25 septiembre, 2023
La conversación podría haber sido infinita. Miguelo Delgado nos muestra su parte más sincera en un encuentro donde la música vuelve a ser la clave de todo lo demás.

Miguelo Delgado te abre las puertas de su casa en pleno centro de Sevilla. Tarda muy poco en ofrecerte café y lo agradeces. Hablar de música con café de por medio es un bien que valoras por encima de muchas cosas. Igual que las vistas desde su terraza, que hacen de esos metros de sol y sombra un lugar maravilloso para el encuentro. Todo comenzaba. Una trayectoria como la suya merece que hablemos de presente.

8pistas: ¿Nos hablas del ahora?

Miguelo Delgado: Me encuentro en una etapa de inversión. Tanto a nivel de creatividad como a nivel de marca. Cuando comencé en 2012 una de las cosas que vi fue que en el mundo de la música hay demasiada inmediatez. Para lo bueno y para lo malo. A mí me dicen de tocar hoy y rápidamente intento buscar dos músicos y montar un concierto, pero eso también hace que todo sea muy voluble y, al final, ocurre que el proyecto se convierte en algo muy efímero. Creo que hay que trabajar en primera persona. Sabemos que el entorno es un poco complicado,  pero si esperas que el entorno cambie, al final te conviertes en un actor pasivo en toda tu historia. Por eso yo voy a trabajar en primera persona y mientras pueda dar pasos adelante, seguiré. No me gusta nada el típico comentario: no voy a hacer esto porque está mal. Al final se convierte en una excusa para no continuar. Pienso que el principal motor de una persona es uno mismo.


Entonces… ¿De dónde y hacia dónde?

Relacionado con lo anterior, cuando montas un proyecto con mucha gente, al final, todo funciona a la velocidad del que menos puede hacer. Estaba un poco cansado de eso. Entonces me propuse invertir en Miguelo Delgado como empresa. Invertir tanto a nivel creativo como a nivel de producción. Llamando a puertas pero también dejándome ver. Entiendo que esta inversión llevará tiempo, no busco con este proyecto un beneficio inmediato,, sólo pretendo invertir en mí y en el futuro de mi carrera. En ese sentido, los meses que vienen más flojos intento no venirme abajo. Igual tengo que esperar a 2020 para ver qué ocurre con todo esto. Pero esta etapa me está produciendo una gran satisfacción. Me encuentro invirtiendo a nivel de composición, estudio, producción y creación. Todos los recursos que tengo los invierto en mi profesión. Mis planes de futuro pasan por sacar un disco a trío, otro disco solo y después centrarme de nuevo en el estudio. También en tocar fuera, viajar.

Hace poco lo hacías, ¿no?

Sí, estuve tocando en Suiza. Una amiga, que es pintora, me propuso tocar en su inauguración. Estuve en la zona de Winterthur. A raíz de eso salieron más conciertos y más oportunidades.

¿Y la experiencia fuera de España? Debe ser emotivo eso de enseñar tu trabajo a un público que no acostumbras…

Bien, estuvo bien. Fui solo y todo quedó muy  íntimo. Allí tienen un concepto de la música bastante potente. La verdad es que tienen un respeto y una cultura musical sorprendente. También me ocurrió lo mismo el verano pasado en Francia. Es increíble, sobre todo los franceses, cómo respetan el directo. Lo melómanos que son. Ellos entienden un concierto si es en silencio. Es su forma de disfrutar y de entender la música.

¿Qué relación guardas con la  parcela de las redes sociales y cómo ves el panorama?

Una paradoja que está ocurriendo es que esa sencillez para promocionarte actualmente ha provocado que las redes estén saturadas de información. Entonces eso implica que ahora todo el mundo esté moviéndose en las redes y la gente al final te regala sólo veinte o treinta segundos. Muy poco tiempo. Es muy importante captar ese primer segundo de atención. Evidentemente nadie escucha tus audios, prima la imagen, a menos que te haya visto en concierto o sea tu amigo. De ahí que ahora esté apostando bastante por lo audiovisual. Generar ese pequeño enganche. El disco al final se ha convertido en una tarjeta de presentación. El disco como apertura de puertas. Luego, si se cruza la línea y el producto gusta, ya escuchan tus discos. Aunque para crear el vínculo con el público hay que tocar en directo.

Sevilla como escenario. ¿Qué opinión tienes acerca de las muchas o pocas facilidades que los músicos tienen a la hora de llevar a cabo sus directos?

Siempre hay dos discursos. De trasfondo, independientemente de quién gobierne, te diría que siento cada vez más que España es un país “de bandos”.  La falta de encuentro entre esos dos bandos es muy molesta. O eres de unos o eres de otros. De la misma manera que no puede ser que haya conciertos a todas horas en sitios públicos -porque hay gente en sus viviendas descansando- , tampoco puede ser lo que está ocurriendo a día de hoy. O que la Semana Santa tenga cancha libre prácticamente y otros estilos musicales no. Hay una total falta de intentar que el proyecto ciudadano de Sevilla vaya a mejor. Sevilla es una ciudad que tiene muchas cosas positivas. Tiene su Feria y su Semana Santa, que es parte de aquí, pero eso no quita que Sevilla tenga una parte joven y creativa que complementa a eso. Si hubiera más acercamiento del gobierno de turno -sea cual sea- se percataría de la situación buscando alternativas. En lugar de eso pues se corta por lo sano. Que haya más oferta cultural significa mayor turismo, mayores ingresos, más movimiento en la ciudad. Al final es mejor para todos.

¿Dónde está lo sublime en un directo?

Lo sublime para mí está en entender que un directo lo forma el público y el artista al cincuenta por ciento. Y eso es algo de lo que el público no siempre es consciente. Cuando el público y el artista se entrega a partes iguales,  se crea un feedback que genera momentos únicos. La retroalimentación entre el público y el artista es indispensable en lo sublime de un concierto. Ese momento único es lo sublime para mí.  La música es una huella  en tu vida a diferencia de un cuadro, el cualpermanece.


El público te reconoce como un gran guitarrista, ¿qué se siente?

(Carcajada). No, ni mucho menos. Honrado, por supuesto, y agradecido también, pero soy un compañero más dentro de todo esto. Y no es falsa modestia. Objetivamente, los grandes artistas están ahí fuera. Soy una persona que trabaja en su música y considero que estoy comenzando en todo esto. Quiero decir, me dedico a la guitarra eléctrica en el jazz, un estilo musical que no tiene una gran relevancia popular. Entiéndeme, nunca seré viral, ni lo quiero. Yo hacía escalada hace muchos años y había un libro que decía: «concéntrate en los posible y no en lo probable». Estoy lejos de ser viral. Me daría un poco de grima incluso.

¿Qué momento vive el jazz en Sevilla?

Hay mucha actividad. Hay un renacimiento del jazz. Noto que hay muchas ganas y hay gente. También hay una cuna muy fuerte de guitarristas por Fran Mazuelos, sin desmerecer a otros. Me gusta lo que veo.

¿Frecuentas los directos de otros músicos?

Sí. Lo veo fundamental. Es otra parte del aprendizaje.  Muchas veces el mitificar la figura del artista al final va en contra de uno mismo, porque no somos seres extra nada, considero que cada persona debe ser creativa en su profesión, sea cual sea. Yo hago canciones y ´tu igual adaptas a tu forma de ser una forma de hacer periodismo. En ese sentido, considero que el profesional debe formarse continuamente, siempre. No puede decir ya sé porque tiene un título. Ver a otros artistas te hace ver otros puntos de vista, situarte, cómo fluye con el público, cómo conecta e intercambia, la estética que guardan y, por supuesto, disfrutar de la música, que es de lo que se trata.

¿Qué es para ti la música?

Es uno de los motores de mi vida. A través de la música se materializa mi vida.

¿Cuál es tu primer recuerdo musical?

Se me han venido dos imágenes. Una musical, que es la de Europe, y su «The Final Countdown», y otra es unas partituras de flamenco de mi madre con una guitarra española metida en una funda de cuadritos (de estas antiguas).

Entonces has crecido en una familia de músicos…

Sí, pero paradójicamente no tengo muy claro que haya escuchado a mi madre tocar la guitarra o no, pero lo asocio de alguna forma. Sí que es cierto que tengo dos hermanos mayores que tocaban la guitarra y a mí me encantaba. Y en consecuencia terminé tocándola.

Uno sabe reconocer cuáles son sus puntos fuertes y sus puntos débiles, ¿los tuyos?

El punto fuerte es que soy muy cabezota. Me he planteado este proyecto y voy a seguir adelante. Considero que lo que estoy haciendo ahora tiene una relevancia -o eso quiero creer- en el futuro. Es muy fácil en la música venirse abajo porque hoy o mañana vienen dos personas a tu concierto. Cuando creas un proyecto hay que estar por encima de eso, porque ese camino en sí es el que te hace persona. El punto débil es que a veces soy demasiado crítico o perfeccionista conmigo mismo.

¿Cómo se presenta Miguelo Delgado ante su público?

Bajo varias facetas: en un trío con órgano; en un trío con contrabajista; en un dúo con cantante, en el que estoy inmerso en un proyecto con Anita Franklin. Y la última faceta, que me gusta especialmente, es tocar la guitarra solo. La semana pasada estuve el 4,5,6 de diciembre en Microteatro con mi trabajo Luz, donde volví a potenciar esa parte que tanto me gusta, en solitario.

El punto de inflexión suele poner las cosas boca abajo para encarar el futuro, si no de otra manera, con más fuerza… ¿Recuerdas el tuyo?

Sí, sin duda. Fue en 2012, cuando se juntaron una serie de circunstancias con las que me di cuenta de que mi vida no iba como yo quería. Entré en un momento de cambio profundo. Vi que había cosas que quería y otras que no quería. Reconocí por entonces que no me gustaba ser mercenario de la música cien por cien. Quería crear una forma de entender la música: la mía propia. Que aparezca Miguelo Delgado en mi obra, y que el hecho de que colabore con otros artistas de vez en cuando no sea mi asignatura troncal, sino ramificaciones que me aportan experiencias en el aprendizaje.

¿Resaltarías algún proyecto del que te sientas especialmente orgulloso?

Trece. Proyecto que funcionó de antesala. Tanto Juanito, Jorge como yo tuvimos una época de trabajo muy duro buscando simplemente un sonido propio y una mezcla entre tres personas que, en un principio, no tenían nada que ver. Aprendí mucho de ese proyecto. A base de trabajo duro conseguimos llegar a algún sitio. Que ese proyecto se parara me hizo decir que esta línea de alguna forma la tengo que continuar.

¿El tema con el que más disfrutas en los directos?

Disfruto especialmente con tres temas: «Image», el primer tema que compuse solo, un tema completo que representa esa forma de tocar la guitarra a solas, aun no me he aburrido de él. Después «Di mare», del disco Ritmo y Cambio, porque dentro del jazz, del swing y de la fusión me sigue planteando un reto todos los días, y «Wind Love», de Luz, el que para mí representa la forma perfecta entre melodía, forma y después improvisación.

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