17 abril, 2024
Tenía claro que quería respirar del ambiente que se crea cuando una cantautora, que apuesta por la realidad a la hora de componer sus canciones, sube al escenario de un espacio musical tan, tan real.

 

La Sala, 21/12/2014

Sara Marín, la cantautora de los pies en el suelo

Sara Marín vendría a Sevilla.

 El calendario de conciertos de 8pistas, esa mañana me dio una alegría: la cantautora visitaría La Sala para ofrecernos su nuevo material en directo, A mil kilómetros. Iba a intentarlo. Tenía que intentarlo. Lanzarme a solicitar acreditación y probar suerte con el destino.

Y así lo hice. Tenía claro que quería respirar del ambiente que se crea cuando una cantautora, que apuesta por la realidad a la hora de componer sus canciones, sube al escenario de un espacio musical tan, tan real. Aquello era como estar en el salón de tu casa escuchando a Sara Marín, con la diferencia de que, al abrir los ojos, sin más gesto que el de levantar un poco la vista hacia el horizonte, entre varias y naranjas lámparas dispuestas casi aleatoriamente encima de las mesas, ella estaba ahí sentada, agarrando fuerte su guitarra, diciendo para sus afueras y para mis adentros «Aquí estoy yo, con los míos» en lo que será al recuerdo un concierto de lo más íntimo. Pero vayamos por partes, yo todavía estaba en «La Salita» de mi casa, delante de la pantalla del ordenador y con el móvil reposando en mis manos mientras espera respuesta de Carlos a mi solicitud.

 «Tienes el concierto. El domingo 21 te piras a ver a Sara Marín». Ahora sí, para La Sala que me fui.

Como periodista y fotógrafa en camino del lugar donde iba a suceder la noticia, no me sentía movida por el hecho de que el nuevo trabajo de Sara Marín estuviera sonando entre los éxitos del Canal Fiesta Radio… ni mucho menos, qué duda cabe.  Creo que eso, la fama, no son más que pinceladas a añadir en una crónica que se redacta sola después de una haber sentido las letras de cabo a rabo . Desde El Prado de San Sebastián hasta El Pumarejo – con alguna que otra parada para apagar la sed -, llevaba en la cabeza todo lo que Sara me había contado una semana antes en el programa de radio en que colaboro todos los jueves. Sus inicios, su presente y lo que pretendía que fuera su futuro. Pero hoy iba con otra idea de ella, hoy iba a empaparme los sentidos con su música, a que me contara otras cosas con sus canciones. Y terminé dándome cuenta de que las referencias que me habían llegado hasta el momento de su obra, se quedaban cortas.

Llegué, solté mis bultos, anduve pausadamente por el sitio, calibré la luz de la que dispondría cuando pusiera la cámara a trabajar, y me maravillé. Me maravillé por todo. Pensé que era el sitio perfecto para que un público muy selecto disfrutara de la puesta en escena de Sara y de su música, tan personal como llena de sentimientos. Entre tema y tema, todo lo que podía sentirse no era más que situaciones vividas y sentimientos encontrados. Tenía enfrente a la cantante de los pies en el suelo.  A la autora de unas letras con las que cualquiera podría sentirse indentificado. Creo que esa es la esencia del cantautor, que siempre consigue crear algo que asusta a los que le oyen. La verdad hecha música es la mayor realidad que conozco. Y eso pasó allí. Sara Marín consiguió que viajara al pasado y que ansiara el futuro. Dibujó ese «miedo» en mi interior. Entendedme.

Ya cerca de las 19h, momento en que comenzaba oficialmente el evento, se respiraba calma, confort, tranquilidad, y pasión, mucha pasión en las letras que empezaban a volar  del escenario al aire, del aire a cada uno de los asistentes.

Desde ‘Castillo de Arena‘, tema que abrió el concierto, pasando por canciones como: ‘Sin miedo‘, ‘Nos vamos a quedar dormidos‘, ‘De tanto esperarte‘,  y su magnífica ‘A mil kilómetros‘,  se dirigió a su público con un ‘Dónde estabas‘ para referirse a esa persona que llega inesperadamente a tu vida para  pasar a ser lo mejor que ha sucedido en ella.  Las dos penúltimas antes de que el público le pidiera una última, fueron ‘Despertar‘ y ‘Me prometí’, cierre optimista y esperanzador, donde la primera podría ser la continuación de la segunda. Opinión muy subjetiva, siempre me prometo algo antes de despertar. A mil kilómetros sonó de nuevo, pero esta vez la cantamos todos.

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