26 febrero, 2024
Primer día de una nueva edición del festival que ya se ha convertido en cita obligada para cerrar el verano.

Fotografías por Mr. Hipérbole para South Pop Isla Cristina

Ha sido empresa difícil resignarse a abandonar la piscina para emprender la vuelta a casa, cuando aún el domingo continuaba la fiesta como si fuera el primer día. Pero no, era el momento de levar anclas, guardar las chanclas y el bañador y asumir que todo lo bueno se acaba. Pero es que costaba cerrar el capítulo de un fin de semana con un ambiente muy especial que ya es marca de la casa del South Pop Isla Cristina.

Porque los festivales nacen como setas en otoño lluvioso pero como este hay pocos. Puede ser relativamente fácil reunir nombres en un cartel, disponer una ubicación y sacar entradas a la venta. Eso sí, para que la historia funcione de verdad hay que ofrecer algo más. Combinando emplazamiento, programación, facilidades y, sobre todo, un buen rollo altamente contagioso, el South se lleva la palma. Un total de dos días (y dos noches) en un efímero parque temático de música y diversión en el que era realmente complicado no pasárselo como los indios.

 

Vamos con el primero. Desde el mediodía del viernes comenzó el chorreo de peregrinos de variado pelaje ocupando posiciones en el corazón del evento, la piscina curativa del Hotel Barceló Isla Cristina. Precisamente Dj Piscinas dio el recibimiento a los más madrugadores e incitó al primer baño antes de acercarnos al Auditorio del Parque. Y es que señores, a tan sólo unos pasos, Los Ganglios inauguraban el festival aún con el sol en el horizonte. Los de Badajoz son una apuesta segura si de gamberrear un rato se trata. Sin Leli Loro pero con el mismo feeling contagiaron al nutrido auditorio con un resumen de sus mejores cortes. A saber: «La Cumbia de Jacques y Félix», «Badajoz 2222», «LOL», «Babieca hiede» o «Color de rosa». Cuanto más punk se vuelven es cuando realmente molan y ellos lo saben.

Para soportar la leve bajona, llegó el trueno de los Sexy Zebras. Pelotazo de energía sobre el escenario y declaración de intenciones la de este trío que se presenta sin camiseta, trampa ni cartón, y luciendo un estilo descarnado. Si todo lo que vemos allí arriba es lo que estos madrileños llevan dentro, da casi miedo asomarse. Volviéndose locos con un rock mucho más puro a lo que (por desgracia) solemos estar acostumbrados plantearon un directo que es nervio vivo, enganchando riffs en bucle y subiendo el volumen al cielo. Sonaron, entre otros, «Vivos o muertos», «La máquina» o «Salvajes», con la que al grito de «todo esto es un desfase, vamos a bailar salvaje» pusieron a la concurrencia a pegar saltos sin remedio.

El cambio de tercio llegó con Smile que supo conquistar a los aún sudorosos asistentes a base de folk y melodías dulces. Además, los vascos remataron el bolo con un final muy especial. John Franks consiguió hacer sentar y callar a toda la audiencia con una interpretación a capella mezclado entre los asistentes, a los que, además se metió en el bolsillo. Nos fuimos a bailar con Amparo Djs a la pinchada que amenizaba los tiempos entre conciertos y para cuando le tocó el turno a Second el auditorio ya era un puro karaoke. Con «2502» dio inicio la banda a un repertorio que resumía muchos de sus mejores cortes y que apenas nos dio un respiro.  Escuchamos y nos desgañitamos con «Las serpientes», «La distancia no es velocidad por tiempo», «Primera vez» o «N.A.D.A». La última carta ganó la partida llevándonos a ese «Rincón exquisito» que tan bien conocen. Toda una delicia.

Escogimos sitio estratégico y con tiempo porque la cita con Niños Mutantes estaba a punto de comenzar. Abrieron con «La Puerta» y demostraron con todo lo que vendría después por qué siguen siendo una de las mejores bandas españolas en la actualidad. Y para más orgullo, granadinos. Impecables sonaron «Naúfragos», «Sto. Domingo», «Las noches de imsomnio» y una redonda «Hermana mía». Si algo caracteriza a la formación son esos directos vibrantes que combinan ruido, sentimiento y oportunidad de bailar con una calidad de sonido que rara veces se ve comprometida. Les siguió «Empezar de cero» y el dulce canto de esa perla que es «Barronal».

«No puedo más contigo» ha sido siempre una de nuestras favoritas, al igual que  «Errante (Canción mutante», con la templada voz de Juan Alberto adquieriendo mucha más presencia. Perdimos la poca voz que nos quedaba con la esperanza de que «Todo va a cambiar» y ese toque de atención de que «al menos estás vivo», que más de uno debería aplicarse. A modo de cierre tenían preparado un cover de «unos amigos de Boston», bromearon. Con «Where is my mind» de los Pixies, más conocida como parte de la BSO de El Club de la Lucha, dejaban el listón bien alto y, al tiempo, bajaban el telón de la primera jornada de nuestra particular Isla Mágica. Los más aguerridos, que éramos muchos, nos quedamos alargando la noche mientras disfrutábamos de La Mujer Barbuda, su colección de hits y los chupitos de Jagger. Y que caigan bombas.

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