17 julio, 2024
Catorce hombres gaditanos cantaron parte de lo mejor de las últimas décadas del concurso de coplas carnavalescas durante más de tres horas

Fotografías por Nuria Sánchez

Ni te molestes. No me vas a comprender. Lo que pasó el domingo 22 de noviembre en Malandar no te lo puedo explicar en una crónica. Por mucho que escriba, no me vas a entender. No vas a saber que siento por dentro si no te has criado escuchando coplas de carnaval como yo. O como los pocos, elegidos diría yo, que estábamos allí. Embobados con el móvil grabando lo que hemos escuchado millones de veces en nuestro portátiles, mp3 o transistores hasta quedarnos dormidos.

Esto del carnaval gaditano no es algo masivo o comercial. Es tan sólo el sentimiento de unos pocos que nos regalan al resto cada febrero. Es la conjunción de letra, música y voz al unísono anunciando los triunfos, fracasos y recuerdos de una tierra entre Sevilla y el mar. De una ciudad llamada Cádiz. Desde donde hablan del bar de la esquina hasta temas universales como el amor o la libertad. Nada y todo cabe en una copla carnavalesca.

Aunque si me paro a pensar en ti, querido lector, te envidio. Te envidio si no sabes de lo que te escribo porque aún te queda el placer de descubrirlo. De verte los pelos de punta por primera vez con una voz flamenca hablando de un barrio en el que nunca estuviste. Cantando sobre La Viña o Santa María. Si pienso en ti, estimado consumidor musical, quiero ser como tú. Tener la mente vacía de letras para llenarlas con lo que hizo ‘La Voz del Carnaval’. Que es, por si no lo sabes, de lo que aquí se supone que tengo que hablar.

De unos gaditanos con mucho arte que vinieron a la calle Torneo 43 a hablar de ellos. Y de nosotros, porque tenemos mucho en común. No sólo el dialecto o el clima, sino también la forma de sentir y defender lo nuestro allá donde vayamos. De enamorar al otro con nuestra palabra, vivencia u ocurrencia. Estas voces del carnaval, también con canciones.

Pero también con ocurrencias. Comentarios graciosos desde que el primero se subió (Ángel Subiela) hasta que el último se bajó (Nico García). Todos y cada uno de los que allí comparecieron nos cantaron y nos hicieron reír. Sacando a relucir sus dones. Tony ‘Piojo’ o Carli Brihuega sus envidiables voces. El ‘Popo’ sus chistes callejeros, cortos y certeros. Y de fondo una guitarra, que a nadie se le olvide donde estamos. Los acordes fueron la banda sonora de un concierto sencillo e íntimo. Cuatro en el escenario y algunos más en la sala. Cerca todos. Los micrófonos sobraban. Los formalismos también.

Éramos un grupo de amigos sin prisas, porque más de tres horas duró un espectáculo que a mí se me pasó como un pasodoble. “Quédate conmigo” de Las Estaciones o “Carnecita de gallina” de Los Piratas. Tú eliges. Ambos sintiendo sus letras. La de un padre separado que no puede ver a sus hijos y la de una esposa homicida harta de los maltratos de su ya difunto marido. Duras historias que se mezclaban con cómicos cuplés de Los de Gris o Mujeres, hombres y mucha berza. Te repito: todo cabe en el Carnaval de Cádiz. Incluso tú. Copia algún nombre de los aquí aparecen y me cuentas. O me cantas.

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