Pájaro. El CAAC en llamas, la gloria misma

Fotografías Antonio Andrés

Forastero ya había puesto la pólvora. Pólvora de calidad. Hipnótico swing, punk y rock que encendió la mecha en la noche del jueves, conquistando con las canciones del que será su primer disco, con alto voltaje rítmico y dosis de psicodelia. El cálido mundo cartujo de la otra orilla del río se preparaba para una entrega más del POP CAAC, con un cartel que presentaba a la vibrante banda Forastero como bienvenida, a Pájaro y los Saxos del Averno como principal baza, y para cerrar la fiesta en la madrugada, la actuación de las Janes.

Con sus dos gloriosos discos (Santa Leone y He matado al Ángel, que serán históricos) bajo el brazo, y con la experiencia a cuestas de toda una vida de guitarrista con genios como Silvio, Kiko Veneno o Raimundo Amador; Pájaro es, desde hace años, el hombre que se sitúa al frente del escenario, Fender en mano y mucho rock en el pecho.

Escoltado por una banda animal, engrasada a la perfección. Una bestia de 5 cabezas, con Paco Lamato y Raúl Fernández haciendo rugir brillantes las guitarras;  Ángel Sánchez Suárez, auténtica épica en la trompeta; Pepe Frías, magia en la yema de los dedos, en el bajo, sosteniendo el timón armónico del barco, y Roque Torralva marcando las constantes vitales desde la batería; ayer, con la suma especial de los Saxos del Averno, sutiles y salvajes al mismo tiempo.

Se abrió fácil la brecha con el tronar del primer acorde de las guitarras y el forajido silbido Morricone de Pájaro, que dedicaba el concierto al mismísimo don Miguel de Cervantes. Entre la solemnidad y la alegría, desfilaban los temas de Pájaro, con sus intensos crescendo, dulcemente apocalípticos; el rock de palo y la épica fronteriza.   Un auténtico concierto de rock, con coraje y valor, no por ello menos elegante y preciso, con tres guitarras eléctricas sobre el escenario, impecablemente organizadas en las texturas, magistrales cada una de las tres, a manos de la conducción de sus virtuosos mosqueteros. Y con espacio para el swing o para adaptar el bolero del italiano Fred Buscaglione, “Guarda Che Luna”.

Pájaro nos puso a bailar con la “Danza del Fuego” y dejó el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en llamas. Terriblemente hechizante el espíritu de una banda espectacular, unidad consagrada a la electricidad, perfectamente distribuida, que se brinda en escena como auténticos leones (héroes, sería más propio decir).

Mientras, afuera del concierto, el mundo seguía agravando sus problemas con su rumbo tóxico y marchito, Pájaro, con su rock, nos sacaba las alas y nos echaba a volar. Hace falta mucho rock, todavía, demasiados hombres grises en la corteza.

Pájaro, la gloria debe ser la vida misma: estar ahí arriba del escenario, expuesto en el alambre, y ver a tu público romperse las manos aplaudiéndote, Sevilla ponerse de pie. Profeta en tu tierra.

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