17 abril, 2024
Un viernes es mucho más viernes cuando Bittersweet sube a un escenario. El pasado 26 de febrero vivimos una calurosa bienvenida en Malandar. 'Ribadeo' ya es de la familia.

Fotografías por Lorena Lucenilla

Bittersweet se hacen imparables dentro de una gira que suma diez fechas y una vida muy entera por delante. Entre las futuras resaltamos Salamanca y Vigo, ambientes que prometen momentazos envidiables (espera que no cojamos carretera, que verás). Pero venimos a hablar del encuentro que vivieron con Sevilla el pasado 26 de febrero, una de las citas más esperadas por su público, ciudad que siempre les mira con buenos ojos y que nunca les deja escapar. Sala Malandar fue la encargada de montar el escenario y dejarlo todo a punto de nieve.

El pasado viernes 26 nos unimos a Bittersweet en una velada que hacía tiempo planeábamos. Fuimos para brindar por Ribadeo, una fuente de energía inagotable con pinta de regalarnos un periodo de cambios venideros y muy satisfactorios. Pero no hablemos de futuro cuando todavía nos queda mucho presente que colorear. Ribadeo llegó ante un 2016 susceptible de nuevo material. Anunciada su gira, Sevilla se hizo esperar dentro de un ambiente tan nervioso como apasionado. Fue entonces cuando las ganas por subir al escenario de Malandar ralentizaron los días previos y prolongaron su verdadera duración.  Costó una señora cuenta atrás hasta que los encargados de abrir la noche definitivamente se vieran ocupando el escenario de la mítica sala sevillana. Los madrileños/toledanos VEINTUNO llegaron con NADA PARECIDO y muchas ganas de conectar con la ciudad. Sonaron fuertes y atrajeron a esa parte del público que al comienzo se mostró más reticente. Fueron competentes y cumplieron con creces.  Si algo nos enseñaron, fue que el amor por la música no tiene límites y que los finales para que sean buenos, deben ser ilusionantes. Y así fue, su potencial nos ilusionó. Diego Arroyo, su vocalista, feliz, nos prometió que volverían y agradeció a Bittersweet el momento compartido antes de cantar entre el público con la que supuso el adiós. Si no les conoces, recomendamos que lo hagas cuanto antes.

Llegó el momento esperado. Bittersweet nos lo puso sencillo y conseguimos adivinar sus intenciones. Ocurrió cómo imaginamos, «Cubo Azul», la quinta de lo nuevo, fue la encargada de abrir  las puertas al recién nacido. Ribadeo entró y tomó asiento en primera fila, desde donde estuvo valorando la implacable vitalidad que siempre define a la banda que le ha dado la existencia. Cuando es tu obra la que termina influyéndote y no al contrario, sólo puede significar que tu creación ha cobrado la vida que necesitaba. Ahora sois dos seres independientes compartiendo escenario, haciendo gala del respeto que se le tiene al trabajo bien hecho y, sobre todo, defendiendo el pasado que os ha llevado hasta aquí. Los Bittersweet fueron muy respetuosos con las horas y horas de estudio y supieron comenzar como merecían, despacito y con buena letra.

«Clávatelo en el pecho» apareció por sorpresa después de una «Despejando la senda» que hizo de nexo infalible. Lo cierto es que nadie la esperaba tan pronto, se hizo poco de rogar, pero qué buen aterrizaje. Hace dos meses la recibíamos como el primer adelanto del nuevo EP y el pasado viernes en Malandar ya parecía de la familia. Es lo que ocurre con las cosas que son de verdad que, aunque sean muy nuevas, todos las quieren cerca y ninguno las deja marchar. Así que allí se quedó, con su público, entre amigos y algún desconocido, agradeciendo la acogida y dando lo mejor de sí para dejar paso a una vieja confidente, «Enredados» estalló en aplausos y no fue para menos, los seguidores del lejano Extranjeros ocuparon a viva voz cada una de sus letras y sintieron cada estribillo ensalzando, quizás, una de las partes más emotivas del directo.

Nos detenemos ahora en el «El Puerto» para resaltar una de las composiciones más logradas, una canción que ya tiene su propio club de fans. El directo, incluso, la mejoró. La acariciamos como si fuera nuestra y la cantamos como si fuera la primera. También la consideramos capaz de llegar lejos, mucho más de lo que ha llegado ya, por eso igual la disfrutamos de ese modo, tan independiente y tan como ella sola: aventurera, implacable y, ante todo,  compañera.  Lo que vendría después no fue más que un viaje donde no hubo protagonistas. Supieron rescatar a partes iguales, «El León de tres cabezas» – de Mucho– y «Luz» hicieron de «La Torre» el postre que todo segundo plato necesita. Al igual que «De los nervios» -de los Lori Meyers-, que no consiguió prepararnos para un final anunciado, más bien todo lo contrario, aquello nos obligó a seguir con la noche fuese como fuese. En Malandar se agotaba el tiempo, no sin antes de que «III GM» pusiera la guinda al pastel. Todavía quedaba otra. Pero el final nos lo reservamos, hay cosas que no hace falta contar.

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