Richard Bona Band en el Teatro Lope de Vega


TEATRO LOPE DE VEGA

DÍA 14 DE OCTUBRE (JAZZ)

RICHARD BONA BAND

Precio: De 30,00€ a 10,00€

Horario: 20:30h

Menuda la que se nos viene encima: nada más y nada menos que la banda de uno de los mejores bajistas del mundo, el camerunés Richard Bona.

Aún recuerdo la impresión de ver a Richard Bona por vez primera, hace ya unos añitos. Era la madrugada de una noche de verano, y aburriéndome ante la tele acabé en La 2, donde retransmitían un festival de jazz de esos que deberían poner a la hora del almuerzo en todos los canales, en vez de tanto telediario. Quizá estuviera acompañando a Pat Metheny, pero eso, sin embargo, no lo recuerdo tan bien como los momentos en los que Bona tomaba el protagonismo con su bajo y con su voz.

Aquella noche vi a un hombre tocando su instrumento con una maestría poco común. Técnica tenía de sobra, claro, pero era la forma de aplicarla. Me recordó a Jaco, y después pude saber que fue una gran fuente de inspiración para él. Sin efectismos gratuitos, primando siempre la belleza de las melodías, pero usando mil notas para ello.

Mil y una más: su voz. La garganta de Bona es un extraño metal, de aleación africana, capaz de ponerte los pelos de punta cantando notas inventadas en la noche de los tiempos. Hay algo profundamente atávico en la forma en que Bona sueña cantando, o canta soñando, al tiempo que maneja su bajo o lo que quiera que esté tocando en ese momento. Es la nana que los reptiles no pudieron cantar a sus crías cuando el cielo se cubrió de polvo, o la que las monas susurraban al oído de  los futuros hombres para ahuyentar el miedo a la noche ciega, fría y depredadora.

Todo irá bien”, parecía decir Bona en cada inflexión de su voz mágica, entre solo y solo, durante su solo, en scats ajenos al comercio de esclavos, y a cualquier otra cosa que yo hubiera visto. Sin embargo, estas excursiones siempre terminaban con una vuelta al redil, y entonces nuestro hombre sabía cumplir con su trabajo de modo profesional, apoyando al líder o al solista de turno, sin arañar protagonismo pero siempre con gusto.

Mucho más tarde adquirí un DVD, más o menos a ciegas, de Pat Metheny. Más o menos, porque sabía que era de Metheny y que salía Bona. Lo que no sabía era que no tocaba aquí el bajo (bueno, en un solo tema; las frecuencias graves las llevaba Steve Rodby), sino que se dedicaba a la percusión, cantaba y hacía coros, ni que conocería a otros músicos increíbles como el baterista Antonio Sánchez o el trompetista Cuong Vu. Tocando una pequeña cajita con resortes e improvisando con su voz de ángel negro me volví a enamorar de este hombre de talento alienígena, a pesar de las gafas de sol que se gastaba en la época (2002). Después empezó a chasquear los dedos. No le hacía falta más para acompañarse ni para encandilar al público nipón, o a mí. ¡Y se supone que cumplía un papel secundario!

Ahora está metido de lleno en sus propios proyectos, y en historias de muy diferente pelaje. Funkea como el que más cuando la situación lo requiere, e incluso ha desarrollado recientemente un interés particular por el flamenco, cosa que es probable que salga a relucir en su próxima visita a nuestra ciudad…

… y ya no sé qué más deciros para convenceros de que no hay muchas cosas mejores que acercarse al Lope de Vega un martes. Si eres bajista, ve a ver a Bona. Si flipas con Jaco Pastorius, ve a ver a Bona. Si cantas, aunque sólo sea en la ducha, ve a ver a Bona. Si te gusta la música, ve a ver a Bona. Y si no te gusta, ve también, porque es muy posible que te reconcilie con la más abstracta de las artes.

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