Roger Waters – The Wall “O cómo Reinventar una Obra Maestra Sobrecogedora”

por donde entramos?

Después de varios meses de trailers, entrevistas y rumores, llegó a una sola sala, sin un triste póster de por medio, al doble de precio normal, por un solo día y fuera de la capital, el culmen del álbum The Wall de Pink Floyd. Su creador, Roger Waters se llevó desde 2010 a 2013 llevando la música de este álbum de su anterior grupo doscientas diecinueve veces por todo el mundo. Desde 1990 en Berlín, Waters no había interpretado en su totalidad el álbum que rompió esquemas y récords de ventas en 1979. Su última encarnación, retiene el mensaje con forma y vida renovada,

La película intercala el viaje de Roger Waters a visitar la tumba de su abuelo en Francia y de su padre en Italia, ambos fallecidos en las guerras mundiales con un concierto completo de la gira The Wall. Gracias a la dirección del propio Roger Waters y Sean Evans, ambas líneas se suceden exitosamente sin la sensación de haberse perdido algo, y exhibiendo un contraste enorme entre ambas. La calma del viaje de Waters contrasta con atronadores versiones de “In The Flesh”, “Another Brick in the Wall”, “Run like Hell”, y devastadoras en “Don’t Leave me Now”, “Vera” o “The Trial”. El directo es elegante a la par que compacto, con una banda entre los que destacan la guitarra eléctrica del veterano Snowy White, y los teclados de Harry Waters, hijo de Roger Waters, y dignísimo merecedor de tal puesto en el grupo. De este modo, y con dos planteamientos paralelos, el metraje es emocionante desde el punto de vista humano propiamente dicho, y el artístico.

El resultado es el triunfo musical que algunos ya conocíamos al que le sumamos otro, de carácter audiovisual. También lo es en cuanto a la claridad con la que el mensaje antibelicista y en contra del poder sin límites de las ruedas dentadas de las religiones y la trituradora del capitalismo; todo esto sólo nos está llevando inexorablemente al enfrentamiento y a la guerra entre congéneres. Y es que la película no trata en sí del bajista, cantante y compositor de Pink Floyd, sino del ser humano que es Roger Waters, como reflejo ejemplo de la desgracia que los humanos ejercemos sobre los humanos, una llamada al desarme, una enseñanza ex contrario.

Roger Waters – The Wall no ha salido a la luz para ser un mero testimonio, ni una medianía. Confirmaríamos la mala salud, una vez más, de la maquinaria de los premios para darle la espalda a este monumento a la música y a la imagen.

Si no tuviste la oportunidad de disfrutar de uno de los conciertos de esta gira, o lo viste detrás de la pantalla de tu móvil, la enorme calidad de imagen y sonido, el impacto visual de las proyecciones sobre el muro (incluyendo las animaciones de Gerald Scarfe) y la interpretación sobre el escenario te hará vivir o revivir ese momento. Los ciento treinta y tres minutos valen la pena, así como el siguiente documento, en el que el exbatería de Pink Floyd conversan mientras contestan preguntas que los fans enviaron por Internet en su momento. Si bien esta parte, llamada The Simple Facts está más orientada a los melómanos, tampoco sobra para el espectador advenedizo.

Si tienes ganas de ver este espectáculo llamado Roger Waters – The Wall, pásate por tu cine más cercano; con fortuna, y en lugar de música hecha para perdurar, podrás disfrutar de Ed Sheeran Live from Odeon Leicester Square, con el triple o cuádruple más de fechas.

 ¿No es por aquí…

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