante el cual The Wave Pictures ejecutaría al completo Artistic Vice, el álbum de Daniel Johnston. ¿Insatisfacción? ¿Ganas de comerse el mundo? ¿Un simple absurdo? Tendríamos ocasión de comprobar lo adecuado de esas palabras, y si tenían o no respuesta.

Nocturama 10 de Julio 2014

“IS THAT ALL THERE IS?”, rezaba la pintada en el muro ante el cual The Wave Pictures ejecutaría al completo Artistic Vice, el álbum de Daniel Johnston. ¿Insatisfacción? ¿Ganas de comerse el mundo? ¿Un simple absurdo? Tendríamos ocasión de comprobar lo adecuado de esas palabras, y si tenían o no respuesta.

Pero antes, como manera de amenizar la espera, una chica subió al escenario, cuando aún no había anochecido, con una guitarra al hombro. Su nombre,

Analís

Por algún motivo no había prestado atención al cartel de esta noche, con lo que desconocía la existencia de un telonero. Analís ofreció un mini-concierto consistente en las canciones de su bandcamp, su guitarra acústica y su voz dulce y sencilla. Y aunque el formato puede resultar pesado para el que gusta de la electricidad y la potencia de un grupo como (digamos) The Wave Pictures, lo cierto es que el público disfrutó de la propuesta mientras iba llegando, o situándose en la cola para conseguir una cerveza y un bocadillo.

Empezó con “El invierno, la lluvia, los chicos”, marcando la pauta general. Sus letras, con imágenes cotidianas y poéticas (zapatos empapados, chicos guapos, risas limpias), funcionan sin problemas. En “Se parece a mí” juega al despiste con un prólogo falsamente masturbatorio de lo más divertido. Analís presentó “La canción de Nacho Vegas”, con su aparición en el programa Disco Grande, de Julio Ruiz, como aval principal. Ciertamente se puede apreciar la influencia en su modo de cantar. Se equivocó sin embargo intentando epatar con una letra descarnada, pero inexpresiva, en el último tema, repitiendo “apaga y vámonos” en una suerte de mantra lacónico que no estropeó lo que en conjunto fue una buena actuación, pese a algunos fallitos sin importancia. Pronto la veríamos pinchando, esta vez como DJ, tras el concierto de

The Wave Pictures

Sinceramente, yo no estaba preparado para esto. Había oído buenas cosas de la banda de David Tattersall (guitarra y voz), Jonny Helm (batería y voz) y Franic Rozycki (bajo y coros), pero nada que hiciera justicia a lo que estos chicos son capaces de dar en directo. Les acompaña un tal Dave Beauchamp, responsable de todo tipo de trastos para percutir, coros y de la batería cuando el cachondo de Jonny decide ponerse en pie para cantar, recitar o bailar algo.

Empezaron y acabaron con unos pocos temas suyos: “We Can Never Go Home Again”, con sus partes de guitarra de estilo vagamente antillano, empezó a dejar meridianamente claro el oficio de la banda. Buen sonido (con un bombo súper resonante), momentos de tensión realmente conseguidos, bajista muy presente, batería muy sólido, coros animados y, sobre todo, la magnífica guitarra de Tattersall, un auténtico indie-guitar-hero, versátil y capaz de sostener el peso de la función. No es que sea Mark Knopfler, pero tampoco tiene tanto que envidiarle (ni lo intenta).

Hacia el final tocaron “Spaghetti”, animada pieza de country excéntrico, con solo de bajo incluido. La voz cavernosa de Tattersall, tan británica como la pinta de querubín que se gasta el muchacho, nos dijo adiós tras un recital de excelente pop energético en el que su Gibson SG no pudo seguir el trote y perdió una cuerda por el camino (gentilmente cedida a un par de simpáticos hípsters). No era necesaria. El rubicundo frontman se bastó y sobró con cinco para montar un pollo considerable. Y es que la peña flipó bastante con el asunto.

Pero el reclamo y grueso del concierto era, por supuesto, la interpretación íntegra de Artistic Vice, la obra de Daniel Johnston. Johnston, un tipo muy raro que vive en casa de sus padres (extraño, ¿verdad?), facturó un disco redondo, lleno de fabulosos temas en su habitual estilo ecléctico y quebradizo. The Wave Pictures imprimieron su particular sello a las composiciones del americano sin alterarlas sustancialmente, lo cual fue un acierto a todos los niveles.

Desde que “My Life Is Starting Over” dio comienzo hasta que “Fate Will Get Done” le puso fin en plan jam pseudo-santanera, el “vicio artístico” de los ingleses contagió a los presentes de un buen rollo bastante notable. Los temas tranquilos, bonitos, como “The Dream Is Over”, se sucedían con otros momentos de pop de coros felices, como “I Feel So High”, “I Know Caspar” (con el que parte del público se mojó las bragas recordando al amigable fantasmita) o “Happy Soul”, quizá el momento más surfero de la noche.

También hubo lugar para dos temas recitados por el batera, cerveza y letra en mano: “A Ghostly Story” y “The Startling Facts”, con música de fondo a medio camino entre The Doors y un cóctel indie; números lentos, casi nanas tañidas con mandolina (cortesía de Rozycki), ritmos marciales pirados (“Easy Listening”), canciones country sobre Dios (“Hoping”), declaraciones sobre la vida sentimental con percusión latina (“It’s Got To Be Good” y “Laurie”) y muestras de rock duro extravagante, con riffs machacones (“Love of my Life”) o ampulosos (la genial “I Killed the Monster”), amén de bailes desprejuiciados a cargo de Helm, todo un showman nato. “Is that all there is?”, preguntábamos antes. Sí. Y es más que suficiente.

Fue un concierto divertidísimo, que debería mantener alerta a cualquiera acerca de lo que estos tipos hagan en el futuro, esté relacionado con Johnston o no, y que acabó con Analís pinchando cosas de Raphael, Hidrogenesse y demás frikadas por el estilo, para mayor delicia del bajista de Los Quiero, muy bailongo con su chica, o de Jordi Gil, miembro de Sr. Chinarro, todos próximos visitantes de este estupendo Nocturama.

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